martes, 1 de abril de 2014

Ya pasó

Sana, sana, colita de rana. Literalmente. Pero mejor pongamos esto a modo crónica, que creo que se disfruta más y se entiende mejor.

7:20 am
Me suena el despertador. Abro el ojillo rápido, alerta, casi como cuando estás a punto de cruzar el charco en avión. Reviso los avisos de mi teléfono, como hago siempre y voy al baño. Es prosaico, pero siendo honesta, es lo que me suele hacer salir de la cama. =P

Voy tranquila y relajada, porque el día anterior pasé buena tarde arreglando todo lo que había que arreglar para evitar que hoy se me hiciera tarde, como buena mexicana que soy. A las 8:10 ya estaba llamando al taxi y a las 8:20 ya estaba formada frente al mostrador del hospital. Es lo que tienen las ciudades chiquitas. De hecho, de haber estado sana, podría haber ido caminando hasta el hospital. Pero luego, de haber estado sana, no tendría a qué haber ido en primer lugar...

Enigüey, lo de los trámites se tardó porque uno de los dos ordenadores de recepción no estaba funcionando bien. Y, como en cualquier empresa que se precie, estaba UN ENFERMERO arreglando el problema. Si es que esto de estudiar enfermería en el primer mundo es otro pedo... Para rematar, luego llegó una chava a solicitar la ayuda de dicho enfermero con un GPS. Ya no hago periodismo, pero me hubiera gustado entrevistar al cuate, a ver si:

a) Estudió informática pero luego decidió que mejor se dedicaba a la enfermería
b) Estudió informática, pero como no encontraba curro, probó con la enfermería y lo usan más para arreglar computadoras, aunque esté contratado como enfermero.
c) Estudió enfermería, se le dan bien las computadoras, y en el hospital ven burro y se ahorran el sueldo del informático.

Pagué y me instruyeron para que fuera a la primera planta y siguiera el camino amarillo hasta ver al mago de Oz. En su lugar encontré una línea azul que llevaba a una sala de espera. Me senté y empecé a twittear pendejadas. Pasaron a un güey que estaba antes que yo y, como pensé que iba para largo, saqué mis audífonos para jugar al Song Pop. Pero no había terminado de twittear pendejadas cuando vinieron a buscarme, así que tuve que irme con los audífonos en la mano alope (a lo pendejo, para los no familiarizados con mi nomenclatura). Después de recorrer un buen de pasillos, llegamos a lo que parece un área de vestidores encajados con calzador en el espacio. Y ahí tienen taquillas (lockers, pa' los del otro lado del charco). Te dan una bolsa con el kit quirúrgico: una bata de las que se amarran por atrás (y si me encuentro un doctor puto en el pasillo?), un par de pantuflas y un gorrito. Me los puse y guardé todo en la taquilla. Salí y me encontré UNA silla. Me senté. Después de un rato me aburrí, así que fui a sacar mi celular. Seguí de ociosa por la red hasta que vino el hombre de verde (no, no era Hulk, aunque tenía un aire... =P) para conducirme al quirófano. Me dejó ahí con una enfermera de acento extraño que después me enteré que es totalmente ibérica: española, francesa y portuguesa. El celador que me acompañó reparó en mi celular y me lo castigó, llevándolo de regreso a la taquilla. Snif!La enfermera me hace subir a la mesa que tienen ahí, me tumba de panza y ZAZ! me abre la bata de un tirón, rompiendo el hilito (Y SI ME ENCUENTRO UN DOCTOR PUTO POR EL PASILLO, OIGA???). Me deja ahí, nalgas al aire y yo me tapo, más por el pinche frío que hace en los quirófanos que por el pudor.

Me examina la mano izquierda y decide que mejor me pone la vía en la derecha. Ahí, con confianza, que no me duele, eh??? Te puedo poner yo una a ti, para desquitarme? Se da la vuelta y siento líquido sobre la mano. Como estoy boca abajo no alcanzo a ver si es suero o sangre. Ella vuelve a mí y repara en el goteo no deseado. Aprieta un poco y aquello sigue goteando. Y me informa que quizá esté defectuosa la vía y que habrá que cambiarla. Y yo pensando: Hala! Cóbrenme otra vía y pínchame la otra mano, que al cabo que no me dolió nada ésta. Al final pudo salvar la vía. Menos mal. Yo nomás veía gotear los euros delante de mis ojos. Pasó una doctora con cara de "y esa qué hace ahí, que me toca usar a mí el quirófano?" como 3 veces antes de que viniera mi médico. Por fin le "llamaron" y se apersonó. Me preguntó que si sabía lo que me iban a hacer y le contesté que me hacía una idea, pero que no lo tenía muy claro.

Muy amable (a diferencia de cuando me ha visto en la consulta, cosa que agradezco, porque mi experiencia de trato personal en los quirófanos es más bien de sufrir malos tratos), se agachó para que pudiera verlo y me explicó que primero me iba a inyectar antiinflamatorio y otras porquerías en los alrededores de la vértebra y en el espacio entre una y otra y que luego, por el sacro, hay un "canal natural" por el que iba a meter una aguja con otras porquerías varias.

Luego se fue a la parte de atrás de donde estaba yo y le empezó a pedir a la enfermera todo lo que iba a necesitar, mientras yo observaba atentamente. Se dio cuenta de mi interés e hizo algún comentario al respecto, a lo que la enfermera contestó: "No, si está de lo más tranquila. Cuando le puse la vía estuvo ahí viendo muy relajada".

Y empezamos. Por fin. La verdad es que agradezco el poco tiempo de espera para hacer todo esto. Es lo peor de los procesos quirúrgicos. La espera. Me puso un par de agujas a ambos lados de la columna, y me pareció que iba cambiando la jeringa de una aguja a la otra, según lo que me preguntaba. Cuando terminó la cosa yo todavía estaba un poco tensa, porque no sentí cuando me quitó las agujas y creí que todavía las tenía puestas. Me di cuenta de que se había terminando cuando me informó que ahora iba por el siguiente pinchazo. Me puso varias inyecciones de anestesia local que se sintieron igual que cuando te ponen anestesia en el dentista. Y empezamos a hablar del dentista y el médico me platicó que él odia el dentista, que siempre se imagina que le van a tocar el nervio y le van a dar el calambrazo (bendita ignorancia! Yo nunca pienso en esas cosas. Eso me da una idea de por qué los médicos son los peores pacientes). Y un poco de conversación siempre distrae, hasta que te empiezan a meter cosas. No fue agradable, pero no fue tan duro como lo que he pasado con los pies. Y la verdad es que fui bastante resignada. Creo que prefiero no pensar en lo que vaya a pasar, por no hacerme ilusiones pero tampoco sufrir alope. Terminó mucho más rápido de lo que yo creí y me obsequió un par de fotos para el recuerdo, por si tengo que ir a urgencias, para que sepan lo que me hicieron.

Salió, llamaron al celador que trajo una camilla y rodé hasta ella, quedando boca arriba. Me taparon, me levantaron la cabecera y me llevaron a la zona de recuperación chocando con todos los tiliches que había en el pasillo, que eran muchos: camillas, estanterías, mesas con ruedas, cajas apiladas... Creo que los pasillos tienen la medida estándar para que circulen las camillas, siempre y cuando estén LIBRES. Pero supongo que, con el tiempo, los han ido llenando de cosas hasta tener la saturación que tienen ahorita. A la zona de recuperación le llaman "La UPI", o algo así. Es una sala abierta en donde van estacionando las camillas según van llegando. Y tienen alguna cortinilla divisoria. Te estacionan, te enchufan una pinza en el dedo que va conectada al "tutitu" y te dejan ahí a reposar, como los buenos vinos. Literalmente, porque hace un frío de la chingada. Les pedí una cobija y, por si colaba, mi celular. La cobija coló. El teléfono no. De todos modos, con la vía en la mano derecha y el tutitu en la izquierda, tampoco es que hubiera podido teclear mucho. Cuando se fue la compañera de al lado, buena onda me ofrecieron su aparato: una especie de aspiradora con manguera similar que en lugar de aspirar expele aire caliente. Te meten la manguera debajo de las cobijas y te calienta. Todo un detalle. Al menos mi lado izquierdo, que era el del tutitu, estuvo un poco más cómodo. Mi pie derecho nunca se terminó de calentar del todo. Tropical que sigue siendo una.

EL TUTITU
Ante mi aburrimiento inevitable, empecé a pensar un montón de estupideces acerca de todo lo que veía. Lo primero, el tutitu, que variaba de "pi, pi, pi" a "pu, pu, pu". Uta! El del pu, pu, pu, ya se les está muriendo, oiga. pi, pu, pi, pu, se intercalaban los aparatos. Y por atrás sonaba algún otro aparato: "pi-pu-pu", que también sonaba en el quirófano. No pude investigar lo que era. Empecé a competir al tutitu con mis compañeros de aburrimiento. Después me pusieron al lado a una señora que soltaba unas pedorretas monumentales. Su médico captó una y le echó porras. Le dijo: Muy bien, lo que no sirve hay que echarlo pa' fuera, que si no se pudre. ¿?

No sé qué le habrán hecho, pero por lo que hablaron, tenía pinta de algún chequeo anti-cáncer. Sin embargo, la mujer estaba muy animada: "yo me encuentro estupendamente", decía.

A mi izquierda le hicieron el "check-out" a otro señor. Ese, antes de irse, le preguntó a su médico: "Y ahora qué puedo comer? Alubias y lo que se tercie?". Y el médico, después de abrir demasiado los ojos, volvió a su ser y contestó diplomáticamente: "Hoy dieta blanda, dieta blanda". A lo que su paciente impaciente preguntó que qué era eso. Está visto que, donde gobierna el chuletón, lo de la dieta blanda suena a comida para astronautas en tubo de pasta de dientes. El médico, ya con menos diplomacia, contestó: "Y yo qué sé? Yo soy médico! No me dedico a la cocina! Sopita, merluza, verduritas...". Mientras yo, que lo puedo comer todo, me quedé con el antojo de las alubias. =/

Después de vaciar la sala por completo, me trajeron a un colega nuevo, como para no desanimarme de haber sido la última en irme de ahí. Me hicieron bajar de la camilla y una enfermera muy amable exclamó: "uy, se te ha roto la bata". Mis escasas reglas de educación me dijeron que estaba mal aclararle que me la había roto su compañera de un tirón despiadado en cuanto entré en el quirófano. Buena onda, me ayudó a colocarla y me cargó mis cosas hasta el vestidor para que yo pudiera cerrarme la bata. Y no, no me encontré a ningún médico puto por el pasillo. Una pena.

Me vestí y la mujer me esperó y me acompañó muy amable hasta la sala de espera, hasta cerciorarse de que había alguien que me llevara de regreso a casa. Ahí estaba mi marido precioso (como el góber, pero en guapo, blanco y de ojos verdes. Índico!), esperando incansable y paciente, con su inseparable tablet. Buena onda, me invitó a desayunar. No sin antes dejar patente lo mucho que pesaba mi mochila. Era mi vano y frustrado intento de evitar el aburrimiento, pues.

Volvimos a casa y tuve que acostarme. El resto del día no aguanté más de unos minutos sentada o de pie. Finalmente, agotada, me fui a mi cama y me dormí un rato. Luego me llamó mi madre y estuvimos muertas de risa recortando al mundo como una hora. En el ínter, muchos de mis amigos y primos estuvieron dejándome sus buenas vibras y sus recuerdos en Facebook. No tienen idea de lo mucho que esos detallitos levantan el ánimo. De verdad, muchas, muchas gracias a todos!

Por último, lo mejor del día. Oír, por primera vez, la voz de una queridísima amiga con la que llevo tiempo escribiéndome y que fue mi compañera en cuarto o quinto de primaria, tiempo durante el cual ni siquiera nos dirigimos la palabra. Morra, hablas bien chido!!! Quiero más!!! Gracias, Facebook, por regalarme de regreso tantas y tan buenas amigas que, de otra manera, no habría tenido/recuperado.

Ahora, a esperar de 3 a 5 días a que esta chingadera que me hicieron haga efecto y pueda darme a la vida alegre al menos durante un breve tiempo. Recomendación del médico, ojo!!!

Ahí en cuanto me pueda mover un poco mejor les decoro este post con alguna foto ociosa. Mientras tanto, son bienvenidos a dejarme comentarios, ocurrencias, abrazos, recomendaciones y lo que se tercie.

Gratzie mile.

4 comentarios:

  1. Como siempre, prima un deleite leerte. Aún y cuando son cosa que pudieran pensarse "de seriedad", me encanta tu forma de relatar y sacarnos la carcajada con el tutitu y el alope, jajajajaja. Lo mejor de todo es que YA PASÓ y esperemos que pronto te puedas dar la vida alegre, como dices. ¡Te quiero!

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  2. Que bueno que ya pasó todo ese procedimiento. Confiemos ahora en que te va a mejorar mucho. Te mando un abrazo. M. A. Bacquerie

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  3. Amiga, que bueno que ya pasó lo más difícil! Espero ahora si poder publicar esto en tu blog... Ya ves que nunca puedo! :(
    Ojalá que los medicamentos te hagan el efecto esperado! Te mando un grandisimo abrazo!!! Oly.

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  4. Morrraaaaaaa! No había tenido ni 2 puercos minutos para leer tu blog! Jajajaja! Fantástico! Me hubiera encantado acompañarte para meterte el celular de contrabando. Y en efecto, me encantó oirte al teléfono, fue de lo más suigéneris y de mega poca madre! Yo también quiero más! Te mando un vino virtual para tus días de reposo y toda mi buena vibra para que éste sea el principio de tu prontísima recuperación! Con cariño, la que de niña no te hablaba :)

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