jueves, 20 de marzo de 2014

Sólo puedo estar colocada

Llevo muchos días resistiéndome a escribir, intentando evadirme, intentando negar la realidad. Hoy es mi segundo día colocada. No me gusta estar así, pero el dolor se ha vuelto constante e insoportable. Hoy tuve que sacar fuerzas de donde ya no las hay para poder vestir a Ale, darle de desayunar y llevarlo a colegio. En coche. Una de mis cosas favoritas en el mundo es manejar. El dolor no me deja ninguna alternativa que no sea desplazarme en coche, en una ciudad altamente rediseñada para favorecer la vida peatonal. Y eso que tanto me gusta y que me veo obligada a hacer todos los días no puedo disfrutarlo, porque también lo hago con dolor. Me duele la espalda mientras estoy sentada tras el volante, y me duele el pie derecho al pisar el acelerador y, sobre todo, el freno. Me veo obligada a abusar del freno de mano automático del coche y lo uso siempre que me toca el alto, con tal de poder descansar de empujar con el pie, en trayectos que normalmente no duran ni diez minutos.
Hoy es mi segundo día instalada por completo en el sofá, porque está la tele delante. Me llegó a MI CASA un sérum de Clarins, el más caro de los que uso, sin haberlo pedido, GRATIS. Supongo que será algún error y ya llamé a mi tocaya del Corte Inglés, por si se le han descuadrado las cuentas. Me imagino que, aunque sea un error, me dirán que me lo quede, pero aun así no puedo disfrutarlo, porque eso me lleva a acordarme de que hoy no me he maquillado, cosa que también disfruto mucho, porque soy como una chica Avón, pero con Clarins. Si Clarins abriera una faceta de mujeres que van por ahí con el muestrario, yo podría ponerme a trabajar inmediatamente, porque tengo casi todo el catálogo. Pero hoy no me he maquillado porque tendría que bañarme. Y no me he bañado porque estoy cansada y me he rendido y es demasiado el esfuerzo de bañarme y ponerme mis cremas, uno de los pocos placeres que me quedaban.
Y en la tele veo un montón de gilipollas sanos que lo único que hacen es intentar partirse la crisma una y otra vez, preocupando a la gente que los quiere y demostrando que la ley de Darwin es una gran mentira. Porque, bajo esa misma ley, yo ya tendría que estar muerta. Ya no soy útil para nada. Y aquí sigo, quizá en parte por mi renuencia a tomar antiinflamatorios, pero es que me niego rotundamente a agonizar durante muchos años haciéndome diálisis. Prefiero entregar el equipo con algo más amable, como el colesterol.
Mientras estoy colocada ("high", para los del otro lado del charco) con mariguana, mi cuerpo se contrae de la cintura, el abdomen y muchas de mis partes en reposo, como si tuviera conectado alguno de esos aparatos que anuncian para sacar músculos y perder grasa a base de contracciones eléctricas. Tengo como 3 teorías sobre el origen de dichas contracciones:
1. Mi cerebro está confundido y manda señales constantes de movimientos "involuntarios", como los que sufren quienes padecen Parkinson, para demostrarle a sí mismo que todavía tiene el control, en medio de toda esa confusión mariguana. 
2. La mariguana, de hecho, produce Parkinson, o mini-epilepsia, o algo parecido. Sin embargo, los síntomas desaparecen con la actividad, lujo que no me puedo permitir, porque el colocón me deja cómoda en reposo, pero con la actividad sigo percibiendo los dolores, tanto en los pies como en la espalda.

3. Estoy perdiendo neuronas bien cabrón.
Me disculpo con la gente que me quiere y se preocupa por mí por escribir todas estas cosas y preocuparlos todavía más, pero este blog es principalmente para desahogarme y eso necesito hacer. En mi defensa, ya no lo anuncio en Facebook.
Esta semana estuve con el médico de cabecera. Me revisó los pies y me confesó, de manera amable y cálida (cosa rara en un médico) que es probable que el problema con mis pies no tenga solución, que es un asunto muy complicado. Pero creo que mi mayor problema es la falta de empatía de los médicos que me han visto y que,  en general, sólo soy un expediente más que ni siquiera estudian con atención.
Creo que tengo hambre. No desayuné. Aparte del montón de pastillas con las que empiezo el día, sólo me he metido un Actimel y un café para compensar un poco el colocón. Al menos me ha mantenido despierta y me ha dado la fuerza necesaria para ponerme a escribir, aunque sea en el tablet.
Ya instalé la aplicación en mi celular también, por si necesito escribir fuera de casa (si es que vuelvo a salir algún día).
Es increíble el gran tesoro que puede llegar a ser el tonto hecho de caminar y estar sentado sin dolor. Yo ya no tengo ese privilegio. Y tampoco el de la cordura. Siempre estoy atontada por el dolor o por las drogas. Espero que lo siguiente no sea estar atontada por ambas cosas.

2 comentarios:

  1. Lloré y lloré y lloré al leerte, Dada... Cuando mi mamá nos veía sufrir por algo, siempre decía: "cómo quisiera ser yo la que estuviera pasando por eso y no tú". Le creí y la entendí cuando los tuve a ustedes. Yo también te digo a ti lo mismo y de todo corazón: ¡Quisiera con el alma estar yo pasando por eso en tu lugar! En un primer momento pensé en tomar un avión mañana mismo para estar contigo pero luego analicé más las cosas y estoy haciendo planes para mejor irnos a España antes de lo planeado. De nada te sirve pero te recuerdo -una vez más- que TE QUIERO MUCHÍSIMO, con todo mi corazón, y que haré todo lo que esté en mi mano para paliar -si no tus dolores- al menos tus molestias, Dadita.

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  2. Yo no lloro porque soy bien macho, pero sí me angustia no poder hacer algo para aliviar un poco tu dolor. Por otro lado creo que algo habrá que se pueda hacer y lo primero es hacernos saber que pasas por estos baches. Lo segundo es analizar si no has pasado algo por alto para encontrar la punta de la madeja de este embrollo en el que te has ido metiendo poco a poco.
    Yo se que todo esto es más complicado de lo que se puede entender a distancia. Este fin me conecto para platicar contigo, ¿vale?
    Te mando un abrazo y quiero que sepas que no estás sola, aunque estés bieeeen lejos, OK?

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