miércoles, 12 de noviembre de 2014

3D

En resumen, que estoy toda mal hecha. Después de ponerme las pilas para recuperar mi vida cuando me arreglaron la espalda me acabé los pies, en cuestión de un mes, más o menos. Me quitaba el dolor de espalda que tenía a base de paseos durante las vacaciones y, cuando retomé "mi vida normal" ya fue el acabose. Ir al súper y hacer la comida en un solo día, imposible.

Y el dolor en los pies fue a más y a más. No sólo eso, sino que las rodillas se unieron a la fiesta, también. Finalmente encontramos un cirujano especialista en pie que nos dio un diagnóstico contundente y una solución definitiva (dentro de los límites de la cirugía, con los riesgos de que algo salga mal, etc.): Tengo el pie plano (de nacimiento. Desconozco si existe la posibilidad de tener un pie normal que después se vuelva plano), cosa que ya sabía (de niña estuve algunos años con zapatos ortopédicos y plantillas. Una tortura que no sirvió -ni sirve de nada, según me contó una médico de rehabilitación que ha quedado demostrado, sumado a la información del cirujano que dice que él suele corregir ese problema cuando sus pacientes tienen entre 11 y 12 años, mediante cirugía-) y eso, sumado a mi hiperlaxitud, ha provocado desgaste de los tendones que sostienen al pie y, consecuentemente, desviación de algunos huesos de lo que fuera su posición correcta e inicial. Todo esto se corrige con una cirugía bastante aparatosa. En términos cristianos, por la parte interna del pie me hacen un corte para acceder al tendón, ver qué tan desgastado está (tal como lo explicó, me imagino que se desgastan de manera similar a como lo hace un arco de un instrumento de cuerdas -violín, chelo, etc.-) y determinar que se hace tal o cual corte en dicho tendón para que sangre. Se supone que el sangrado en el tendón lo lleva a regenerarse (me recuerda a esos remedios medievales que hacían con sanguijuelas... =/). Y esa es la parte leve. La parte gorda y carnicera es que, por la parte de afuera del pie hace una incisión para acceder al calcáneo (el hueso que forma el talón), lo corta, lo reacomoda y lo pega con uno o dos tornillos (en mi caso, en una "fase 2" en la que estoy de mi condición, se supone que con un solo tornillo sería suficiente). En resumen, eso es lo que me van a hacer el próximo 3 de diciembre.

El médico me asegura que me va a tener bien surtida de drogas, pero aún así, me esperan tiempos muy duros. El pie se va a hinchar lo indecible después de la cirugía, tendré que estar al menos 6 semanas sin apoyarlo y luego hacer una rehabilitación para aprender a caminar de nuevo que se antoja cuando menos dura.

No he querido volver a hablar de mi situación básicamente porque no tengo nada bueno qué decir. Después de haber pasado 8 largos meses en cama por el tema de la espalda, volver a hacer reposo a causa de más dolor me ha dejado totalmente desarmada de ánimo y esperanzas y ganas. Si sigo adelante es por no hacerle la putada a mi familia (Juanjo y Ale) de dejar de estar aquí.

El lunes fui a que me cortaran el pelo porque ya me había cansado de parecer gitana. He tenido que sucumbir a llevar el cabello corto (cosa insólita en mí. Lo saben quienes me conocen bien) porque no tengo cuerpo ni ganas de andarme planchando cada vez que me lo lavo, no me gusta tenerlo sucio y, si no me lo plancho me lo he de recoger para parecer persona de bien al menos. En fin. Quienes me han visto me dicen que me veo muy bien con el nuevo corte. Yo simplemente opino que es cómodo y que incita a probar ir rapada por la vida. Pero claro, a estas alturas de mi ánimo poco interés me queda por la apariencia, aparte de ir limpia y ordenada.

Y me obligo a escribir todo esto más que nada para que la familia cercana que tengo lejos sepa un poco más detalles de esta situación tan estéril y chunga y para dar la fecha exacta de la cirugía, de la que todavía no tengo hora, pero sé que será por la tarde (ojalá y no tenga que ayunar desde la noche anterior. Ya nomás me falta sumar "desnutrición" a mi cuadro clínico! =P).

Encontré, hace unos días, la manera de volver a vivir un día a la vez, pero no la comparto porque podría estar sacada de un libro de Stephen King y podría herir la sensibilidad de algunos. Sólo les digo que a mí me funcionó cual pastilla y me mantiene serena. Ahí que cada quién se busque sus recursos mentales, acordes a sus procesos de pensamiento.

Y ya. Ahíla!

lunes, 22 de septiembre de 2014

Día 1

Hoy empiezo a hacer dieta. Volví con mi viejo amigo Weight Watchers porque se pusieron de modo con un plan exprés en el que no hay que contar ni medir. Es más limitado que el plan por puntos, pero no tenia yo ninguna gana de pasarme todo el día procesando lo que me como.

Como no había ido a la compra, me apañé con lo que tenía en casa y la verdad es que me supo muy bueno: dos huevos tibios, una manzana y una naranja con limón y sal y una infusión.
Estoy más gorda que nunca y es ahora o nunca cuando tengo que hacer algo.  Ayer dimos un paseo con la bici. 19 kms. Me cansé. Hacia mucho que no me cansaba así, muscularmente. Andar en bici es una buena manera de saber que se está demasiado gordo: te pega la barriga en los muslos con cada pedaleada. Me pregunto si eso hace un poco el efecto vibrador ese que hacen los aparatos inútiles que venden en la teletienda, que te menean todo lo que cuelga y, supuestamente te dejan como Arnold
Schwarzenegger en un periquete.

Hoy amanecí más gorda que ayer, según la hijoputa de mi báscula. Pero descubrí que los mentados alimentos "saciantes" sí te dejan burp y las recetas que te dan son, en general, sencillas y rápidas.

Cuando consiga mi objetivo ya colgaré una foto del "antes y después". No me late balconearme alope.

Wish me courage!

sábado, 28 de junio de 2014

Nueva vida



El viernes 20 por fin me hicieron la rizolisis. Fue una transición más amable que la de la infiltración, seguramente porque me pusieron sedación y no me enteré. Salí al mediodía bastante molesta, pero afortunadamente pude dormir gran parte de la tarde y lo superé más o menos bien.

Ayer, a una semana del tratamiento y con dos sesiones de rehabilitación, puedo decir que casi soy persona normal otra vez. Mi capacidad para caminar aumentó considerablemente, estoy tomando una o ninguna pastilla analgésica al día y casi hago vida normal. Es casi como respirar de nuevo.

Pero la lucha sólo acaba de empezar. Como no quiero volver a caer en una crisis semejante, me he propuesto perder todo el peso que me sobra. Y esa será mi lucha diaria de aquí en adelante. Durante esta crisis, adquirí un nuevo juguete: una Thermomix. Bizcochos, sopas y platillos nuevos y deliciosos aparte, el aparato me ha ayudado un montón a reducir calorías. En las mañanas me preparo una especie de granizados de fruta con hielo y para las noches suelo tener hechos purés de verduras con alguna proteína, como pollo o pescado. Y al mediodía como "normal", intentando siempre diseñar un menú con muchas verduras y pocos carbohidratos. En fin. Que, de momento, no quiero ponerme a contar ni a medir. Y, en esta semana corta, ya perdí un kilo. Así da gusto subirse a la báscula!

La próxima semana tengo mi primera clase de cocina con el parato (espero que pueda conseguir colarme en muchas más) y estoy emocionada. Mis aptitudes culinarias se han visto multiplicadas una barbaridad.

Y eso. Ya les iré contando de mis progresos y avances. Por lo pronto, parece que sí estaré en condiciones de que nos vayamos de vacaciones en agosto. En cuanto se confirme, les comparto los detalles. =)

jueves, 24 de abril de 2014

Una semana

Fue lo que me duró el beneficio de la susodicha infiltración. Como quien dice, nomás por cumplir. Alcancé a salir a cenar con mi mamá y una amiga. Lo pasamos bien. Después de eso he tenido días malos y días peores. Alguno de ellos me lo pasé todo el día colocada. En cuanto se me empezaba a pasar el colocón me volvía el dolor.

Ayer fuimos Juanjo y yo a Bilbao, a que me hicieran una gamagrafía ósea, que sigo sin saber lo que es. Me inyectaron una sustancia desconocida e indolora en vena y me hicieron una especie de radiografías muuuuy lentas. Después, como Juanjo se había pedido el día libre, aprovechamos para dar una vuelta por Bilbao y comprar alguna cosita.

Comimos allá y volvimos tranquilamente a Vitoria. Intentamos ir al cine, pero era "día del espectador" + vacaciones, así que el cine estaba petao y, para cuando nos tocó comprar boletos, ya sólo quedaban lugares pro-tortícolis (en las filas de hasta adelante) para la peli que queríamos ver, así que lo dejamos para una mejor ocasión. Ambos odiamos de por sí ir al cine cuando está lleno, porque el que no se la pasa hablando toda la película le suena el móvil o empieza a tirar palomitas.

Por otra parte, uno de mis días de insomnio dio mucho de si, ya que me di al gastón-gastalón en Amazon y  me compré una mesita para el ordenador que ahora me permite usarlo acostada sin tener que tener los pies apoyados, con lo que me he quitado de encima todos los pretextos que tenía para no ponerme a escribir. Ante el miedo de no conseguir salir de mi situación actual, he empezado a intentar adaptarme a mi estatus actual de la mejor manera que se me ocurre: escribiendo. Si consiguiera publicar libros, dejaría de ser un parásito y volvería a tener un propósito medio decente en la vida. Así que he empezado por dejar noticias mías por aquí, para "ir calentando".

Y ya que hablamos de libros, he de confesar que me quedé verdaderamente afectada por la muerte de Gabriel García Márquez. Pocas veces la muerte de un desconocido me afecta tanto, pero me quedé con la sensación de que la Literatura se quedó definitivamente huérfana. Y que no me malentiendan. No es que fuera mi escritor favorito ni el único al que yo leía. De hecho, de quienes tengo vicio son de autoras de chick-lit y de novela romántica, pero don Gabriel es el único que me inspira a intentar hacer mejor literatura, con más calidad y a poner en el fuego todo mi esfuerzo mental para hacer historias con algo más que relatos en los que pasan cosas. Yo diría que es el Cervantes del siglo XX. Me alegro de que le hayan dado el premio Nobel mientras estuvo vivo. Todo un acierto por parte de la humanidad.

Ya se acerca mi cumple. Ahí vayan preparando sus carteras, que como me toca al último del mes, ya está todo mundo gastado y cansado. No se vale! =P

martes, 1 de abril de 2014

Ya pasó

Sana, sana, colita de rana. Literalmente. Pero mejor pongamos esto a modo crónica, que creo que se disfruta más y se entiende mejor.

7:20 am
Me suena el despertador. Abro el ojillo rápido, alerta, casi como cuando estás a punto de cruzar el charco en avión. Reviso los avisos de mi teléfono, como hago siempre y voy al baño. Es prosaico, pero siendo honesta, es lo que me suele hacer salir de la cama. =P

Voy tranquila y relajada, porque el día anterior pasé buena tarde arreglando todo lo que había que arreglar para evitar que hoy se me hiciera tarde, como buena mexicana que soy. A las 8:10 ya estaba llamando al taxi y a las 8:20 ya estaba formada frente al mostrador del hospital. Es lo que tienen las ciudades chiquitas. De hecho, de haber estado sana, podría haber ido caminando hasta el hospital. Pero luego, de haber estado sana, no tendría a qué haber ido en primer lugar...

Enigüey, lo de los trámites se tardó porque uno de los dos ordenadores de recepción no estaba funcionando bien. Y, como en cualquier empresa que se precie, estaba UN ENFERMERO arreglando el problema. Si es que esto de estudiar enfermería en el primer mundo es otro pedo... Para rematar, luego llegó una chava a solicitar la ayuda de dicho enfermero con un GPS. Ya no hago periodismo, pero me hubiera gustado entrevistar al cuate, a ver si:

a) Estudió informática pero luego decidió que mejor se dedicaba a la enfermería
b) Estudió informática, pero como no encontraba curro, probó con la enfermería y lo usan más para arreglar computadoras, aunque esté contratado como enfermero.
c) Estudió enfermería, se le dan bien las computadoras, y en el hospital ven burro y se ahorran el sueldo del informático.

Pagué y me instruyeron para que fuera a la primera planta y siguiera el camino amarillo hasta ver al mago de Oz. En su lugar encontré una línea azul que llevaba a una sala de espera. Me senté y empecé a twittear pendejadas. Pasaron a un güey que estaba antes que yo y, como pensé que iba para largo, saqué mis audífonos para jugar al Song Pop. Pero no había terminado de twittear pendejadas cuando vinieron a buscarme, así que tuve que irme con los audífonos en la mano alope (a lo pendejo, para los no familiarizados con mi nomenclatura). Después de recorrer un buen de pasillos, llegamos a lo que parece un área de vestidores encajados con calzador en el espacio. Y ahí tienen taquillas (lockers, pa' los del otro lado del charco). Te dan una bolsa con el kit quirúrgico: una bata de las que se amarran por atrás (y si me encuentro un doctor puto en el pasillo?), un par de pantuflas y un gorrito. Me los puse y guardé todo en la taquilla. Salí y me encontré UNA silla. Me senté. Después de un rato me aburrí, así que fui a sacar mi celular. Seguí de ociosa por la red hasta que vino el hombre de verde (no, no era Hulk, aunque tenía un aire... =P) para conducirme al quirófano. Me dejó ahí con una enfermera de acento extraño que después me enteré que es totalmente ibérica: española, francesa y portuguesa. El celador que me acompañó reparó en mi celular y me lo castigó, llevándolo de regreso a la taquilla. Snif!La enfermera me hace subir a la mesa que tienen ahí, me tumba de panza y ZAZ! me abre la bata de un tirón, rompiendo el hilito (Y SI ME ENCUENTRO UN DOCTOR PUTO POR EL PASILLO, OIGA???). Me deja ahí, nalgas al aire y yo me tapo, más por el pinche frío que hace en los quirófanos que por el pudor.

Me examina la mano izquierda y decide que mejor me pone la vía en la derecha. Ahí, con confianza, que no me duele, eh??? Te puedo poner yo una a ti, para desquitarme? Se da la vuelta y siento líquido sobre la mano. Como estoy boca abajo no alcanzo a ver si es suero o sangre. Ella vuelve a mí y repara en el goteo no deseado. Aprieta un poco y aquello sigue goteando. Y me informa que quizá esté defectuosa la vía y que habrá que cambiarla. Y yo pensando: Hala! Cóbrenme otra vía y pínchame la otra mano, que al cabo que no me dolió nada ésta. Al final pudo salvar la vía. Menos mal. Yo nomás veía gotear los euros delante de mis ojos. Pasó una doctora con cara de "y esa qué hace ahí, que me toca usar a mí el quirófano?" como 3 veces antes de que viniera mi médico. Por fin le "llamaron" y se apersonó. Me preguntó que si sabía lo que me iban a hacer y le contesté que me hacía una idea, pero que no lo tenía muy claro.

Muy amable (a diferencia de cuando me ha visto en la consulta, cosa que agradezco, porque mi experiencia de trato personal en los quirófanos es más bien de sufrir malos tratos), se agachó para que pudiera verlo y me explicó que primero me iba a inyectar antiinflamatorio y otras porquerías en los alrededores de la vértebra y en el espacio entre una y otra y que luego, por el sacro, hay un "canal natural" por el que iba a meter una aguja con otras porquerías varias.

Luego se fue a la parte de atrás de donde estaba yo y le empezó a pedir a la enfermera todo lo que iba a necesitar, mientras yo observaba atentamente. Se dio cuenta de mi interés e hizo algún comentario al respecto, a lo que la enfermera contestó: "No, si está de lo más tranquila. Cuando le puse la vía estuvo ahí viendo muy relajada".

Y empezamos. Por fin. La verdad es que agradezco el poco tiempo de espera para hacer todo esto. Es lo peor de los procesos quirúrgicos. La espera. Me puso un par de agujas a ambos lados de la columna, y me pareció que iba cambiando la jeringa de una aguja a la otra, según lo que me preguntaba. Cuando terminó la cosa yo todavía estaba un poco tensa, porque no sentí cuando me quitó las agujas y creí que todavía las tenía puestas. Me di cuenta de que se había terminando cuando me informó que ahora iba por el siguiente pinchazo. Me puso varias inyecciones de anestesia local que se sintieron igual que cuando te ponen anestesia en el dentista. Y empezamos a hablar del dentista y el médico me platicó que él odia el dentista, que siempre se imagina que le van a tocar el nervio y le van a dar el calambrazo (bendita ignorancia! Yo nunca pienso en esas cosas. Eso me da una idea de por qué los médicos son los peores pacientes). Y un poco de conversación siempre distrae, hasta que te empiezan a meter cosas. No fue agradable, pero no fue tan duro como lo que he pasado con los pies. Y la verdad es que fui bastante resignada. Creo que prefiero no pensar en lo que vaya a pasar, por no hacerme ilusiones pero tampoco sufrir alope. Terminó mucho más rápido de lo que yo creí y me obsequió un par de fotos para el recuerdo, por si tengo que ir a urgencias, para que sepan lo que me hicieron.

Salió, llamaron al celador que trajo una camilla y rodé hasta ella, quedando boca arriba. Me taparon, me levantaron la cabecera y me llevaron a la zona de recuperación chocando con todos los tiliches que había en el pasillo, que eran muchos: camillas, estanterías, mesas con ruedas, cajas apiladas... Creo que los pasillos tienen la medida estándar para que circulen las camillas, siempre y cuando estén LIBRES. Pero supongo que, con el tiempo, los han ido llenando de cosas hasta tener la saturación que tienen ahorita. A la zona de recuperación le llaman "La UPI", o algo así. Es una sala abierta en donde van estacionando las camillas según van llegando. Y tienen alguna cortinilla divisoria. Te estacionan, te enchufan una pinza en el dedo que va conectada al "tutitu" y te dejan ahí a reposar, como los buenos vinos. Literalmente, porque hace un frío de la chingada. Les pedí una cobija y, por si colaba, mi celular. La cobija coló. El teléfono no. De todos modos, con la vía en la mano derecha y el tutitu en la izquierda, tampoco es que hubiera podido teclear mucho. Cuando se fue la compañera de al lado, buena onda me ofrecieron su aparato: una especie de aspiradora con manguera similar que en lugar de aspirar expele aire caliente. Te meten la manguera debajo de las cobijas y te calienta. Todo un detalle. Al menos mi lado izquierdo, que era el del tutitu, estuvo un poco más cómodo. Mi pie derecho nunca se terminó de calentar del todo. Tropical que sigue siendo una.

EL TUTITU
Ante mi aburrimiento inevitable, empecé a pensar un montón de estupideces acerca de todo lo que veía. Lo primero, el tutitu, que variaba de "pi, pi, pi" a "pu, pu, pu". Uta! El del pu, pu, pu, ya se les está muriendo, oiga. pi, pu, pi, pu, se intercalaban los aparatos. Y por atrás sonaba algún otro aparato: "pi-pu-pu", que también sonaba en el quirófano. No pude investigar lo que era. Empecé a competir al tutitu con mis compañeros de aburrimiento. Después me pusieron al lado a una señora que soltaba unas pedorretas monumentales. Su médico captó una y le echó porras. Le dijo: Muy bien, lo que no sirve hay que echarlo pa' fuera, que si no se pudre. ¿?

No sé qué le habrán hecho, pero por lo que hablaron, tenía pinta de algún chequeo anti-cáncer. Sin embargo, la mujer estaba muy animada: "yo me encuentro estupendamente", decía.

A mi izquierda le hicieron el "check-out" a otro señor. Ese, antes de irse, le preguntó a su médico: "Y ahora qué puedo comer? Alubias y lo que se tercie?". Y el médico, después de abrir demasiado los ojos, volvió a su ser y contestó diplomáticamente: "Hoy dieta blanda, dieta blanda". A lo que su paciente impaciente preguntó que qué era eso. Está visto que, donde gobierna el chuletón, lo de la dieta blanda suena a comida para astronautas en tubo de pasta de dientes. El médico, ya con menos diplomacia, contestó: "Y yo qué sé? Yo soy médico! No me dedico a la cocina! Sopita, merluza, verduritas...". Mientras yo, que lo puedo comer todo, me quedé con el antojo de las alubias. =/

Después de vaciar la sala por completo, me trajeron a un colega nuevo, como para no desanimarme de haber sido la última en irme de ahí. Me hicieron bajar de la camilla y una enfermera muy amable exclamó: "uy, se te ha roto la bata". Mis escasas reglas de educación me dijeron que estaba mal aclararle que me la había roto su compañera de un tirón despiadado en cuanto entré en el quirófano. Buena onda, me ayudó a colocarla y me cargó mis cosas hasta el vestidor para que yo pudiera cerrarme la bata. Y no, no me encontré a ningún médico puto por el pasillo. Una pena.

Me vestí y la mujer me esperó y me acompañó muy amable hasta la sala de espera, hasta cerciorarse de que había alguien que me llevara de regreso a casa. Ahí estaba mi marido precioso (como el góber, pero en guapo, blanco y de ojos verdes. Índico!), esperando incansable y paciente, con su inseparable tablet. Buena onda, me invitó a desayunar. No sin antes dejar patente lo mucho que pesaba mi mochila. Era mi vano y frustrado intento de evitar el aburrimiento, pues.

Volvimos a casa y tuve que acostarme. El resto del día no aguanté más de unos minutos sentada o de pie. Finalmente, agotada, me fui a mi cama y me dormí un rato. Luego me llamó mi madre y estuvimos muertas de risa recortando al mundo como una hora. En el ínter, muchos de mis amigos y primos estuvieron dejándome sus buenas vibras y sus recuerdos en Facebook. No tienen idea de lo mucho que esos detallitos levantan el ánimo. De verdad, muchas, muchas gracias a todos!

Por último, lo mejor del día. Oír, por primera vez, la voz de una queridísima amiga con la que llevo tiempo escribiéndome y que fue mi compañera en cuarto o quinto de primaria, tiempo durante el cual ni siquiera nos dirigimos la palabra. Morra, hablas bien chido!!! Quiero más!!! Gracias, Facebook, por regalarme de regreso tantas y tan buenas amigas que, de otra manera, no habría tenido/recuperado.

Ahora, a esperar de 3 a 5 días a que esta chingadera que me hicieron haga efecto y pueda darme a la vida alegre al menos durante un breve tiempo. Recomendación del médico, ojo!!!

Ahí en cuanto me pueda mover un poco mejor les decoro este post con alguna foto ociosa. Mientras tanto, son bienvenidos a dejarme comentarios, ocurrencias, abrazos, recomendaciones y lo que se tercie.

Gratzie mile.

domingo, 23 de marzo de 2014

Domingo

7:30 Ale viene a nuestra habitación. Quiere ver monitos. Por un momento, soy una persona normal y no me acuerdo del dolor hasta que tengo que levantarme para ir a mear. Cuando vuelvo a la cama, aprovecho y me desayuno mi cóctel de pastillas. Luego leo que ha estado nevando "copiosamente", así que me levanto de nuevo para ir a la ventana. No hay nieve, pero mis dolores ya hacen acto de presencia, recordándome que sigo castigada sin salir.

8:00 Vuelvo a la cama. Después de limpiar los avisos del teléfono intento volver a dormir. El dolor me interrumpe, pero lo consigo y despierto a las 11:30. Me duelen los pies y tengo miedo de levantarme por que me vuelva el dolor de espalda, pero tengo hambre y ganas de hacer pis. Hago acopio de valor y pongo los pies en el suelo.

Intento disfrutar de que Juanjo está en casa y me prepara el desayuno. Normalmente me aguanto el hambre o me preparo el desayuno con apretones de manos por el dolor. Juanjo se va con  Ale a comprar el pan mientras yo desayuno. Me apropio la tele y veo una peli. Cuando termina le pongo a Ale sus monitos y decido que es buen momento para teñirme el pelo. No me di cuenta de que Juanjo estaba haciendo macarrones con la intención de que comiéramos todos juntos, en familia. No se molesta por mi intromisión en sus planes y acepta que comamos con mi cabeza llena de tinte. Y me ayuda a teñirme la parte de atrás.

Después de comer me meto a bañar. Todo un logro para mí hacer todo eso de un tirón y sin mariguana. Cuando salgo de bañarme ya me duele la espalda y me tomo el tercer y cuarto Zaldiares del día. Pero me llega el cuerpo para ponerme mascarilla facial y veo la recompensa. Tanto, que desisto en mis intenciones de arreglarme la cara.

Un rato después de sentarme "en mi lugar" frente a la tele, me veo en la necesidad de pegar la primera calada del día. Pero, una vez más, he ganado la carrera de arreglarme el cabello. 15 días más sin parecer una viejita.

Paso la tarde tranquila, viendo la tele, y empacándome la ración de chocolate de todo el año. Dicen que con la María baja la glucosa. Yo no sé, pero me voy a poner como un camión, entre la Lyrica, la mota y el ocio...

10:00 Me voy a la cama con la bonita sensación de haber hecho algo de provecho, aunque con todos mis dolores, que cada día son más.

sábado, 22 de marzo de 2014

Bucket list (for real)

I 1. Poder levantarme en las mañanas, emocionada por algo, sin que se interponga el dolor y me quite cualquier atisbo de felicidad que se me haya metido en la cabeza.
2. Salir a pasear sin esfuerzo.
3. Poder estar sentada para escribir, coser, pintar y, sobre todo, para comer con placer y no sólo por necesidad.
4. No sentir dolor.
5. Terminar mi novela de vampiros. (Y forrarme, como J. K. Rowlling o Stephenie Meyer =P).
6. Volver a cocinar, inventar recetas y comer todos sano.
7. Estar ocupada.

Continuará?

viernes, 21 de marzo de 2014

Wishes

Como estoy harta de no poder hacer planes ni soñar, hoy decidí que voy a hacer mi lista de cosas que quiero hacer cuando me componga. Cualquier idea o contribución es bienvenida. =D

1. Aprender a bucear.
2. Irme de crucero (preferentemente por el Caribe, Patagonia o Mediterráneo)
3. Terminar mi novela de vampiros
4. Escribir la novela de la historia de mi familia.
5. Ir a un concierto de Crowded House.
6. Visitar uno de los spa de Clarins de Madrid.
7. Ir a Normandía.
8. Ir al October Fest.
9. Ir a Praga en Invierno para ver cómo funcionan los rompehielos.
10. Ir a Legoland (Gunzburgo, Alemania).
11. Volver a Guadalajara.
12. Darle más a la fotografía (con el celular y, si me cae, con una cámara compacta de pantalla abatible con RAW).
13. Jugar al Disparates con toda la banda.
14. Visitar las ballenas en Los Cabos.

Por el momento, son las que se me ocurren. Creo que tendré que ir comprando Euromillón... =/

Chances are...

jueves, 20 de marzo de 2014

Sólo puedo estar colocada

Llevo muchos días resistiéndome a escribir, intentando evadirme, intentando negar la realidad. Hoy es mi segundo día colocada. No me gusta estar así, pero el dolor se ha vuelto constante e insoportable. Hoy tuve que sacar fuerzas de donde ya no las hay para poder vestir a Ale, darle de desayunar y llevarlo a colegio. En coche. Una de mis cosas favoritas en el mundo es manejar. El dolor no me deja ninguna alternativa que no sea desplazarme en coche, en una ciudad altamente rediseñada para favorecer la vida peatonal. Y eso que tanto me gusta y que me veo obligada a hacer todos los días no puedo disfrutarlo, porque también lo hago con dolor. Me duele la espalda mientras estoy sentada tras el volante, y me duele el pie derecho al pisar el acelerador y, sobre todo, el freno. Me veo obligada a abusar del freno de mano automático del coche y lo uso siempre que me toca el alto, con tal de poder descansar de empujar con el pie, en trayectos que normalmente no duran ni diez minutos.
Hoy es mi segundo día instalada por completo en el sofá, porque está la tele delante. Me llegó a MI CASA un sérum de Clarins, el más caro de los que uso, sin haberlo pedido, GRATIS. Supongo que será algún error y ya llamé a mi tocaya del Corte Inglés, por si se le han descuadrado las cuentas. Me imagino que, aunque sea un error, me dirán que me lo quede, pero aun así no puedo disfrutarlo, porque eso me lleva a acordarme de que hoy no me he maquillado, cosa que también disfruto mucho, porque soy como una chica Avón, pero con Clarins. Si Clarins abriera una faceta de mujeres que van por ahí con el muestrario, yo podría ponerme a trabajar inmediatamente, porque tengo casi todo el catálogo. Pero hoy no me he maquillado porque tendría que bañarme. Y no me he bañado porque estoy cansada y me he rendido y es demasiado el esfuerzo de bañarme y ponerme mis cremas, uno de los pocos placeres que me quedaban.
Y en la tele veo un montón de gilipollas sanos que lo único que hacen es intentar partirse la crisma una y otra vez, preocupando a la gente que los quiere y demostrando que la ley de Darwin es una gran mentira. Porque, bajo esa misma ley, yo ya tendría que estar muerta. Ya no soy útil para nada. Y aquí sigo, quizá en parte por mi renuencia a tomar antiinflamatorios, pero es que me niego rotundamente a agonizar durante muchos años haciéndome diálisis. Prefiero entregar el equipo con algo más amable, como el colesterol.
Mientras estoy colocada ("high", para los del otro lado del charco) con mariguana, mi cuerpo se contrae de la cintura, el abdomen y muchas de mis partes en reposo, como si tuviera conectado alguno de esos aparatos que anuncian para sacar músculos y perder grasa a base de contracciones eléctricas. Tengo como 3 teorías sobre el origen de dichas contracciones:
1. Mi cerebro está confundido y manda señales constantes de movimientos "involuntarios", como los que sufren quienes padecen Parkinson, para demostrarle a sí mismo que todavía tiene el control, en medio de toda esa confusión mariguana. 
2. La mariguana, de hecho, produce Parkinson, o mini-epilepsia, o algo parecido. Sin embargo, los síntomas desaparecen con la actividad, lujo que no me puedo permitir, porque el colocón me deja cómoda en reposo, pero con la actividad sigo percibiendo los dolores, tanto en los pies como en la espalda.

3. Estoy perdiendo neuronas bien cabrón.
Me disculpo con la gente que me quiere y se preocupa por mí por escribir todas estas cosas y preocuparlos todavía más, pero este blog es principalmente para desahogarme y eso necesito hacer. En mi defensa, ya no lo anuncio en Facebook.
Esta semana estuve con el médico de cabecera. Me revisó los pies y me confesó, de manera amable y cálida (cosa rara en un médico) que es probable que el problema con mis pies no tenga solución, que es un asunto muy complicado. Pero creo que mi mayor problema es la falta de empatía de los médicos que me han visto y que,  en general, sólo soy un expediente más que ni siquiera estudian con atención.
Creo que tengo hambre. No desayuné. Aparte del montón de pastillas con las que empiezo el día, sólo me he metido un Actimel y un café para compensar un poco el colocón. Al menos me ha mantenido despierta y me ha dado la fuerza necesaria para ponerme a escribir, aunque sea en el tablet.
Ya instalé la aplicación en mi celular también, por si necesito escribir fuera de casa (si es que vuelvo a salir algún día).
Es increíble el gran tesoro que puede llegar a ser el tonto hecho de caminar y estar sentado sin dolor. Yo ya no tengo ese privilegio. Y tampoco el de la cordura. Siempre estoy atontada por el dolor o por las drogas. Espero que lo siguiente no sea estar atontada por ambas cosas.

lunes, 3 de marzo de 2014

Y mis fotos felices?

En la mesita del pasillo de mi casa hay un marco dijital que tiene fotos más bien de mis primeros tiempos en Vitoria y de Ale. Muchas de ellas son de cuando Juanjo y yo éramos "sólo una pareja" y son todas fotos felices de viajes y paseos que hicimos juntos. Y me entra la morriña de aquellos tiempos, no sólo por los lugares que hemos visitado, sino por el placer mismo de planear viajes y hacerlos. En mis circunstancias actuales no puedo hacer ningún tipo de planes, porque nunca sé cómo voy a estar y, aunque suene pesimista, casi siempre estoy mal.
Por lo menos, desde la semana pasada ya casi no salgo de la cama. Ayer estuve casi todo el día con dolor menstrual y la regla sigue brillando por su ausencia. La sangre es lo de menos! Lo que quiero es no tener los putos síntomas, joder!!!
Pero bueno. Ya tengo los resultados de todas las resonancias y radiografías que me han hecho. Y acabamos de hacer la cita con el médico para el día 12. Curiosamente, un mes exacto después de la primera cita. Y eso por lo privado, desembolsando una cantidad obcena de euros, sobre todo por las pruebas.
Hoy tuve que salir a llevar a Ale no al cole, pero sí a "colonias", que es como le llaman aquí a las guaderías provisionales que organizan en colegios y algunos clubes deportivos para cuando no hay clases y son días laborales. A cuenta de los carnavales, no hay clase ni hoy ni mañana, así que lo apuntamos. Parece que se lo pasó muy bien. No había muchos niños y sí muchas actividades. Lo tenían bien organizado. Para cuando llegamos a las 9 el castillo hinchable ya estaba montado y todo.
Al salir de dejar a Ale me fui a tomar un café con una de las madres del cole con la que me llevo muy bien. Luego, en casa, fui al súper con mucho esfuerzo a comprar paté para hacerle sándwiches a Ale. Luego al pan y a la farmacia, a resurtirme de porquerías. En casa desayuné y me fui a recoger los resultados de las resonancias, ya con la muleta. El pie derecho me duele mucho y me ayuda bastante tener un apoyo para descargar un poco ese pie. Al rato tengo cita con el médico de cabecera para que me revise la muñeca derecha. Se supone que ya puede ver en su computadora las radiografías que me hicieron el viernes.
En fin. No es nada entusiasmante que la agenda sólo esté llena de citas médicas y que todos mis esfuerzos se dediquen a llevar a Ale al colegio y a desplazarme hacia donde me revisan para seguir en la misma inopia. =/

sábado, 1 de marzo de 2014

Recaída, SPM o empeoramiento?

Ayer celebraron el Carnaval en el cole de Ale. Tuvo que ir disfrazado de payaso, cosa que no quería. Le puse la camisa que le hice a la fuerza y me quedé con el cargo de conciencia de hacerle pasar un mal rato por una tontería como esa. Al fin y al cabo yo tampoco querría ir disfrazada de payaso. =S

Pero soy madre primeriza. En la mañana y con prisas no soy capaz de elegir la opción más "lógica". Es decir, usando el sentido común creo que no tiene ninguna trascendencia que vaya disfrazado o no. No ir disfrazado tiene la posible consecuencia de desentonar con el resto de la clase. Pero quizá Ale hubiera preferido eso a ir disfrazado. Me parece una lástima que los niños pasen un mal rato simplemente porque no tienen las herramientas suficientes para comunicarse, que creo que es este caso. Porque podría haberle preguntado lo que prefería según las consecuencias, pero no creo que sea capaz de entender del todo el alcance de las mismas.

Por otra parte, imperó mi obsesiva necesidad de seguir las reglas y el colegio dictaba que había que ir disfrazado de payaso. =/

Total, que como en la mañana me sentí razonablemente bien, decidí animarme a ir a ver la actuación de mi niño vestido de payaso. Cuando volví de dejarlo no había lugar y, como Juanjo iba a ir a recogerlo, me di cuenta de que no iba a necesitar más el coche, así que lo guardé en el garaje. Y me fui al colegio caminando. Es un paseo de poco más de kilómetro y medio, ida y vuelta. Llovía y hacía viento. Cuando llegué, había apiñados junto a la reja de entrada del colegio un cúmulo de paraguas, abrigos con capucha y cabezas medio mojadas. Los niños salieron, por fin abrieron la reja y entramos todos apiñados, cual ovejas entrando al redil. Los niños cantaron un par de canciones en euskera. Yo intenté acomodarme en todos los rincones disponibles, pero no conseguí ver nada. Al menos no a mi niño. Al final, algunos padres cruzaron la barrera que habían dispuesto en la escuela y accedieron a que los demás hiciéramos lo mismo. Conseguí encontrar a Ale y le propuse que se pusiera la peluca que le había comprado. Puso cara de resignación y accedió. Lo habían maquillado en el cole. Le saqué unas 5 fotos, a cual más de inservibles, ya que Ale estaba formado en la fila y lo hacían avanzar hacia su salón, mientras yo disparaba con mi celular al tun-tun, porque no me quedó de otra. Era eso o nada.

Cuando entró, paseé la mirada por las instalaciones y no había ninguna de las madres con las que suelo estar, que estaban varias cuando llegué. Así que volví sola a casa. A medio camino empecé a desacelerar el paso. A los pocos metros empecé a arrastrar los pies. Decidí hacer un pequeño desvío hacia un estanco para comprar encendedores y gasolina para mi Zippo, que entre velas y mariguana ya no me quedaban más que cerillos de madera que, aunque me gusta usarlos, son colección de todos mis andares por Europa y me gusta guardarlos. Llegué al estanco a paso de viejito y volví a casa a paso de maratonista principiante que lucha patéticamente por llegar a la meta.

Cuando conseguí entrar por la puerta ya me escurrían las lágrimas. Me dolía la espalda, la cadera, las piernas, las rodillas y, sobre todo, los pies. De cadera hacia abajo me dolía prácticamente todo. Mucho. Me quité los zapatos y los pantalones, que estaban húmedos, agarré mi "stash" y di un par de caladitas. No se me quitó del todo el dolor, pero se me calmó bastante. No quise fumar más por temor a agarrarme otro colocón de esos que no me gustan, porque todavía tenía que ir al centro a que me hicieran una radiografía de la muñeca derecha, que no termina de arreglarse, después de la última lesión que me hice. En octubre. =S

Pensé en llamar a un taxi, pero al final me hice la valiente y me fui en tranvía. Contando las calles que hay que cruzar, pongamos que son un par de cuadras desde la entrada a mi casa hasta la parada del tranvía. Y otras 3 de la parada en el centro hasta el ambulatorio. La espera ahí, que fue poca, fue una tortura. No soportaba estar sentada ni de pie. Al salir, tuve que caminar unos 20 metros hasta el primer taxi en la parada. Otro derroche de heroísmo y fortaleza desapercibidos. Sentía todos los baches y bordecitos por los que pasaba el taxi.

Llegué a casa derrotada y con mis fuerzas totalmente extintas. Ya no quería saber nada de luchar, de tomar más mierdas, de estar drogada todo el tiempo y con dolor por todos lados todo el tiempo. Tampoco quería saber nada de ser una carga a la que hay que cuidar, atender y dar de comer, porque ahora sí estoy confinada a la cama. Y me entra el pánico de que esta situación sea ya permanente. Queda la esperanza de que todo esto sea provocado por la menstruación, que se supone está por caer. O de que se trate de una recaída de las que mencionó el quiropráctico. Pero la verdad es que NUNCA había estado tan mal por un paseíto estúpido de nada. Hoy estoy un poco mejor. Pero me desperté a las 6 y ya no me pude dormir porque los pies me dolían mucho. Como si hubiera subido el Gorbea. No voy al monte desde que conseguí que Juanjo se concientizara de que mi dolor de pies era real y no quejumbres por cansancio. La última vez que fui recuerdo que bajé mentando madres por el dolor, intentando poner cara de "no pasa nada", porque parecía que me inventaba el dolor, o que todos lo tenían y lo llevaban bien. Y eso fue en 2003 ó 2004, no lo sé. Hace ya tanto tiempo...

Una de las cosas que me atrajo de este lugar fue, precisamente, la posibilidad de visitar bosques de cuentos de hadas, paisajes de montañas de ensueño que no existen en México. Al final sólo me he quedado con el frío, el viento y la lluvia, que son casi permanentes en esta ciudad. Y el dolor.

Llevo tomando analgésicos desde que tenía 13 años y empiezo a ver que ya no me hacen efecto. Mientras, los médicos que consulto se quedan con cara de póker y salgo casi igual que como entré. Sin respuestas, sin esperanzas, sin soluciones. Me duele mucho pensar en que quizá no pueda volver a pisar suelo mexicano, que no me despedí de mis paisajes de nacimiento como es debido, que tengo muchos proyectos inacabados que no puedo terminar y que tengo un niño que crece y me lo pierdo a pesar de no salir a trabajar.

Lo siento, pero no puedo más. Estoy cansada. Porque ni siquiera sé en contra de qué estoy luchando. Si hay salida o si solamente es el túnel hacia el cual vamos todos en algún momento de la vida. Estoy harta de tener mi vida en "stand by", atorada en la nada, sin posibilidad de hacer planes o de tener sueños ni metas, aparte de quitarme de encima la mierda de dolor perpetuo.

Lo sé. Todo esto es un discurso derrotista. Me vale madres. Ya me cansé. No quiero más. El que quiera verme que venga a mi casa. Y el que no, que tenga bonita vida. Si tengo alguna noticia contundente, intentaré despedirme como es debido, dentro de mis posibilidades. Y si no, supongo que simplemente un día dejaré de escribir...

Y, si consigo salir de esta mierda, intentaré terminar mis proyectos y volver a mi tierra a despedirme como es debido. Y cada vez que vaya, despedirme como es debido, porque ahora sé que nunca se sabe si voy a poder volver.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Piropos que levantan el ánimo

Llevo varios días encadenados "malos". Desde el viernes pasado que me dio una contractura más o menos a la altura de la L1-L3 y tuvimos que llamar a urgencias porque no me podía mover. Me inyectaron Nolotil y, con todo el dolor de mi corazón, volví al Enantyum durante unos días. Porque justo estaba consiguiendo quitarme el dolor de una úlcera de duodeno, seguramente provocada por dicho antiinflamatorio. Total, que salí de la contractura, pero volvieron todos mis dolores habituales (pies y espalda) con mucha enjundia.

Me paso la mañana medio borracha por la Lyrica y con dolor de espalda. Ayer, de la desesperación, di cuatro caladitas a mi "hierbita". Como si me hubieran inyectado en vena, a los pocos segundos el dolor había desaparecido. Pero como a la media hora empezó un colocón muy desagradable. Empiezo a entender el porqué del uso recreativo. Es cierto que aprecias las cosas con mayor intensidad. Pero no puedes (al menos yo) meterte en cosas demasiado serias. Ayer me anclé al canal NatGeo Wild, que pone casi puros animalitos, y pasé un rato sorprendiéndome con lo que ahí mostraban. El HD+Colocón tiene su cosa. Pero es muy desagradable porque me da la sensación de que no soy capaz de controlar lo que vaya a hacer o decir y me da miedo hacer o decir algo que no deba y mostrarme como una desagradable drogadicta. =/

El caso es que hoy estuve despertando intermitentemente toda la madrugada y, cuando Juanjo se levantó a las 6, agarré mi celular y me puse a contestar chorradas en FB. Y, como mi madre estaba conectada, platiqué un ratito con ella por messenger. Así que ya no me dormí. Aproveché el tiempo extra para arreglarme un poquito y estar más presentable.

Cuando volví a casa, después de dejar a Ale en el colegio, fui al pan y luego a la farmacia. Y al pasar por delante del bar que está debajo de mi casa me encontré con un par de "borrachuzos" (no eran ni las 10 de la mañana y ya estaban con sendas copas coñaqueras de contenido sepia (desconozco lo que estaban tomando, pero tenía toda la pinta de "pelotazo matutino"). Los vi y seguí con mi camino cuando uno de ellos me suelta un descarado "Hooolaaaaaa!". Como buena señora casada y respetable hice caso omiso de su saludo, pero la verdad es que me levantó mucho el ánimo. Es sumamente raro y exótico que por estos lares los señores intenten ligar, así que el piropo tiene más valor que el que pueda tener cualquiera de Guadalajara. Esto quiere decir que, jodida, borracha y todo, todavía llamo la atención. Con mi corte de cabello "cómodo" porque no me da el cuerpo para peinarme como es debido y mi maquillaje rápido del diario, aunque un poco más elaborado de lo habitual, sí.

Mi madre me dio la buena noticia de que encontró los cassettes de la entrevista que le hice a mi Abuela acerca de nuestros antepasados, porque durante algunos años tuve el proyecto de hacer una novela con todas esas historias. El proyecto se quedó archivado debido a mi imposibilidad de ir a Ahualulco a investigar algunos datos históricos, como fechas de los Cristeros y la Revolución, cuando llegó la electricidad y el tren a esos lugares, cómo era la vida antes de la llegada de esa tecnología, etc. Cosas de ambientación ya que, aunque va con el fin de entretener, no deja de ser una novela histórica, aunque no hable de ningún personaje "célebre o conocido".

Pero bueno, si el cuerpo me da, con la tecnología que hay ahora igual puedo contactar con alguien que me facilite esos datos. Con hacer el intento sólo pierdo tiempo. Y básicamente es lo que hago últimamente. Perder el tiempo acostada, intentando estar entretenida para no pensar en lo que me pasa, que no salgo, que los meses pasan y yo sigo torturada por el dolor constante y por las medicinas que me recetan y me quitan lucidez.

Ahora tengo que hacer el esfuerzo de fingir que soy una persona sana y normal y terminar de configurarle a Ale su disfraz de payaso que pidieron para el Carnaval. En ese sentido, me entra un poco la culpa, porque mi señor padre puso el listón muy alto cuando yo era niña. Pero claro, él era un artista. Pintaba al óleo y todo. De hecho, el olor del aguarrás de los estudios de pintura me resulta agradable, porque me transporta al estudio de mi padre, que siempre estaba con algún proyecto. Viendo todo esto, cuesta creer que fuera una persona tan torturada por su pasado, su madre, su vida, su educación y su manera de pensar versus el encanto de mi madre. Y, aunque sólo fueron cinco años y en cierta forma su manera de ser conmigo me perjudicó, me siento afortunada de haberlo conocido y de haber podido disfrutar "su lado bueno". Tengo recuerdos de cómo me enseñó a iluminar: "no te salgas de la ralla", me decía. Y me entraba una culpa enorme cuando algún ralloncito se salía de la figura. De hecho, todavía me sigue incomodando. Y no alcanzo a distinguir si eso es por sus instrucciones precisas o por mis afanes perfeccionistas.

En fin. Gracias, señor borrachuzo, por hacerme el día. Y disculpe mi malas maneras por no haber correspondido a su cordial saludo, pero suelo huir de las situaciones que implican peligro varonil. No es nada personal. =P

sábado, 22 de febrero de 2014

Extras

"De normal" tengo: dolor de pies y dolor de espalda en la región lumbar. Pueden ser intermitentes o permanentes durante algún tiempo. Pero SIEMPRE está ahí alguno de los dos. Son como una madre coñazo, de esas que no te dejan ni a sol ni a sombra y tienen que saber hasta si lo que has dejado en el excusado era "normal" o aguado o te preparan algo para combatir el extreñimiento.

Y luego está lo que yo llamo "extras" que, en una persona "normal" podrían ser las cosas que se agarra cualquier ser humano con un sistema inmunitario normalito: catarros, gastroenteritis, lesiones tontas, etc. En mi caso, esos extras a veces representan la diferencia entre quedarme en cama permanentemente o alternar entre el sofá, la cama y alguna actividad sencillita, como llevar a Ale al colegio.

Y, de unos días a la fecha, hay que agregar la llegada de un nuevo elemento: la Lyrica. Me mejora un poco lo de los pies, o un mucho durante unas horas. Pero hay que sumarle una borrachera como si, con mi aguante alcoholero, que es mucho, me hubiera metido entre pecho y espalda unas 3 ó 4 copas de vino y alguna cervecita. Es, sobre todo, un leve mareo y algún apendejamiento extraño. Todo lo del alcohol, menos la euforia, la alegría y el cariño que surge con el aturdimiento. O sea, no voy por la calle queriendo a todo el mundo como si lo conociera de toda la vida.

Ayer en la mañana hice alguna cosa pendiente y urgente, pero nada extraordinario. Guardé el coche en el garaje y volví a casa con la intención de desayunar y terminar de arreglarme para irme al centro a buscar más adminículos para la preparación de mis infusiones medicinales. Era "Izaskun Day" (o sea, que la mujer que me hace la vida más fácil, agradable y relajada, viene a casa a arreglar todos mis destrozos y cochineros) y la heroína en cuestión me disuadió de mi paseo citadino porque ella misma me podía conseguir lo que yo estaba dispuesta a ir a buscar con un resultado incierto (que no sabía si iba a encontrar o no). Y, como veía que mis dolores iban en aumento, sumados a mi nueva amiga la borrachera Lyrica, acepté su ayuda y me apoltroné en mi sofá a ver la tele.

En la tarde empecé a estar mal, pero no atinaba a saber de dónde ni por qué. Cuando despertó Ale de su siesta fui a su cuarto y noté mucha dificultad para moverme, pero el dolor no estaba en el mismo lugar de siempre, sino un poco más arriba. Y, como buen dolor "nuevo", no le hice caso hasta que me tiré en la cama y ya no me pude mover y no me quedó más remedio que llorar al alcanzar mi umbral del dolor su nivel máximo de cordura. Tuve que llamarle a Juanjo al móvil porque no me oía cuando le hablaba y tampoco me quería soltar a gritos. Vino, me vio y llamó al número de urgencias del servicio médico.

Para esto, entre mis últimos "extras" está un dolor de úlcera con el que llevo casi toda la semana, motivo por el cual dejé todas mis drogas calmantes (tomo otras porquerías varias que son "de cajón" y que, supuestamente, no representan agresiones a mi sistema digestivo) y, quizá, razón por la que surgieron todo tipo de dolores, grandes, medianos y pequeños, por todo mi cuerpo. Creo que me duelen cosas que ni siquiera sabía que podían doler. A todo esto, hay dos sitios principales para tener una úlcera: "arriba", en la región que une el estómago con el esófago, que se conoce como "esofaguitis", y abajo, en la región que une el estómago con el intestino, que si no entiendo mal es el duodeno (Peter Griffin: Ay, qué dolor de duodeno!). Todas mis molestias digestivas anteriores habían sido "de arriba", cosa que tiene mejor solución, porque se calma el dolor con traguitos de leche, incluso desnatada. Pero mi última úlcera es "de abajo" y ahí sí que no hay mucho qué hacer: te duele casi todo el tiempo, en una especie de oleaje que va y viene, y te duele cuando comes o bebes algo. La leche ahí no tiene nada qué hacer. Lo único que queda es seguir tomando Omeprazol (que ya lo tomaba antes) y esperar a que la lesión se cure con el paso de los días y una dieta libre de irritantes. En el ínter, otro dolor agregado a la lista.

En la llamada a urgencias me conminaron a que me tomara un antiinflamatorio, principal causante de mis molestias digestivas (y, toco madera, toc, toc, que de momento la cosa no ha incluido a los riñones en el escenario). Así que, con todo el dolor de mi corazón, mi estómago y mi espalda, me tomé la susodicha pastilla. Luego vino un médico muy majo a verme el trasero y ya de paso inyectarme un Nolotil para el dolor que me torturaba. Después, para dormir, tuve que volver a mi viejo amigo el Válium, que es un relajante muscular y ayuda bastante en casos desesperados como el de anoche.

Hoy amanecí bastante mejor, aunque hago caso de las recomendaciones y me aboco a estar en la cama, con todos mis juguetes. Aprovecho y me pongo al día con algunas series que estoy siguiendo y de las que el aparato que tenemos en la sala ha fallado en grabar algunos capítulos de inicio de temporada.

También hice mi ceremonia de toma de porquerías un poco más a conciencia: primero mi cóctel de pastillas matutinas de cajón. 40 minutos después el Omeprazol y una hora después el desayuno, para rematarlo con un yogur y el temido Enantyum que me produce la úlcera, pero en teoría me va a sacar de mi nuevo agujero.

Tengo mi música, mis libros, posibilidad de ver series y películas en streaming en mi lap top, mi tablet para jugar, mi blog para desahogarme y detallar todas estas chorradas, y un niño simpático y lindo que no puedo disfrutar ni cuidar como se debe y un marido extraordinario que me cuida y que tampoco puedo disfrutar, porque vivo en la cama.

Me evado en mis juguetes e intento no pensar en todo lo que me estoy perdiendo de mis dos grandes tesoros, ni en si algún día la vida me dejará volver a disfrutarlos, o si aquí se acabó mi camino como persona y lo siguiente es una larga pendiente de achaques hasta que llegue mi final. Después de casi 5 meses en cama es difícil ver la luz al final del túnel, aunque mi Ipod agarre y me intente sacar de mi pesimismo a base de Fiebre de Sábado por la Noche y los Bee Gees con su Staying Alive...

lunes, 17 de febrero de 2014

El cuidador

La semana pasada estuvIMOS en el traumatólgo. Recalco el plural por varias razones. La primera, porque sigo sin estar acostumbrada a tener compañía en los momentos "difíciles" o "importantes" de la vida. Crecí con una madre viuda que, en general, sólo tenía tiempo para trabajar (no es que fuera "workaholic", es que era responsable y no quedaba de otra para sacar a su familia adelante) y, cuando no trabajaba, lo que quería era descansar (obvio). Así que crecí aprendiendo a ser "independiente y autosuficiente", cosa que agradezco. Pero el precio de eso fue que nunca hubo nadie conmigo en los "buenos y en los malos" momentos. Lloré y celebré yo sola. =P

Enigüey, Juanjo se tomó el día libre para acompañarme al traumatólogo, cosa que agradezco un montón. Estuvimos un buen rato en la sala de espera. Juanjo leyendo el periódico en su tablet y yo muerta de risa con California 83, de Pepe Colubi, en mi Kindle. La gente me volteaba a ver con mis carcajadas. Entré con el médico de lo más contenta. Poco me duraría ese estado de despreocupación. Estoy acostumbrada a que los médicos, en general, quieren que vayas al grano. Tienen poco tiempo y a duras penas te auscultan.

Así que cuando el médico me preguntó "¿Qué te pasa?" empecé por "tengo una hernia discal". Y él corrige: "No me has entendido. Qué te pasa a ti? Qué te duele? Cuales son tus síntomas?". Así que empecé a relatarle todos mis males. Después de unos cuantos, me empieza a corregir y me dice "Que te veo venir. Yo estoy en plan optimista y tú en plan pesimista. Quiero la versión optimista". No le dije nada, pero pensé: "Vamos a ver. Uno no va con el cura a decirle lo bien que se porta, lo buena persona que es y lo bien que le va en la vida. Yo vine aquí a decirte al dedillo TODO LO QUE ME DUELE".

El caso es que se me vino el mundo encima. El médico se puso en plan "Pero por qué razón llevas más de 10 años con estos dolores? Lo tuyo es un drama. Es un drama que, después de media hora de pie, tengas dolor en los pies el resto del día". Y se me vino el mundo encima. En algún momento pareciera que fuera mi culpa llevar tantos años con dolor.

Total, que éste sí me revisó a fondo. Me puso a caminar de putillas, de talones, normal... Me empezó a apretar la planta del pie para ver dónde me dolía. Cuando encontró el punto, lo siguió apretando durante los como 20 minutos que estuvimos hablando del tema.

Salí de ahí "culpable", con los pies hechos una mierda de tanta revisión y con unas cuentas por delante de la ostia. Me mandó hacer resonancias y radiografías y me recetó una porquería que cuesta casi €60 la caja.

Pero a los dos días de probar la medicina, por primera vez en más de DIEZ AÑOS pude volver a caminar sin dolor. Me duró menos de un día, pero fue como ir a Disneylandia. Alguna vez comenté con mi madre que me gustaría tener "patas de elefante". En los documentales que he visto de National Geographic me parece que tienen unas patas muy cómodas, como muy acolchonaditas. Y justamente así me sentí ese día. Durante unas horas pude tener mis añoradas patas de elefante. Y entonces entendí de dónde viene mi depresión. Y entendí que aguanté mucho antes de que ésta llegara. No es que sea infeliz con mi vida, o que no me sienta realizada, porque no es así. De verdad me gusta mucho cocinar y, aunque sea algo efímero, eso me hace sentir realizada. Me hace sentir realizada colgar en Facebook una foto de lo que cociné y que mi familia le eche piropos al plato desde el otro lado del charco. No necesito salir en los periódicos. Con el reconocimiento de la gente que me conoce y me quiere es suficiente para mí. Y, el mejor de los piropos, por supuesto, son los platos limpios.

Desafortunadamente, hace muchos años que eso que tanto me gusta hacer, cocinar, lo hago en medio de un mundo de dolor en los pies y la espalda. Y, desde el año pasado, también en la muñeca y mano derechas.

El sábado fue cumpleaños de Juanjo y, como veía que resistía, fueron a llamar a otro elefante...

No, como vi que estaba un poco mejor y como no sabía qué regalarle, le ofrecí prepararle su comida favorita. No es nada complicada: ensalada de salmón ahumado y solomillo con foie. Cierto que tuve que ir al Corte Inglés a buscar el foie y, al volver, ponerme a hacer la comida. Pero no es eso lo que hace una persona normal que se dedica a su casa todos los días? Eso y muchas cosas más?

Pues sólo con eso, en la noche tenía un gran dolor en la muñeca derecha y me volvió el de los pies y la espalda. Sé que lo mío no se quita de un día para otro, que no hay ninguna medicina milagrosa y que la mejor medicina es la actitud. Pero me di cuenta de que vivo como cancerosa. En cuanto sale un poco el sol yo voy y lo tomo. No me quiero arriesgar a haber estado bien "por última vez" y no haberlo aprovechado. Cuando vives envuelta en el dolor te vuelves adicta a los pequeños momentos sin él.

Sigo tomando mi "té nocturno", pero de momento va ganando la medicina nueva. Lyrica, se llama. Ahora me cuesta trabajo levantarme. Y empiezo a notar el hambre que dicen que puede generar como efecto secundario. Y algo de mareo. Pero si me quita el dolor estoy dispuesta a intentar vivir a dieta.

El otro día haciendo zapping me topé con un reality en el que hablaba una mujer que había superado un cáncer. Poco después de eso, su marido se enfermó y fue ella la que lo tuvo que cuidar a él. Y dijo que es mucho más fácil ser el enfermo que el cuidador. Yo no me había puesto a pensar en eso, aunque he notado el estrés que ha supuesto para Juanjo todo esto. Intento evitar en todo lo que puedo darle más trabajo, pero eso no quita que su situación es la que es en esta pesadilla.

Así que, desde aquí, va mi más grande dedicatoria y reconocimiento a ese hombre que tiene el buen tino de pedirse el día para acompañarme a una cita médica que pudo y resultó ser dura. Que NUNCA se ha quejado por nada de lo que nos ha pasado. Que se sigue levantando todas las madrugadas para desayunar en casa e ir a trabajar. Que ha sacrificado los últimos dos meses sus sábados de bici para llevar a Ale a nadar, porque yo ya no puedo llevarlo y porque no consigo que lo cambien a los viernes en la tarde. Que pone mi salud por encima del presupuesto familiar al decidir que me hagan los estudios por lo privado en lugar de esperar algunos años a conseguir que me los hagan por lo público y que, a pesar de todo, me sigue queriendo.

Desde aquí mi más grande gratitud por haber eliminado mi lado solo. Ya no estoy sola ni en las buenas ni en las malas. Ha estado ahí cuando he ganado premios y salido en el periódico, cuando me tuvieron 12 horas dilatando para que Ale terminara saliendo por cesárea, mientras él se dedicó en cuerpo y alma a mantenerme entretenida con lo que pudo, el periódico, sus chistes, etc., para que yo no pusiera tanta atención en las horribles contracciones que produce la oxitocina. Siempre está conmigo, siempre está de mi lado.

Simplemente por todo eso tengo que salir de esto. No sé cómo, pero tengo que hacerlo. Mi hombre necesita un break. Y yo un cuerpo nuevo. =/

viernes, 31 de enero de 2014

Todo estará bien al final

Y,  si no lo está, es que todavía no es el final...

Lo dicen en una película: El Exótico Hotel Marigold. La verdad es que no tenía pinta de estar entretenida, pero cuando no puedes hacer más que estar acostada, haces Zapping y te quedas en lo primero que está "sólo un poco empezado" y que "no has visto". La película va de un grupo de "personas mayores" (tienen arrugas, pero se mueven mejor que yo... ¬¬ -luego, en mi situación, cualquiera se mueve mejor que yo. Enigüey...) de origen inglés que se van a la India a un "hotel barato", la mayoría impulsados por una situación económica y de soledad que no les deja mucha alternativa. Y entonces me vi en una situación parecida.

¿En qué momento de la vida uno puede decir "ya estoy viejo. Deja me instalo en mis arrugas. Yo ya cumplí y ahora me voy a dedicar a otras cosas. Por ejemplo, a dejar de preocuparme por el futuro, por 'hacer algo de provecho', por 'ser una persona de bien', etc."? Y, curiosamente, siguen siendo personas de provecho. Al menos un par de ELLAS, que encuentran trabajo y lo hacen bien. Una de ellas incluso, convaleciente de una cirugía de cadera.

A veces, durante "mis viajes" con mi infusión nocturna, mi mente se acelera y empieza a disertar. Le tengo que pedir que se calle, para poder dormir. Pero recuerdo algo de su "espích" de anoche: "todo lo que me está pasando, de alguna manera tiene que ser para mejorar. Es decir, o era una persona horrible y, al quitarme de la cabeza casi absolutamente todo, he tenido que concentrarme en, al menos, ser mejor persona, mejor madre, mejor amiga, mejor esposa. O todo esto está evitando alguna catástrofe horrorosa de la que nunca me voy a enterar". Y cosas por el estilo. El ser humano casi siempre está buscando una explicación para todo lo que ocurre. Muchas veces no la hay y de ahí las religiones. Yo me reafirmo en mi ateísmo por muchas razones que no vienen a cuento, pero a la vez me gusta creer en un equilibrio de causa y efecto, en una armonía universal que rige ciertos eventos que, en principio, parecen azarosos y aleatorios.

No me gusta pensar en un "Dios" que "pone pruebas o te pone a prueba". De hecho, eso me encabrona. Para qué chingados nos está "probando" todo el tiempo? No tiene nada mejor qué hacer? Tele, libros, aprender a tocar el piano, yo qué sé? Pero sí me gusta pensar que todo tiene una explicación, aunque pocas veces la encontremos. Eso me tranquiliza, me relaja y me da esperanza. Esperanza en que, de alguna manera, también tengo el poder de mejorar mi vida, aunque sea a través del pensamiento. Quizá no tenga el poder de cambiar todo lo que le está pasando a mi cuerpo, pero sí está en mi mano el llevarlo mejor o peor y esa es mi lucha diaria. Llevarlo mejor y ser una mejor persona para que, a pesar de ser un bulto, quienes viven conmigo tengan ganas de seguir estando conmigo y sigan pasando un rato agradable, aunque trabajen más y se esfuercen al máximo todo el tiempo, para hacer todo lo que me toca hacer a mí y no puedo.

En fin. Intento quitarme estrés de encima, porque dicen que eso me hará mejorar. Así que he intentado dejar de pensar en todas las cosas que me agobian y me preocupan, y centrarme más en el placer, ya que de todos modos he de estar acostada la mayor parte del tiempo, postura que, por otra parte, es casi "natural en mí". =P

Intentaré, en futuras ocasiones, dejar preparada mi herramienta para conservar mis disertaciones infusionezcas, a ver si sale algo interesante. No prometo publicarlas porque igual y son basura, pero quién sabe... =)

domingo, 26 de enero de 2014

Esto ya es de risa

Llevo desde el viernes sin tomar NINGUNA DROGA, a causa de un catarro (y de que he estado razonablemente bien, catarro aparte). Si puedo hacerlo, evito tomar cualquier tipo de droga durante los catarros, porque me duran menos, aunque sean peores de soportar. Cabe destacar que esta temporada en ese sentido me ha ido bastante bien, teniendo en cuenta lo largo y molesto que es el invierno aquí, que este año decidí no vacunarme contra la gripe y que, debido al esfuerzo requerido para sentarme, también estoy comiendo menos.

Ayer ya estaba bastante mejor del catarro. Parece que fue uno leve. Y hoy, al despertar, antes siquiera de abrir los ojos, todo me empieza a dar vueltas. VÉRTIGO!!! Ach!!!

Me dio por primera vez cuando estaba embarazada de Ale y me acojoné. Me volvió a dar alguna vez después de que nació. Y hoy. Justo empiezo a estar medio bien de todo lo demás, me limpio de drogas un par de días y me aparece otra chorrada. De verdad...

Una chorrada que no va a ningún lado, que no me mata, pero que tampoco me deja hacer nada, porque la sensación de movimiento es constante y está yendo a peor. Todo da vueltas y tienes miedo de hacer el menor movimiento con la cabeza. Encima que yo soy de náusea fácil ante las vueltas (de niña me bajaban vomitando de la rueda de la fortuna) y siempre he evitado todas las atracciones que se limitan a dar vueltas.

En fin. Mi huesero tenía razón: el Válium me tenía hecha una piltrafilla emocional. Desde que lo dejé soy otra persona. Creo que me sigue doliendo lo mismo, pero lo llevo mejor. Aunque estos días sí que he tenido alguna mejoría. Pero también me lo tomo con calma. No me quiero venir abajo con la siguiente recaída. Prefiero estar preparada y tomármelo como algo "natural", parte del proceso, e intentar ser más paciente.

Llevaba toda la temporada navideña empeñada con un juego de buscar cosas y, cuando terminó "la carrera" la verdad lo agradecí. Ahora llevo desde el viernes con el empeño de terminar, por fin, de leer Apocalipsis, de Stephen King. Mi Kindle marcaba poco más de 30 horas de lectura. Hacía mucho que no leía un libro tan largo. Encima, parece que ésta es una versión en la que míster King se dio vuelo agregando todo lo que le dio la gana. Es decir, una versión posterior a la original publicada por su editorial y en la que le obligaron a recortar mucho "porque era demasiado largo". La verdad es que alguna cosilla yo sí le cortaba. Hubo alguna parte en la que me pasó un poco como aquel pasaje del Quijote en el que se avienta una disertación eterna sobre la espada y la palabra que, si bien puede ser valiosa culturalmente y como parte de la obra, no aporta nada a la historia y lo que deseas es que el señor termine de disertar de una puñetera vez.

Y esto me lleva a los libros que más tiempo me ha costado leer:
1. El Quijote: dos años. Leía un capítulo por noche, más o menos, combinándolo con alguna otra lectura ligera, para no hartarme. Y que no se malinterprete. Es una gran obra y me siento orgullosa y afortunada de haberla leído, pero es pesado.
2. Cien años de Soledad: algunos meses. Este libro es más llevadero, pero llega un momento en el que, literalmente, te da vértigo (=P) porque como son varias generaciones y todos los personajes se llaman igual ya no sabes quién es quién y sigues leyendo un poco por inercia...
3. Noticias del Imperio: algunos meses. Éste lo disfruté más, aunque también requiere uso fuerte de CPU pero, en mi opinión, es más disfrutable que los anteriores. Quizá también porque tengo más cosas en común con esta historia y porque, tras bambalinas, te ilustra uno de los más grandes personajes de la historia de México como un ente un poco genio y simpático a la vez, cosa que nunca verás en los libros de texto ni en ningún punto de tu educación acerca de Benito Juárez. Yo creo que es una obra muy útil si te quieres ver un poco más "la foto completa" de una parte concreta de la historia de México.

Y ahora que me he dado el lujo de desviarme un poco de todo mi historial médico chorra, me voy a vestir, que vamos al servicio médico, a ver si me recetan algo que me ayude a dejar de sentir movimiento involuntario. =P

viernes, 17 de enero de 2014

Experimento con plantitas: Día 1

Consultando con quien me trata de mis males, me preguntó lo que tomo y, como es de confianza, le incluí mi incursión en el uso de la María como analgésico. Y me dijo que mejor esta plantita que el Valium para dormir, porque a la larga el Valium puede causar depresión. Cuando le comenté que hace años que dejé de fumar y que, por lo tanto, el regusto que se me queda al fumar la susodicha planta me desagrada, me recomendó que la consuma en forma de infusión. Así que anoche calculé lo que aproximadamente se quemaría en un par de caladitas de pipa y agregué una ración normal de una mezcla de Valeriana y otras porquerías para inducir el sueño que compré en La Casa del Té (o sea, todo plantas inocuas y legales), más que nada para que tuviera algo de sabor normal. Me dijo que tardaría un poco más que fumada en hacerme efecto, y yo le dije que quizá igual que tomarse una pastilla.
Pues no. Aunque sea ingerido en infusión, a los pocos minutos de empezar a tomarme mi té me empecé a llenar de paz y se me empezaron a ir TODOS los dolores. Son pocos minutos los que me dura esta anestesia, pero suficientes para recordar lo que es la AUSENCIA TOTAL DE DOLOR y cargar un poco las pilas. Fue lo único que tomé para dormir. Tuve que recurrir también a mi Ipod, porque cenando vimos The Big Bang Theory y se me quedó pegada la cancioncita de la presentación y no me dejaba dormir. Pero después de escuchar 3 ó 4 canciones de las mías consideré que ya estaba suficientemente relajada, así que paré el Ipod y me quité los audífonos. Y me dormí. Increíble!!! Sin más trámite!!!
Tuve algunos cortes de sueño durante la madrugada, pero fueron breves. Soñé con mi abuela, como estaba en "sus buenos tiempos": rellenita, con su cabello teñido de negro y su habitual energía y sentido del humor. Había "llegado de visita", aunque yo "sabía" que la había mandado mi madre para que me ayudara con todo esto. Y dentro del sueño recordé "vagamente" que ya había muerto, pero como la estaba viendo ahí, me dije: "Ah, pos igual y me equivoqué, porque aquí está. Qué bien!".
La verdad es que, aunque sea en sueños, sienta bien estar un poco con la gente querida, especialmente con aquella que ya no está disponible. La noche anterior soñé con dos amigas con las que fui compañera en la primaria y con las cuales retomé contacto vía Facebook hace cosa de un año, y no nos hemos visto en persona desde que éramos niñas, pero hay muy buen rollo con ellas por escrito en los diversos medios que existen para comunicarse de esa manera. Y, aunque el sueño con ellas fue un poco extraño, también lo pasé bien. Para mí cuenta como "una salida". Y luego, al comentarlo con ambas, nos reímos un poco del asunto, así que algo más que buenas sensaciones me aportó el sueño.
Hoy amanecí hasta contenta. Me desperté media hora antes de que sonara mi despertador (cosa sumamente inusual en mí. Yo despierta y con ganas de levantarme a las 6:45 de la madrugada!!! Pero dónde se ha visto semejante despropósito!!!) y aproveché para bañarme y arreglarme un poquito. Ale también se levantó temprano, así que pude sumar a mi buen estado de ánimo mi "terapia musical".
Esta terapia la descubrí de una manera un tanto inusual: el miércoles Ale se levantó roñoso, MUY roñoso, y se pasó llorando casi todo el tiempo que pasó entre que lo vestí y nos fuimos al cole. Y como yo no tengo energías para soportar tanta roñitud, ni ánimo para escuchar tanto llanto, agarré mi Ipod y me puse a escuchar buena música mientras mi niño daba su concierto. Lo siento por los vecinos, pero no me iba a poner a discutir con él, porque en mi experiencia no sirve de nada. Así que le preparé el desayuno toda contenta y hasta bailando mientras él berreaba tirado en el suelo del pasillo.
Cuando terminó de desayunar y que ya se había calmado, porque me senté con él y le puse lo que yo estaba oyendo en una bocinita que tenemos, le di las gracias por el descubrimiento que me acababa de regalar: LA MÚSICA.
Y desde entonces me abrazo a ella como a un clavo ardiendo. Hoy que fui al súper, aprovechando que a mi teléfono nuevo le aguanta muy bien la batería y además tengo una de repuesto, me pasé toda la compra oyendo música. Una maravilla, de verdad! Me dolían los pies, un poco la espalda y llevaba una taza de esas térmicas llena de leche, porque también empecé hace un par de días con dolor de úlcera o esofaguitis (o lo que seą) y como la leche lo aplaca, pues voy dando traguitos. Así que, con los mismos dolores, pero con mejor ánimo gracias a la música y a haber descansado en condiciones, el trabajo fue menos duro.
Una aclaración: que quede constancia que aquí no se critica a nadie que consuma drogas, pero tampoco estoy alentando al uso de las mismas, legales o ilegales. Sigo convencida de que lo mejor es meterle las menos porquerías posibles al cuerpo y, si yo he empezado a tratarme con plantas alternativas, ha sido por desesperación y porque poco tengo ya qué perder. Que nadie me culpe de que yo he recomendado nada, porque no es así. Al menos no es esa mi intención. Sólo estoy comentando mi experiencia. Pero tal como están las cosas últimamente, hay que poner instrucciones para todo y, como dice mi marido:"no introducir por vía rectal". =P
Estoy llevando el día con la misma cantidad de analgésicos, pero he eliminado del tratamiento los antiinflamatorios, sobre todo por el dolor de estómago. Y estoy llevando el día con mucha mejor cara y ánimo que ayer. Un día a la vez y el de hoy ha sido mucho mejor. Mañana ya veremos. Disfruto el ahora, que suele durar poco. =)

jueves, 16 de enero de 2014

Welcome to the pain



El nombre de este blog está basado en la "filosofía de los que acuden a AA" (aclaremos que yo no he estado en ninguna reunión de esas. Lo sé por las películas. Y no, no soy alcohólica, aunque la mayoría de los alcohólicos lo nieguen, como los masones... Tampoco soy masona ¬¬ -Tengo entendido que los masones no aceptan ateos, cosa que sí soy-). Y está en inglés porque en español como que no me termina de cuadrar. O, al menos no me parece una frase de uso común en nuestro idioma: "Un día a la vez".

En principio, la función de este blog es terapéutica (para mí). O sea, que si te aburre, te parece absurdo o cualquier otro defecto que le encuentres, muy bien. Pero limítate a no aparecer más por aquí. No voy en busca de miles de visitas, ni en convertirme en "viral", ni en aportar nada nuevo al mundo del dolor, la recuperación y la superación de las enfermedades. Voy en busca de salir del agujero en el que me ha metido mi cuerpo. Y es por eso que he puesto claramente al principio que no admito críticas. Porque, aunque vengan de desconocidos, las críticas me suelen afectar. Por eso mismo, he dejado la publicación de comentarios bajo moderación. Serán bienvenidos todos aquellos que carezcan de mala leche y críticas, aunque contengan opiniones contrarias a las mías. No tenemos que estar todos de acuerdo. Con apoyarnos unos a otros ya es suficiente.

Y ahora, para el que siga interesado en este relato, paso a describir mi historia con el dolor. Desde el principio.

La menstruación me vino a los 12 años. Y a los 13, un año después, empecé con dismenorrea (cólicos o dolores menstruales). Esos los he tenido casi todos los meses desde entonces, excepto en un par de temporadas: 6 meses que estuve en tratamiento y casi 4 años (todo mi embarazo + 3 años posteriores). Cabe decir que tengo 40 años, con lo que mi historia con este dolor en particular es bastante larga. Posteriormente empecé con un dolor de espalda que conseguí hacer desaparecer con las recomendaciones del médico de evitar actividades de alto impacto para la columna vertebral: correr, tirarme a las piscinas, saltar, montar a caballo, etc. Tampoco es que fuera un gran sacrificio, ya que más bien soy alérgica al deporte y al reloj, como Joaquín Sabina.

En el año 2003, empecé con dolor de pies, concretamente de talones. En 2004 me operaron de fascitis plantar, porque ya no podía ni caminar del sofá al baño o a la cama. Me costó 6 meses recuperarme y, aunque hubo cierta mejoría, nunca volví a estar bien del todo. Más de hora y media caminando o de pie y lo pago caro, con dolor constante y fuerte en los pies el resto del día y todo el día siguiente.

Después empezó lo de la espalda, me parece que en 2006. Me tuvieron un año a inyecciones de vitamina B12 antes de que un médico suplente me mandara con un traumatólogo que me diagnosticó una hernia discal L5-S1. Escuela de espalda, un poco de terapia, una faja, antiinflamatorios, analgésicos y pa' casa. Funcionó durante un tiempo, con un promedio de 3 ó 4 crisis por año que me dejaban completamente paralizada durante 2 ó 3 días y con mucho dolor. Así me sobreviví hasta septiembre pasado, que me dio la última crisis de la que ya no he salido.

El posible origen de todo esto es una característica genética que tengo, conocida como "hiperlaxitud", que consiste en tener las articulaciones más blandas y débiles de lo habitual, con lo que se producen lesiones constantes por movimientos tontos, aunque es raro que lleguen a fracturas. Por ejemplo, me he torcido los tobillos MILES (no estoy exagerando. Empecé a torcérmelos de niña y todavía me pasa de vez en cuando) de veces, simplemente por pisar un desnivel tonto, o una piedra o un palito. Y la mayoría de las veces termino en el suelo. El efecto es como si al dar un paso, de pronto te desaparece una pierna. Te vas...

También me he lastimado un hombro, los pulgares al bajar los asientos del cine o del teatro, la muñeca derecha con varias tendinitis que finalmente me la han dejado "delicada" y hasta la quijada. Y, de vez en cuando, tengo algún dolor tonto en la rodilla, la cadera, el fémur, el codo, etc.

Con todo eso aprendí a vivir. Con lo que ya no estoy pudiendo es con el empeoramiento junto de la espalda y los pies. Los pies, aunque no los use, me duelen TODO EL TIEMPO, al grado de que me impiden dormir. Y la espalda también, aunque de esa descanso un poco acostada sobre un cojín eléctrico-caliente.

Llevo desde noviembre yendo con un quiropráctico. Al principio tuve una mejoría impresionante, pero de hace dos semanas para acá he empeorado mucho. Me duele también la cadera, tirón en una pierna o en la otra, dolor ininterrumpido en los pies.

No soy ninguna heroína. No estoy metida en una batalla campal contra el cáncer. No me estoy muriendo. Simplemente soy una mujer de 40 años, con ganas de hacer muchas cosas, encerrada en un cuerpo tortuoso y torturado. Y es aquí en donde entra "la parte mental del asunto". Tengo muchas cosas de las cuáles disfrutar: un marido estupendo, un niño de 3 años y medio que es de lo más simpático, una situación económica decente (sobre todo teniendo en cuenta la crisis económica actual), muchos juguetes a mi alcance (Lap top, tablet, smartphone, Wii, PSP, Kindle, Nintendo DS, TV de pago) y sólo puedo disfrutar de algunos de mis juguetes. La vida de mi familia se va pasando conmigo metida en la cama o en el sofá, intentando alejar mi mente del dolor perpetuo. 

Vivo atiborrada de drogas, analgésicos, antiinflamatorios, protectores gástricos, etc., y, por lo tanto, medio atontada muchas veces. Salir se ha convertido en un lujo para el que tengo que prepararme como si fuera a correr un maratón. Lo único que hago, porque nadie más puede hacerlo, es llevar y recoger a mi niño del cole. Antes cocinaba muy bien y ahora el simple hecho de sentarme a comer ya implica un gran esfuerzo, con lo que me he visto obligada a dejar al niño en el comedor del colegio (afortunada que soy de que ofrezcan ese servicio).

Mi desesperación ha llegado al extremo de probar incluso con cierta hierba prohibida en la mayoría de los países y resulta que, sorprendentemente, me quita todos los dolores. La pega es que no me gusta consumirla durante el día, porque me lo paso dormida. Y también, que conseguirla entraña ciertas dificultades, sobre todo cuando todo tu círculo social está basado en gente "sana" que no consume ninguna de esas cosas y ya ni tabaco.

El aseo se ha convertido también en un lujo. Me cuesta mucho esfuerzo, así que también está racionado. He dejado de maquillarme y hasta decidí dejar de teñirme el cabello. Pero esto último lo consulté con mi marido y él se ofreció a aprender a teñírmelo (lo de ir a la peluquería a soplar más de 40 euros cada 3 semanas no me hace feliz).

Esta semana hablé con mi "huesero" (o sea, el quiropráctico) y me informó que las recaídas son normales, que de una situación como la mía se tarda en salir -yo tampoco esperaba resultados sorprendentes e inmediatos, sobre todo teniendo en cuenta que llevo muchos años con este tema y llegué desesperada- y que afectan mucho o "entorpecen" la recuperación el estrés, la mala alimentación, etc.

No voy a estar estresada de cojones cuando yo no hago nada más que levantar al niño y hacerle de chófer para que vaya al colegio, mientras mi marido va a trabajar, al súper, pone lavadoras, se encarga de la comida, recoge la cocina, baña y acuesta al niño, etc. Me alimento de puta madre, sobre todo desde que dejé de cocinar a finales de septiembre, cuando me declaré en huelga y dije que no podía más, que no me movía más, y "que Dios le jale y nos vamos todos de una vez" (frase de la película "Sólo con tu pareja").

Pero bueno, dado que no me voy a morir y que, en teoría, me queda la mitad de mi vida por delante, algo he de hacer para salir de esta mierda de agujero en el que he caído. En general, me distraigo los días con un juego del tablet que me pone retos, e intento pensar en una posible recuperación y todo lo que me gustaría hacer cuando ésta llegue. También intento evitar pensar en mi futuro a corto plazo, porque eso me estresa más. Estoy, otra vez, en lo que yo llamo un "periodo de stand by", en el que no puedes hacer nada, no puedes hacer planes y tampoco te puedes hacer a la idea de nada porque "tu situación es temporal". Y, cómo chingados se adapta uno a algo así?

Es por eso que, como los alcohólicos, One Day at a Time.