domingo, 18 de octubre de 2015

Hasta los mismísimos

El remiendo que me hicieron en junio del año pasado fue bien. Lástima que me pasé todo el tiempo que duró arreglándome los pies. En junio de este año comenzaron de nuevo los dolores de espalda. Me armé de paciencia y decidí aguantar hasta septiembre, que es cuando tenía la cita con el médico de la SS. Mi marido se pidió permiso en el trabajo para acompañarme y todo.

Se me quedó cara gilipollas cuando me apersono en el HUA y me dicen que no tengo cita, que fue cancelada el mismo día que me la dieron. Usted disculpe. Y se quedan tan anchos. Después de la reclamación que puse, me dicen que me dan otra para finales de noviembre y que si pueden darme una antes ya me llamarán. Hasta la fecha.

Todavía  no termino de decidir si el saber que hay mucha más gente como yo, atorada en cama a lo pendejo por estar a la espera de que la atiendan es indignante o un consuelo. O ambos. Sólo de pensar en el tema me hierve la sangre y me encabrono de nuevo. Porque ya ni siquiera es cuestión de que investiguen o busquen. La solución está ahí y sólo hay que ejecutarla. Pero ni siquiera me ha visto el médico. A saber lo que tardarán luego en hacerme el segundo remiendo.

Mientras yo aquí, fumando marihuana de nuevo y con el ánimo en los calcetines cada vez más tiempo, mientras hacia el mundo finjo que todo va bien. Me aíslo de quienes me quieren porque no me gusta fingir con ellos, pero tampoco que vean mi verdadero yo hecho una mierda.

Sigo esforzándome por hacer cosas que me gustan, por miedo a que llegue de nuevo el día en que no pueda salir más de la cama. Voy a pilates 2 veces por semana y una a aquagym y, de momento, parece que eso me mantiene más o menos funcional, si es que a mi estado se le puede llamar así.

Pero mi filosofía quizá se ha vuelto demasiado práctica. Por ejemplo, el otro día para elegir una sacarina quité de en medio la fórmula de "se dice que uno de estos productos puede producir cáncer" y  me limité a elegir la más barata, pues lo del cáncer sería una solución a todos mis problemas, así que no es un motivo de preocupación para mí.

Luego leo por ahí el reporte de los hábitos de vida de una modelo "senior" que no ha pasado por quirófano ni se tiñe el pelo. La verdad es que la mujer es muy guapa, incluso con esa larga melena blanca. Y se decanta por productos ecológicos, comprar a productores locales directamente, vivir en un lugar desde donde pueda ver el agua, etc. No le quito mérito, por supuesto. Su trabajo le habrá costado permitirse esos lujos. Pero sí opino que "bendita la vida de quienes viven sin dolor". Hace muchos años que no sé lo que es eso. Haciendo recuento, quizá se me acabó esa etapa cuando tenía 13 años y empecé con los dolores menstruales. Después de ese recuento es cuando opino: "todos esos que dicen que qué maravilla ser mujer, que traes vidas al mundo y tal, BULLSHIT!!! Y más para todos esos que alegan que Dios existe y que el cuerpo humano es una máquina perfecta y tal. Que sea una máquina compleja y con muchos sistemas grandilocuentes no la hace perfecta. Para mí es una mierda, sobre todo cuando veo la cantidad de gente enferma que hay por el mundo. Y que no me vengan con que es culpa de cómo llevan su vida y tal, porque a ver como defienden eso ante una esclerósis múltiple, por ejemplo."

No es que esté yo renegando de la vida, ni mucho menos. Por supuesto que no todo es negro. Pero es justamente eso lo que más me cabrea: tengo un montón de cosas buenas para disfrutar que no consigo apreciar porque tengo dolor TODO EL TIEMPO. Durante un tiempo conseguí hacerme pendeja a base de drogas y alcohol, pero llega un momento en el que el cuerpo "reniega" del maltrato y que mi ánimo me dice: Oye, que me gusta mucho la cerveza y el vino, pero no los puedo disfrutar si me los metes a saco como si fueran menjurjes que curan".

Mi técnica de hoy, ante una pequeña prueba que hice ayer, es meterme 3 Zaldiares juntos en la mañana, esperando que pueda pasar el resto del día con ellos, contraindicando las instrucciones de mi médico del límite de 2 juntos. Pero es que 2 ya no me quitan el dolor y eso me genera frustración. De momento, parece que funciona mejor. Y eso me lleva a pensar menos en el futuro, ese momento en el que podría verme en problemas porque los analgésicos no me hagan efecto, ante la resistencia creada por todo lo que me estoy metiendo ahora. También, irónicamente, me lleva a emprender acciones que me hagan disfrutar más el presente, como deshacerme de toda la ropa que no me hace sentir bien. Da igual la elegancia o la estética. Si voy cómoda y me gusta como me veo, se queda. Si no voy cómoda, pero sirve para una ocasión en la que hay que ir presentable, y me gusta como se ve, se queda también. Si me pongo algo y no me gusta, da igual por qué, va pa' fuera.

También me abrazo a mi vicio por las cremas y el maquillaje. Eso me mantiene más o menos buena cara y verse bien en el espejo ayuda bastante. Así que sigo disfrutando de mis unguentos, quitándome esclavitud de ellos y tomando "atajos" cuando no estoy con ánimos de hacer todo el ritual. He descubierto que los labiales visten mucho y requieren poco esfuerzo. Si tienes la cara limpia de marcas y manchas, un poco de rímel y un bonito color de labios hacen maravillas. Y toman menos de 5 minutos. Así que me ido haciendo con una bonita colección de labiales de los que me gustan, de Clinique y de Clarins, que son mis marcas favoritas, porque tienen el valor de que me hacen sentir muy bien cuando me los pongo.

Y son todas esas pequeñas cosas las que más o menos me mantienen a flote. Intento disfrutar de las pequeñas cosas de cada momento, como ponerme cosas que me gustan mucho en lugar de guardarlas "para una buena ocasión", porque las buenas ocasiones son escasas y tontas. La mejor ocasión es el "ahorita". Porque ya sé cómo es estar en cama, llena de drogas y dolor,
con un solo pensamiento en tu mente: "Que se acabe ya!".

miércoles, 12 de noviembre de 2014

3D

En resumen, que estoy toda mal hecha. Después de ponerme las pilas para recuperar mi vida cuando me arreglaron la espalda me acabé los pies, en cuestión de un mes, más o menos. Me quitaba el dolor de espalda que tenía a base de paseos durante las vacaciones y, cuando retomé "mi vida normal" ya fue el acabose. Ir al súper y hacer la comida en un solo día, imposible.

Y el dolor en los pies fue a más y a más. No sólo eso, sino que las rodillas se unieron a la fiesta, también. Finalmente encontramos un cirujano especialista en pie que nos dio un diagnóstico contundente y una solución definitiva (dentro de los límites de la cirugía, con los riesgos de que algo salga mal, etc.): Tengo el pie plano (de nacimiento. Desconozco si existe la posibilidad de tener un pie normal que después se vuelva plano), cosa que ya sabía (de niña estuve algunos años con zapatos ortopédicos y plantillas. Una tortura que no sirvió -ni sirve de nada, según me contó una médico de rehabilitación que ha quedado demostrado, sumado a la información del cirujano que dice que él suele corregir ese problema cuando sus pacientes tienen entre 11 y 12 años, mediante cirugía-) y eso, sumado a mi hiperlaxitud, ha provocado desgaste de los tendones que sostienen al pie y, consecuentemente, desviación de algunos huesos de lo que fuera su posición correcta e inicial. Todo esto se corrige con una cirugía bastante aparatosa. En términos cristianos, por la parte interna del pie me hacen un corte para acceder al tendón, ver qué tan desgastado está (tal como lo explicó, me imagino que se desgastan de manera similar a como lo hace un arco de un instrumento de cuerdas -violín, chelo, etc.-) y determinar que se hace tal o cual corte en dicho tendón para que sangre. Se supone que el sangrado en el tendón lo lleva a regenerarse (me recuerda a esos remedios medievales que hacían con sanguijuelas... =/). Y esa es la parte leve. La parte gorda y carnicera es que, por la parte de afuera del pie hace una incisión para acceder al calcáneo (el hueso que forma el talón), lo corta, lo reacomoda y lo pega con uno o dos tornillos (en mi caso, en una "fase 2" en la que estoy de mi condición, se supone que con un solo tornillo sería suficiente). En resumen, eso es lo que me van a hacer el próximo 3 de diciembre.

El médico me asegura que me va a tener bien surtida de drogas, pero aún así, me esperan tiempos muy duros. El pie se va a hinchar lo indecible después de la cirugía, tendré que estar al menos 6 semanas sin apoyarlo y luego hacer una rehabilitación para aprender a caminar de nuevo que se antoja cuando menos dura.

No he querido volver a hablar de mi situación básicamente porque no tengo nada bueno qué decir. Después de haber pasado 8 largos meses en cama por el tema de la espalda, volver a hacer reposo a causa de más dolor me ha dejado totalmente desarmada de ánimo y esperanzas y ganas. Si sigo adelante es por no hacerle la putada a mi familia (Juanjo y Ale) de dejar de estar aquí.

El lunes fui a que me cortaran el pelo porque ya me había cansado de parecer gitana. He tenido que sucumbir a llevar el cabello corto (cosa insólita en mí. Lo saben quienes me conocen bien) porque no tengo cuerpo ni ganas de andarme planchando cada vez que me lo lavo, no me gusta tenerlo sucio y, si no me lo plancho me lo he de recoger para parecer persona de bien al menos. En fin. Quienes me han visto me dicen que me veo muy bien con el nuevo corte. Yo simplemente opino que es cómodo y que incita a probar ir rapada por la vida. Pero claro, a estas alturas de mi ánimo poco interés me queda por la apariencia, aparte de ir limpia y ordenada.

Y me obligo a escribir todo esto más que nada para que la familia cercana que tengo lejos sepa un poco más detalles de esta situación tan estéril y chunga y para dar la fecha exacta de la cirugía, de la que todavía no tengo hora, pero sé que será por la tarde (ojalá y no tenga que ayunar desde la noche anterior. Ya nomás me falta sumar "desnutrición" a mi cuadro clínico! =P).

Encontré, hace unos días, la manera de volver a vivir un día a la vez, pero no la comparto porque podría estar sacada de un libro de Stephen King y podría herir la sensibilidad de algunos. Sólo les digo que a mí me funcionó cual pastilla y me mantiene serena. Ahí que cada quién se busque sus recursos mentales, acordes a sus procesos de pensamiento.

Y ya. Ahíla!

lunes, 22 de septiembre de 2014

Día 1

Hoy empiezo a hacer dieta. Volví con mi viejo amigo Weight Watchers porque se pusieron de modo con un plan exprés en el que no hay que contar ni medir. Es más limitado que el plan por puntos, pero no tenia yo ninguna gana de pasarme todo el día procesando lo que me como.

Como no había ido a la compra, me apañé con lo que tenía en casa y la verdad es que me supo muy bueno: dos huevos tibios, una manzana y una naranja con limón y sal y una infusión.
Estoy más gorda que nunca y es ahora o nunca cuando tengo que hacer algo.  Ayer dimos un paseo con la bici. 19 kms. Me cansé. Hacia mucho que no me cansaba así, muscularmente. Andar en bici es una buena manera de saber que se está demasiado gordo: te pega la barriga en los muslos con cada pedaleada. Me pregunto si eso hace un poco el efecto vibrador ese que hacen los aparatos inútiles que venden en la teletienda, que te menean todo lo que cuelga y, supuestamente te dejan como Arnold
Schwarzenegger en un periquete.

Hoy amanecí más gorda que ayer, según la hijoputa de mi báscula. Pero descubrí que los mentados alimentos "saciantes" sí te dejan burp y las recetas que te dan son, en general, sencillas y rápidas.

Cuando consiga mi objetivo ya colgaré una foto del "antes y después". No me late balconearme alope.

Wish me courage!

sábado, 28 de junio de 2014

Nueva vida



El viernes 20 por fin me hicieron la rizolisis. Fue una transición más amable que la de la infiltración, seguramente porque me pusieron sedación y no me enteré. Salí al mediodía bastante molesta, pero afortunadamente pude dormir gran parte de la tarde y lo superé más o menos bien.

Ayer, a una semana del tratamiento y con dos sesiones de rehabilitación, puedo decir que casi soy persona normal otra vez. Mi capacidad para caminar aumentó considerablemente, estoy tomando una o ninguna pastilla analgésica al día y casi hago vida normal. Es casi como respirar de nuevo.

Pero la lucha sólo acaba de empezar. Como no quiero volver a caer en una crisis semejante, me he propuesto perder todo el peso que me sobra. Y esa será mi lucha diaria de aquí en adelante. Durante esta crisis, adquirí un nuevo juguete: una Thermomix. Bizcochos, sopas y platillos nuevos y deliciosos aparte, el aparato me ha ayudado un montón a reducir calorías. En las mañanas me preparo una especie de granizados de fruta con hielo y para las noches suelo tener hechos purés de verduras con alguna proteína, como pollo o pescado. Y al mediodía como "normal", intentando siempre diseñar un menú con muchas verduras y pocos carbohidratos. En fin. Que, de momento, no quiero ponerme a contar ni a medir. Y, en esta semana corta, ya perdí un kilo. Así da gusto subirse a la báscula!

La próxima semana tengo mi primera clase de cocina con el parato (espero que pueda conseguir colarme en muchas más) y estoy emocionada. Mis aptitudes culinarias se han visto multiplicadas una barbaridad.

Y eso. Ya les iré contando de mis progresos y avances. Por lo pronto, parece que sí estaré en condiciones de que nos vayamos de vacaciones en agosto. En cuanto se confirme, les comparto los detalles. =)

jueves, 24 de abril de 2014

Una semana

Fue lo que me duró el beneficio de la susodicha infiltración. Como quien dice, nomás por cumplir. Alcancé a salir a cenar con mi mamá y una amiga. Lo pasamos bien. Después de eso he tenido días malos y días peores. Alguno de ellos me lo pasé todo el día colocada. En cuanto se me empezaba a pasar el colocón me volvía el dolor.

Ayer fuimos Juanjo y yo a Bilbao, a que me hicieran una gamagrafía ósea, que sigo sin saber lo que es. Me inyectaron una sustancia desconocida e indolora en vena y me hicieron una especie de radiografías muuuuy lentas. Después, como Juanjo se había pedido el día libre, aprovechamos para dar una vuelta por Bilbao y comprar alguna cosita.

Comimos allá y volvimos tranquilamente a Vitoria. Intentamos ir al cine, pero era "día del espectador" + vacaciones, así que el cine estaba petao y, para cuando nos tocó comprar boletos, ya sólo quedaban lugares pro-tortícolis (en las filas de hasta adelante) para la peli que queríamos ver, así que lo dejamos para una mejor ocasión. Ambos odiamos de por sí ir al cine cuando está lleno, porque el que no se la pasa hablando toda la película le suena el móvil o empieza a tirar palomitas.

Por otra parte, uno de mis días de insomnio dio mucho de si, ya que me di al gastón-gastalón en Amazon y  me compré una mesita para el ordenador que ahora me permite usarlo acostada sin tener que tener los pies apoyados, con lo que me he quitado de encima todos los pretextos que tenía para no ponerme a escribir. Ante el miedo de no conseguir salir de mi situación actual, he empezado a intentar adaptarme a mi estatus actual de la mejor manera que se me ocurre: escribiendo. Si consiguiera publicar libros, dejaría de ser un parásito y volvería a tener un propósito medio decente en la vida. Así que he empezado por dejar noticias mías por aquí, para "ir calentando".

Y ya que hablamos de libros, he de confesar que me quedé verdaderamente afectada por la muerte de Gabriel García Márquez. Pocas veces la muerte de un desconocido me afecta tanto, pero me quedé con la sensación de que la Literatura se quedó definitivamente huérfana. Y que no me malentiendan. No es que fuera mi escritor favorito ni el único al que yo leía. De hecho, de quienes tengo vicio son de autoras de chick-lit y de novela romántica, pero don Gabriel es el único que me inspira a intentar hacer mejor literatura, con más calidad y a poner en el fuego todo mi esfuerzo mental para hacer historias con algo más que relatos en los que pasan cosas. Yo diría que es el Cervantes del siglo XX. Me alegro de que le hayan dado el premio Nobel mientras estuvo vivo. Todo un acierto por parte de la humanidad.

Ya se acerca mi cumple. Ahí vayan preparando sus carteras, que como me toca al último del mes, ya está todo mundo gastado y cansado. No se vale! =P

martes, 1 de abril de 2014

Ya pasó

Sana, sana, colita de rana. Literalmente. Pero mejor pongamos esto a modo crónica, que creo que se disfruta más y se entiende mejor.

7:20 am
Me suena el despertador. Abro el ojillo rápido, alerta, casi como cuando estás a punto de cruzar el charco en avión. Reviso los avisos de mi teléfono, como hago siempre y voy al baño. Es prosaico, pero siendo honesta, es lo que me suele hacer salir de la cama. =P

Voy tranquila y relajada, porque el día anterior pasé buena tarde arreglando todo lo que había que arreglar para evitar que hoy se me hiciera tarde, como buena mexicana que soy. A las 8:10 ya estaba llamando al taxi y a las 8:20 ya estaba formada frente al mostrador del hospital. Es lo que tienen las ciudades chiquitas. De hecho, de haber estado sana, podría haber ido caminando hasta el hospital. Pero luego, de haber estado sana, no tendría a qué haber ido en primer lugar...

Enigüey, lo de los trámites se tardó porque uno de los dos ordenadores de recepción no estaba funcionando bien. Y, como en cualquier empresa que se precie, estaba UN ENFERMERO arreglando el problema. Si es que esto de estudiar enfermería en el primer mundo es otro pedo... Para rematar, luego llegó una chava a solicitar la ayuda de dicho enfermero con un GPS. Ya no hago periodismo, pero me hubiera gustado entrevistar al cuate, a ver si:

a) Estudió informática pero luego decidió que mejor se dedicaba a la enfermería
b) Estudió informática, pero como no encontraba curro, probó con la enfermería y lo usan más para arreglar computadoras, aunque esté contratado como enfermero.
c) Estudió enfermería, se le dan bien las computadoras, y en el hospital ven burro y se ahorran el sueldo del informático.

Pagué y me instruyeron para que fuera a la primera planta y siguiera el camino amarillo hasta ver al mago de Oz. En su lugar encontré una línea azul que llevaba a una sala de espera. Me senté y empecé a twittear pendejadas. Pasaron a un güey que estaba antes que yo y, como pensé que iba para largo, saqué mis audífonos para jugar al Song Pop. Pero no había terminado de twittear pendejadas cuando vinieron a buscarme, así que tuve que irme con los audífonos en la mano alope (a lo pendejo, para los no familiarizados con mi nomenclatura). Después de recorrer un buen de pasillos, llegamos a lo que parece un área de vestidores encajados con calzador en el espacio. Y ahí tienen taquillas (lockers, pa' los del otro lado del charco). Te dan una bolsa con el kit quirúrgico: una bata de las que se amarran por atrás (y si me encuentro un doctor puto en el pasillo?), un par de pantuflas y un gorrito. Me los puse y guardé todo en la taquilla. Salí y me encontré UNA silla. Me senté. Después de un rato me aburrí, así que fui a sacar mi celular. Seguí de ociosa por la red hasta que vino el hombre de verde (no, no era Hulk, aunque tenía un aire... =P) para conducirme al quirófano. Me dejó ahí con una enfermera de acento extraño que después me enteré que es totalmente ibérica: española, francesa y portuguesa. El celador que me acompañó reparó en mi celular y me lo castigó, llevándolo de regreso a la taquilla. Snif!La enfermera me hace subir a la mesa que tienen ahí, me tumba de panza y ZAZ! me abre la bata de un tirón, rompiendo el hilito (Y SI ME ENCUENTRO UN DOCTOR PUTO POR EL PASILLO, OIGA???). Me deja ahí, nalgas al aire y yo me tapo, más por el pinche frío que hace en los quirófanos que por el pudor.

Me examina la mano izquierda y decide que mejor me pone la vía en la derecha. Ahí, con confianza, que no me duele, eh??? Te puedo poner yo una a ti, para desquitarme? Se da la vuelta y siento líquido sobre la mano. Como estoy boca abajo no alcanzo a ver si es suero o sangre. Ella vuelve a mí y repara en el goteo no deseado. Aprieta un poco y aquello sigue goteando. Y me informa que quizá esté defectuosa la vía y que habrá que cambiarla. Y yo pensando: Hala! Cóbrenme otra vía y pínchame la otra mano, que al cabo que no me dolió nada ésta. Al final pudo salvar la vía. Menos mal. Yo nomás veía gotear los euros delante de mis ojos. Pasó una doctora con cara de "y esa qué hace ahí, que me toca usar a mí el quirófano?" como 3 veces antes de que viniera mi médico. Por fin le "llamaron" y se apersonó. Me preguntó que si sabía lo que me iban a hacer y le contesté que me hacía una idea, pero que no lo tenía muy claro.

Muy amable (a diferencia de cuando me ha visto en la consulta, cosa que agradezco, porque mi experiencia de trato personal en los quirófanos es más bien de sufrir malos tratos), se agachó para que pudiera verlo y me explicó que primero me iba a inyectar antiinflamatorio y otras porquerías en los alrededores de la vértebra y en el espacio entre una y otra y que luego, por el sacro, hay un "canal natural" por el que iba a meter una aguja con otras porquerías varias.

Luego se fue a la parte de atrás de donde estaba yo y le empezó a pedir a la enfermera todo lo que iba a necesitar, mientras yo observaba atentamente. Se dio cuenta de mi interés e hizo algún comentario al respecto, a lo que la enfermera contestó: "No, si está de lo más tranquila. Cuando le puse la vía estuvo ahí viendo muy relajada".

Y empezamos. Por fin. La verdad es que agradezco el poco tiempo de espera para hacer todo esto. Es lo peor de los procesos quirúrgicos. La espera. Me puso un par de agujas a ambos lados de la columna, y me pareció que iba cambiando la jeringa de una aguja a la otra, según lo que me preguntaba. Cuando terminó la cosa yo todavía estaba un poco tensa, porque no sentí cuando me quitó las agujas y creí que todavía las tenía puestas. Me di cuenta de que se había terminando cuando me informó que ahora iba por el siguiente pinchazo. Me puso varias inyecciones de anestesia local que se sintieron igual que cuando te ponen anestesia en el dentista. Y empezamos a hablar del dentista y el médico me platicó que él odia el dentista, que siempre se imagina que le van a tocar el nervio y le van a dar el calambrazo (bendita ignorancia! Yo nunca pienso en esas cosas. Eso me da una idea de por qué los médicos son los peores pacientes). Y un poco de conversación siempre distrae, hasta que te empiezan a meter cosas. No fue agradable, pero no fue tan duro como lo que he pasado con los pies. Y la verdad es que fui bastante resignada. Creo que prefiero no pensar en lo que vaya a pasar, por no hacerme ilusiones pero tampoco sufrir alope. Terminó mucho más rápido de lo que yo creí y me obsequió un par de fotos para el recuerdo, por si tengo que ir a urgencias, para que sepan lo que me hicieron.

Salió, llamaron al celador que trajo una camilla y rodé hasta ella, quedando boca arriba. Me taparon, me levantaron la cabecera y me llevaron a la zona de recuperación chocando con todos los tiliches que había en el pasillo, que eran muchos: camillas, estanterías, mesas con ruedas, cajas apiladas... Creo que los pasillos tienen la medida estándar para que circulen las camillas, siempre y cuando estén LIBRES. Pero supongo que, con el tiempo, los han ido llenando de cosas hasta tener la saturación que tienen ahorita. A la zona de recuperación le llaman "La UPI", o algo así. Es una sala abierta en donde van estacionando las camillas según van llegando. Y tienen alguna cortinilla divisoria. Te estacionan, te enchufan una pinza en el dedo que va conectada al "tutitu" y te dejan ahí a reposar, como los buenos vinos. Literalmente, porque hace un frío de la chingada. Les pedí una cobija y, por si colaba, mi celular. La cobija coló. El teléfono no. De todos modos, con la vía en la mano derecha y el tutitu en la izquierda, tampoco es que hubiera podido teclear mucho. Cuando se fue la compañera de al lado, buena onda me ofrecieron su aparato: una especie de aspiradora con manguera similar que en lugar de aspirar expele aire caliente. Te meten la manguera debajo de las cobijas y te calienta. Todo un detalle. Al menos mi lado izquierdo, que era el del tutitu, estuvo un poco más cómodo. Mi pie derecho nunca se terminó de calentar del todo. Tropical que sigue siendo una.

EL TUTITU
Ante mi aburrimiento inevitable, empecé a pensar un montón de estupideces acerca de todo lo que veía. Lo primero, el tutitu, que variaba de "pi, pi, pi" a "pu, pu, pu". Uta! El del pu, pu, pu, ya se les está muriendo, oiga. pi, pu, pi, pu, se intercalaban los aparatos. Y por atrás sonaba algún otro aparato: "pi-pu-pu", que también sonaba en el quirófano. No pude investigar lo que era. Empecé a competir al tutitu con mis compañeros de aburrimiento. Después me pusieron al lado a una señora que soltaba unas pedorretas monumentales. Su médico captó una y le echó porras. Le dijo: Muy bien, lo que no sirve hay que echarlo pa' fuera, que si no se pudre. ¿?

No sé qué le habrán hecho, pero por lo que hablaron, tenía pinta de algún chequeo anti-cáncer. Sin embargo, la mujer estaba muy animada: "yo me encuentro estupendamente", decía.

A mi izquierda le hicieron el "check-out" a otro señor. Ese, antes de irse, le preguntó a su médico: "Y ahora qué puedo comer? Alubias y lo que se tercie?". Y el médico, después de abrir demasiado los ojos, volvió a su ser y contestó diplomáticamente: "Hoy dieta blanda, dieta blanda". A lo que su paciente impaciente preguntó que qué era eso. Está visto que, donde gobierna el chuletón, lo de la dieta blanda suena a comida para astronautas en tubo de pasta de dientes. El médico, ya con menos diplomacia, contestó: "Y yo qué sé? Yo soy médico! No me dedico a la cocina! Sopita, merluza, verduritas...". Mientras yo, que lo puedo comer todo, me quedé con el antojo de las alubias. =/

Después de vaciar la sala por completo, me trajeron a un colega nuevo, como para no desanimarme de haber sido la última en irme de ahí. Me hicieron bajar de la camilla y una enfermera muy amable exclamó: "uy, se te ha roto la bata". Mis escasas reglas de educación me dijeron que estaba mal aclararle que me la había roto su compañera de un tirón despiadado en cuanto entré en el quirófano. Buena onda, me ayudó a colocarla y me cargó mis cosas hasta el vestidor para que yo pudiera cerrarme la bata. Y no, no me encontré a ningún médico puto por el pasillo. Una pena.

Me vestí y la mujer me esperó y me acompañó muy amable hasta la sala de espera, hasta cerciorarse de que había alguien que me llevara de regreso a casa. Ahí estaba mi marido precioso (como el góber, pero en guapo, blanco y de ojos verdes. Índico!), esperando incansable y paciente, con su inseparable tablet. Buena onda, me invitó a desayunar. No sin antes dejar patente lo mucho que pesaba mi mochila. Era mi vano y frustrado intento de evitar el aburrimiento, pues.

Volvimos a casa y tuve que acostarme. El resto del día no aguanté más de unos minutos sentada o de pie. Finalmente, agotada, me fui a mi cama y me dormí un rato. Luego me llamó mi madre y estuvimos muertas de risa recortando al mundo como una hora. En el ínter, muchos de mis amigos y primos estuvieron dejándome sus buenas vibras y sus recuerdos en Facebook. No tienen idea de lo mucho que esos detallitos levantan el ánimo. De verdad, muchas, muchas gracias a todos!

Por último, lo mejor del día. Oír, por primera vez, la voz de una queridísima amiga con la que llevo tiempo escribiéndome y que fue mi compañera en cuarto o quinto de primaria, tiempo durante el cual ni siquiera nos dirigimos la palabra. Morra, hablas bien chido!!! Quiero más!!! Gracias, Facebook, por regalarme de regreso tantas y tan buenas amigas que, de otra manera, no habría tenido/recuperado.

Ahora, a esperar de 3 a 5 días a que esta chingadera que me hicieron haga efecto y pueda darme a la vida alegre al menos durante un breve tiempo. Recomendación del médico, ojo!!!

Ahí en cuanto me pueda mover un poco mejor les decoro este post con alguna foto ociosa. Mientras tanto, son bienvenidos a dejarme comentarios, ocurrencias, abrazos, recomendaciones y lo que se tercie.

Gratzie mile.

domingo, 23 de marzo de 2014

Domingo

7:30 Ale viene a nuestra habitación. Quiere ver monitos. Por un momento, soy una persona normal y no me acuerdo del dolor hasta que tengo que levantarme para ir a mear. Cuando vuelvo a la cama, aprovecho y me desayuno mi cóctel de pastillas. Luego leo que ha estado nevando "copiosamente", así que me levanto de nuevo para ir a la ventana. No hay nieve, pero mis dolores ya hacen acto de presencia, recordándome que sigo castigada sin salir.

8:00 Vuelvo a la cama. Después de limpiar los avisos del teléfono intento volver a dormir. El dolor me interrumpe, pero lo consigo y despierto a las 11:30. Me duelen los pies y tengo miedo de levantarme por que me vuelva el dolor de espalda, pero tengo hambre y ganas de hacer pis. Hago acopio de valor y pongo los pies en el suelo.

Intento disfrutar de que Juanjo está en casa y me prepara el desayuno. Normalmente me aguanto el hambre o me preparo el desayuno con apretones de manos por el dolor. Juanjo se va con  Ale a comprar el pan mientras yo desayuno. Me apropio la tele y veo una peli. Cuando termina le pongo a Ale sus monitos y decido que es buen momento para teñirme el pelo. No me di cuenta de que Juanjo estaba haciendo macarrones con la intención de que comiéramos todos juntos, en familia. No se molesta por mi intromisión en sus planes y acepta que comamos con mi cabeza llena de tinte. Y me ayuda a teñirme la parte de atrás.

Después de comer me meto a bañar. Todo un logro para mí hacer todo eso de un tirón y sin mariguana. Cuando salgo de bañarme ya me duele la espalda y me tomo el tercer y cuarto Zaldiares del día. Pero me llega el cuerpo para ponerme mascarilla facial y veo la recompensa. Tanto, que desisto en mis intenciones de arreglarme la cara.

Un rato después de sentarme "en mi lugar" frente a la tele, me veo en la necesidad de pegar la primera calada del día. Pero, una vez más, he ganado la carrera de arreglarme el cabello. 15 días más sin parecer una viejita.

Paso la tarde tranquila, viendo la tele, y empacándome la ración de chocolate de todo el año. Dicen que con la María baja la glucosa. Yo no sé, pero me voy a poner como un camión, entre la Lyrica, la mota y el ocio...

10:00 Me voy a la cama con la bonita sensación de haber hecho algo de provecho, aunque con todos mis dolores, que cada día son más.

sábado, 22 de marzo de 2014

Bucket list (for real)

I 1. Poder levantarme en las mañanas, emocionada por algo, sin que se interponga el dolor y me quite cualquier atisbo de felicidad que se me haya metido en la cabeza.
2. Salir a pasear sin esfuerzo.
3. Poder estar sentada para escribir, coser, pintar y, sobre todo, para comer con placer y no sólo por necesidad.
4. No sentir dolor.
5. Terminar mi novela de vampiros. (Y forrarme, como J. K. Rowlling o Stephenie Meyer =P).
6. Volver a cocinar, inventar recetas y comer todos sano.
7. Estar ocupada.

Continuará?

viernes, 21 de marzo de 2014

Wishes

Como estoy harta de no poder hacer planes ni soñar, hoy decidí que voy a hacer mi lista de cosas que quiero hacer cuando me componga. Cualquier idea o contribución es bienvenida. =D

1. Aprender a bucear.
2. Irme de crucero (preferentemente por el Caribe, Patagonia o Mediterráneo)
3. Terminar mi novela de vampiros
4. Escribir la novela de la historia de mi familia.
5. Ir a un concierto de Crowded House.
6. Visitar uno de los spa de Clarins de Madrid.
7. Ir a Normandía.
8. Ir al October Fest.
9. Ir a Praga en Invierno para ver cómo funcionan los rompehielos.
10. Ir a Legoland (Gunzburgo, Alemania).
11. Volver a Guadalajara.
12. Darle más a la fotografía (con el celular y, si me cae, con una cámara compacta de pantalla abatible con RAW).
13. Jugar al Disparates con toda la banda.
14. Visitar las ballenas en Los Cabos.

Por el momento, son las que se me ocurren. Creo que tendré que ir comprando Euromillón... =/

Chances are...