Ayer celebraron el Carnaval en el cole de Ale. Tuvo que ir disfrazado de payaso, cosa que no quería. Le puse la camisa que le hice a la fuerza y me quedé con el cargo de conciencia de hacerle pasar un mal rato por una tontería como esa. Al fin y al cabo yo tampoco querría ir disfrazada de payaso. =S
Pero soy madre primeriza. En la mañana y con prisas no soy capaz de elegir la opción más "lógica". Es decir, usando el sentido común creo que no tiene ninguna trascendencia que vaya disfrazado o no. No ir disfrazado tiene la posible consecuencia de desentonar con el resto de la clase. Pero quizá Ale hubiera preferido eso a ir disfrazado. Me parece una lástima que los niños pasen un mal rato simplemente porque no tienen las herramientas suficientes para comunicarse, que creo que es este caso. Porque podría haberle preguntado lo que prefería según las consecuencias, pero no creo que sea capaz de entender del todo el alcance de las mismas.
Por otra parte, imperó mi obsesiva necesidad de seguir las reglas y el colegio dictaba que había que ir disfrazado de payaso. =/
Total, que como en la mañana me sentí razonablemente bien, decidí animarme a ir a ver la actuación de mi niño vestido de payaso. Cuando volví de dejarlo no había lugar y, como Juanjo iba a ir a recogerlo, me di cuenta de que no iba a necesitar más el coche, así que lo guardé en el garaje. Y me fui al colegio caminando. Es un paseo de poco más de kilómetro y medio, ida y vuelta. Llovía y hacía viento. Cuando llegué, había apiñados junto a la reja de entrada del colegio un cúmulo de paraguas, abrigos con capucha y cabezas medio mojadas. Los niños salieron, por fin abrieron la reja y entramos todos apiñados, cual ovejas entrando al redil. Los niños cantaron un par de canciones en euskera. Yo intenté acomodarme en todos los rincones disponibles, pero no conseguí ver nada. Al menos no a mi niño. Al final, algunos padres cruzaron la barrera que habían dispuesto en la escuela y accedieron a que los demás hiciéramos lo mismo. Conseguí encontrar a Ale y le propuse que se pusiera la peluca que le había comprado. Puso cara de resignación y accedió. Lo habían maquillado en el cole. Le saqué unas 5 fotos, a cual más de inservibles, ya que Ale estaba formado en la fila y lo hacían avanzar hacia su salón, mientras yo disparaba con mi celular al tun-tun, porque no me quedó de otra. Era eso o nada.
Cuando entró, paseé la mirada por las instalaciones y no había ninguna de las madres con las que suelo estar, que estaban varias cuando llegué. Así que volví sola a casa. A medio camino empecé a desacelerar el paso. A los pocos metros empecé a arrastrar los pies. Decidí hacer un pequeño desvío hacia un estanco para comprar encendedores y gasolina para mi Zippo, que entre velas y mariguana ya no me quedaban más que cerillos de madera que, aunque me gusta usarlos, son colección de todos mis andares por Europa y me gusta guardarlos. Llegué al estanco a paso de viejito y volví a casa a paso de maratonista principiante que lucha patéticamente por llegar a la meta.
Cuando conseguí entrar por la puerta ya me escurrían las lágrimas. Me dolía la espalda, la cadera, las piernas, las rodillas y, sobre todo, los pies. De cadera hacia abajo me dolía prácticamente todo. Mucho. Me quité los zapatos y los pantalones, que estaban húmedos, agarré mi "stash" y di un par de caladitas. No se me quitó del todo el dolor, pero se me calmó bastante. No quise fumar más por temor a agarrarme otro colocón de esos que no me gustan, porque todavía tenía que ir al centro a que me hicieran una radiografía de la muñeca derecha, que no termina de arreglarse, después de la última lesión que me hice. En octubre. =S
Pensé en llamar a un taxi, pero al final me hice la valiente y me fui en tranvía. Contando las calles que hay que cruzar, pongamos que son un par de cuadras desde la entrada a mi casa hasta la parada del tranvía. Y otras 3 de la parada en el centro hasta el ambulatorio. La espera ahí, que fue poca, fue una tortura. No soportaba estar sentada ni de pie. Al salir, tuve que caminar unos 20 metros hasta el primer taxi en la parada. Otro derroche de heroísmo y fortaleza desapercibidos. Sentía todos los baches y bordecitos por los que pasaba el taxi.
Llegué a casa derrotada y con mis fuerzas totalmente extintas. Ya no quería saber nada de luchar, de tomar más mierdas, de estar drogada todo el tiempo y con dolor por todos lados todo el tiempo. Tampoco quería saber nada de ser una carga a la que hay que cuidar, atender y dar de comer, porque ahora sí estoy confinada a la cama. Y me entra el pánico de que esta situación sea ya permanente. Queda la esperanza de que todo esto sea provocado por la menstruación, que se supone está por caer. O de que se trate de una recaída de las que mencionó el quiropráctico. Pero la verdad es que NUNCA había estado tan mal por un paseíto estúpido de nada. Hoy estoy un poco mejor. Pero me desperté a las 6 y ya no me pude dormir porque los pies me dolían mucho. Como si hubiera subido el Gorbea. No voy al monte desde que conseguí que Juanjo se concientizara de que mi dolor de pies era real y no quejumbres por cansancio. La última vez que fui recuerdo que bajé mentando madres por el dolor, intentando poner cara de "no pasa nada", porque parecía que me inventaba el dolor, o que todos lo tenían y lo llevaban bien. Y eso fue en 2003 ó 2004, no lo sé. Hace ya tanto tiempo...
Una de las cosas que me atrajo de este lugar fue, precisamente, la posibilidad de visitar bosques de cuentos de hadas, paisajes de montañas de ensueño que no existen en México. Al final sólo me he quedado con el frío, el viento y la lluvia, que son casi permanentes en esta ciudad. Y el dolor.
Llevo tomando analgésicos desde que tenía 13 años y empiezo a ver que ya no me hacen efecto. Mientras, los médicos que consulto se quedan con cara de póker y salgo casi igual que como entré. Sin respuestas, sin esperanzas, sin soluciones. Me duele mucho pensar en que quizá no pueda volver a pisar suelo mexicano, que no me despedí de mis paisajes de nacimiento como es debido, que tengo muchos proyectos inacabados que no puedo terminar y que tengo un niño que crece y me lo pierdo a pesar de no salir a trabajar.
Lo siento, pero no puedo más. Estoy cansada. Porque ni siquiera sé en contra de qué estoy luchando. Si hay salida o si solamente es el túnel hacia el cual vamos todos en algún momento de la vida. Estoy harta de tener mi vida en "stand by", atorada en la nada, sin posibilidad de hacer planes o de tener sueños ni metas, aparte de quitarme de encima la mierda de dolor perpetuo.
Lo sé. Todo esto es un discurso derrotista. Me vale madres. Ya me cansé. No quiero más. El que quiera verme que venga a mi casa. Y el que no, que tenga bonita vida. Si tengo alguna noticia contundente, intentaré despedirme como es debido, dentro de mis posibilidades. Y si no, supongo que simplemente un día dejaré de escribir...
Y, si consigo salir de esta mierda, intentaré terminar mis proyectos y volver a mi tierra a despedirme como es debido. Y cada vez que vaya, despedirme como es debido, porque ahora sé que nunca se sabe si voy a poder volver.