domingo, 23 de marzo de 2014

Domingo

7:30 Ale viene a nuestra habitación. Quiere ver monitos. Por un momento, soy una persona normal y no me acuerdo del dolor hasta que tengo que levantarme para ir a mear. Cuando vuelvo a la cama, aprovecho y me desayuno mi cóctel de pastillas. Luego leo que ha estado nevando "copiosamente", así que me levanto de nuevo para ir a la ventana. No hay nieve, pero mis dolores ya hacen acto de presencia, recordándome que sigo castigada sin salir.

8:00 Vuelvo a la cama. Después de limpiar los avisos del teléfono intento volver a dormir. El dolor me interrumpe, pero lo consigo y despierto a las 11:30. Me duelen los pies y tengo miedo de levantarme por que me vuelva el dolor de espalda, pero tengo hambre y ganas de hacer pis. Hago acopio de valor y pongo los pies en el suelo.

Intento disfrutar de que Juanjo está en casa y me prepara el desayuno. Normalmente me aguanto el hambre o me preparo el desayuno con apretones de manos por el dolor. Juanjo se va con  Ale a comprar el pan mientras yo desayuno. Me apropio la tele y veo una peli. Cuando termina le pongo a Ale sus monitos y decido que es buen momento para teñirme el pelo. No me di cuenta de que Juanjo estaba haciendo macarrones con la intención de que comiéramos todos juntos, en familia. No se molesta por mi intromisión en sus planes y acepta que comamos con mi cabeza llena de tinte. Y me ayuda a teñirme la parte de atrás.

Después de comer me meto a bañar. Todo un logro para mí hacer todo eso de un tirón y sin mariguana. Cuando salgo de bañarme ya me duele la espalda y me tomo el tercer y cuarto Zaldiares del día. Pero me llega el cuerpo para ponerme mascarilla facial y veo la recompensa. Tanto, que desisto en mis intenciones de arreglarme la cara.

Un rato después de sentarme "en mi lugar" frente a la tele, me veo en la necesidad de pegar la primera calada del día. Pero, una vez más, he ganado la carrera de arreglarme el cabello. 15 días más sin parecer una viejita.

Paso la tarde tranquila, viendo la tele, y empacándome la ración de chocolate de todo el año. Dicen que con la María baja la glucosa. Yo no sé, pero me voy a poner como un camión, entre la Lyrica, la mota y el ocio...

10:00 Me voy a la cama con la bonita sensación de haber hecho algo de provecho, aunque con todos mis dolores, que cada día son más.

sábado, 22 de marzo de 2014

Bucket list (for real)

I 1. Poder levantarme en las mañanas, emocionada por algo, sin que se interponga el dolor y me quite cualquier atisbo de felicidad que se me haya metido en la cabeza.
2. Salir a pasear sin esfuerzo.
3. Poder estar sentada para escribir, coser, pintar y, sobre todo, para comer con placer y no sólo por necesidad.
4. No sentir dolor.
5. Terminar mi novela de vampiros. (Y forrarme, como J. K. Rowlling o Stephenie Meyer =P).
6. Volver a cocinar, inventar recetas y comer todos sano.
7. Estar ocupada.

Continuará?

viernes, 21 de marzo de 2014

Wishes

Como estoy harta de no poder hacer planes ni soñar, hoy decidí que voy a hacer mi lista de cosas que quiero hacer cuando me componga. Cualquier idea o contribución es bienvenida. =D

1. Aprender a bucear.
2. Irme de crucero (preferentemente por el Caribe, Patagonia o Mediterráneo)
3. Terminar mi novela de vampiros
4. Escribir la novela de la historia de mi familia.
5. Ir a un concierto de Crowded House.
6. Visitar uno de los spa de Clarins de Madrid.
7. Ir a Normandía.
8. Ir al October Fest.
9. Ir a Praga en Invierno para ver cómo funcionan los rompehielos.
10. Ir a Legoland (Gunzburgo, Alemania).
11. Volver a Guadalajara.
12. Darle más a la fotografía (con el celular y, si me cae, con una cámara compacta de pantalla abatible con RAW).
13. Jugar al Disparates con toda la banda.
14. Visitar las ballenas en Los Cabos.

Por el momento, son las que se me ocurren. Creo que tendré que ir comprando Euromillón... =/

Chances are...

jueves, 20 de marzo de 2014

Sólo puedo estar colocada

Llevo muchos días resistiéndome a escribir, intentando evadirme, intentando negar la realidad. Hoy es mi segundo día colocada. No me gusta estar así, pero el dolor se ha vuelto constante e insoportable. Hoy tuve que sacar fuerzas de donde ya no las hay para poder vestir a Ale, darle de desayunar y llevarlo a colegio. En coche. Una de mis cosas favoritas en el mundo es manejar. El dolor no me deja ninguna alternativa que no sea desplazarme en coche, en una ciudad altamente rediseñada para favorecer la vida peatonal. Y eso que tanto me gusta y que me veo obligada a hacer todos los días no puedo disfrutarlo, porque también lo hago con dolor. Me duele la espalda mientras estoy sentada tras el volante, y me duele el pie derecho al pisar el acelerador y, sobre todo, el freno. Me veo obligada a abusar del freno de mano automático del coche y lo uso siempre que me toca el alto, con tal de poder descansar de empujar con el pie, en trayectos que normalmente no duran ni diez minutos.
Hoy es mi segundo día instalada por completo en el sofá, porque está la tele delante. Me llegó a MI CASA un sérum de Clarins, el más caro de los que uso, sin haberlo pedido, GRATIS. Supongo que será algún error y ya llamé a mi tocaya del Corte Inglés, por si se le han descuadrado las cuentas. Me imagino que, aunque sea un error, me dirán que me lo quede, pero aun así no puedo disfrutarlo, porque eso me lleva a acordarme de que hoy no me he maquillado, cosa que también disfruto mucho, porque soy como una chica Avón, pero con Clarins. Si Clarins abriera una faceta de mujeres que van por ahí con el muestrario, yo podría ponerme a trabajar inmediatamente, porque tengo casi todo el catálogo. Pero hoy no me he maquillado porque tendría que bañarme. Y no me he bañado porque estoy cansada y me he rendido y es demasiado el esfuerzo de bañarme y ponerme mis cremas, uno de los pocos placeres que me quedaban.
Y en la tele veo un montón de gilipollas sanos que lo único que hacen es intentar partirse la crisma una y otra vez, preocupando a la gente que los quiere y demostrando que la ley de Darwin es una gran mentira. Porque, bajo esa misma ley, yo ya tendría que estar muerta. Ya no soy útil para nada. Y aquí sigo, quizá en parte por mi renuencia a tomar antiinflamatorios, pero es que me niego rotundamente a agonizar durante muchos años haciéndome diálisis. Prefiero entregar el equipo con algo más amable, como el colesterol.
Mientras estoy colocada ("high", para los del otro lado del charco) con mariguana, mi cuerpo se contrae de la cintura, el abdomen y muchas de mis partes en reposo, como si tuviera conectado alguno de esos aparatos que anuncian para sacar músculos y perder grasa a base de contracciones eléctricas. Tengo como 3 teorías sobre el origen de dichas contracciones:
1. Mi cerebro está confundido y manda señales constantes de movimientos "involuntarios", como los que sufren quienes padecen Parkinson, para demostrarle a sí mismo que todavía tiene el control, en medio de toda esa confusión mariguana. 
2. La mariguana, de hecho, produce Parkinson, o mini-epilepsia, o algo parecido. Sin embargo, los síntomas desaparecen con la actividad, lujo que no me puedo permitir, porque el colocón me deja cómoda en reposo, pero con la actividad sigo percibiendo los dolores, tanto en los pies como en la espalda.

3. Estoy perdiendo neuronas bien cabrón.
Me disculpo con la gente que me quiere y se preocupa por mí por escribir todas estas cosas y preocuparlos todavía más, pero este blog es principalmente para desahogarme y eso necesito hacer. En mi defensa, ya no lo anuncio en Facebook.
Esta semana estuve con el médico de cabecera. Me revisó los pies y me confesó, de manera amable y cálida (cosa rara en un médico) que es probable que el problema con mis pies no tenga solución, que es un asunto muy complicado. Pero creo que mi mayor problema es la falta de empatía de los médicos que me han visto y que,  en general, sólo soy un expediente más que ni siquiera estudian con atención.
Creo que tengo hambre. No desayuné. Aparte del montón de pastillas con las que empiezo el día, sólo me he metido un Actimel y un café para compensar un poco el colocón. Al menos me ha mantenido despierta y me ha dado la fuerza necesaria para ponerme a escribir, aunque sea en el tablet.
Ya instalé la aplicación en mi celular también, por si necesito escribir fuera de casa (si es que vuelvo a salir algún día).
Es increíble el gran tesoro que puede llegar a ser el tonto hecho de caminar y estar sentado sin dolor. Yo ya no tengo ese privilegio. Y tampoco el de la cordura. Siempre estoy atontada por el dolor o por las drogas. Espero que lo siguiente no sea estar atontada por ambas cosas.

lunes, 3 de marzo de 2014

Y mis fotos felices?

En la mesita del pasillo de mi casa hay un marco dijital que tiene fotos más bien de mis primeros tiempos en Vitoria y de Ale. Muchas de ellas son de cuando Juanjo y yo éramos "sólo una pareja" y son todas fotos felices de viajes y paseos que hicimos juntos. Y me entra la morriña de aquellos tiempos, no sólo por los lugares que hemos visitado, sino por el placer mismo de planear viajes y hacerlos. En mis circunstancias actuales no puedo hacer ningún tipo de planes, porque nunca sé cómo voy a estar y, aunque suene pesimista, casi siempre estoy mal.
Por lo menos, desde la semana pasada ya casi no salgo de la cama. Ayer estuve casi todo el día con dolor menstrual y la regla sigue brillando por su ausencia. La sangre es lo de menos! Lo que quiero es no tener los putos síntomas, joder!!!
Pero bueno. Ya tengo los resultados de todas las resonancias y radiografías que me han hecho. Y acabamos de hacer la cita con el médico para el día 12. Curiosamente, un mes exacto después de la primera cita. Y eso por lo privado, desembolsando una cantidad obcena de euros, sobre todo por las pruebas.
Hoy tuve que salir a llevar a Ale no al cole, pero sí a "colonias", que es como le llaman aquí a las guaderías provisionales que organizan en colegios y algunos clubes deportivos para cuando no hay clases y son días laborales. A cuenta de los carnavales, no hay clase ni hoy ni mañana, así que lo apuntamos. Parece que se lo pasó muy bien. No había muchos niños y sí muchas actividades. Lo tenían bien organizado. Para cuando llegamos a las 9 el castillo hinchable ya estaba montado y todo.
Al salir de dejar a Ale me fui a tomar un café con una de las madres del cole con la que me llevo muy bien. Luego, en casa, fui al súper con mucho esfuerzo a comprar paté para hacerle sándwiches a Ale. Luego al pan y a la farmacia, a resurtirme de porquerías. En casa desayuné y me fui a recoger los resultados de las resonancias, ya con la muleta. El pie derecho me duele mucho y me ayuda bastante tener un apoyo para descargar un poco ese pie. Al rato tengo cita con el médico de cabecera para que me revise la muñeca derecha. Se supone que ya puede ver en su computadora las radiografías que me hicieron el viernes.
En fin. No es nada entusiasmante que la agenda sólo esté llena de citas médicas y que todos mis esfuerzos se dediquen a llevar a Ale al colegio y a desplazarme hacia donde me revisan para seguir en la misma inopia. =/

sábado, 1 de marzo de 2014

Recaída, SPM o empeoramiento?

Ayer celebraron el Carnaval en el cole de Ale. Tuvo que ir disfrazado de payaso, cosa que no quería. Le puse la camisa que le hice a la fuerza y me quedé con el cargo de conciencia de hacerle pasar un mal rato por una tontería como esa. Al fin y al cabo yo tampoco querría ir disfrazada de payaso. =S

Pero soy madre primeriza. En la mañana y con prisas no soy capaz de elegir la opción más "lógica". Es decir, usando el sentido común creo que no tiene ninguna trascendencia que vaya disfrazado o no. No ir disfrazado tiene la posible consecuencia de desentonar con el resto de la clase. Pero quizá Ale hubiera preferido eso a ir disfrazado. Me parece una lástima que los niños pasen un mal rato simplemente porque no tienen las herramientas suficientes para comunicarse, que creo que es este caso. Porque podría haberle preguntado lo que prefería según las consecuencias, pero no creo que sea capaz de entender del todo el alcance de las mismas.

Por otra parte, imperó mi obsesiva necesidad de seguir las reglas y el colegio dictaba que había que ir disfrazado de payaso. =/

Total, que como en la mañana me sentí razonablemente bien, decidí animarme a ir a ver la actuación de mi niño vestido de payaso. Cuando volví de dejarlo no había lugar y, como Juanjo iba a ir a recogerlo, me di cuenta de que no iba a necesitar más el coche, así que lo guardé en el garaje. Y me fui al colegio caminando. Es un paseo de poco más de kilómetro y medio, ida y vuelta. Llovía y hacía viento. Cuando llegué, había apiñados junto a la reja de entrada del colegio un cúmulo de paraguas, abrigos con capucha y cabezas medio mojadas. Los niños salieron, por fin abrieron la reja y entramos todos apiñados, cual ovejas entrando al redil. Los niños cantaron un par de canciones en euskera. Yo intenté acomodarme en todos los rincones disponibles, pero no conseguí ver nada. Al menos no a mi niño. Al final, algunos padres cruzaron la barrera que habían dispuesto en la escuela y accedieron a que los demás hiciéramos lo mismo. Conseguí encontrar a Ale y le propuse que se pusiera la peluca que le había comprado. Puso cara de resignación y accedió. Lo habían maquillado en el cole. Le saqué unas 5 fotos, a cual más de inservibles, ya que Ale estaba formado en la fila y lo hacían avanzar hacia su salón, mientras yo disparaba con mi celular al tun-tun, porque no me quedó de otra. Era eso o nada.

Cuando entró, paseé la mirada por las instalaciones y no había ninguna de las madres con las que suelo estar, que estaban varias cuando llegué. Así que volví sola a casa. A medio camino empecé a desacelerar el paso. A los pocos metros empecé a arrastrar los pies. Decidí hacer un pequeño desvío hacia un estanco para comprar encendedores y gasolina para mi Zippo, que entre velas y mariguana ya no me quedaban más que cerillos de madera que, aunque me gusta usarlos, son colección de todos mis andares por Europa y me gusta guardarlos. Llegué al estanco a paso de viejito y volví a casa a paso de maratonista principiante que lucha patéticamente por llegar a la meta.

Cuando conseguí entrar por la puerta ya me escurrían las lágrimas. Me dolía la espalda, la cadera, las piernas, las rodillas y, sobre todo, los pies. De cadera hacia abajo me dolía prácticamente todo. Mucho. Me quité los zapatos y los pantalones, que estaban húmedos, agarré mi "stash" y di un par de caladitas. No se me quitó del todo el dolor, pero se me calmó bastante. No quise fumar más por temor a agarrarme otro colocón de esos que no me gustan, porque todavía tenía que ir al centro a que me hicieran una radiografía de la muñeca derecha, que no termina de arreglarse, después de la última lesión que me hice. En octubre. =S

Pensé en llamar a un taxi, pero al final me hice la valiente y me fui en tranvía. Contando las calles que hay que cruzar, pongamos que son un par de cuadras desde la entrada a mi casa hasta la parada del tranvía. Y otras 3 de la parada en el centro hasta el ambulatorio. La espera ahí, que fue poca, fue una tortura. No soportaba estar sentada ni de pie. Al salir, tuve que caminar unos 20 metros hasta el primer taxi en la parada. Otro derroche de heroísmo y fortaleza desapercibidos. Sentía todos los baches y bordecitos por los que pasaba el taxi.

Llegué a casa derrotada y con mis fuerzas totalmente extintas. Ya no quería saber nada de luchar, de tomar más mierdas, de estar drogada todo el tiempo y con dolor por todos lados todo el tiempo. Tampoco quería saber nada de ser una carga a la que hay que cuidar, atender y dar de comer, porque ahora sí estoy confinada a la cama. Y me entra el pánico de que esta situación sea ya permanente. Queda la esperanza de que todo esto sea provocado por la menstruación, que se supone está por caer. O de que se trate de una recaída de las que mencionó el quiropráctico. Pero la verdad es que NUNCA había estado tan mal por un paseíto estúpido de nada. Hoy estoy un poco mejor. Pero me desperté a las 6 y ya no me pude dormir porque los pies me dolían mucho. Como si hubiera subido el Gorbea. No voy al monte desde que conseguí que Juanjo se concientizara de que mi dolor de pies era real y no quejumbres por cansancio. La última vez que fui recuerdo que bajé mentando madres por el dolor, intentando poner cara de "no pasa nada", porque parecía que me inventaba el dolor, o que todos lo tenían y lo llevaban bien. Y eso fue en 2003 ó 2004, no lo sé. Hace ya tanto tiempo...

Una de las cosas que me atrajo de este lugar fue, precisamente, la posibilidad de visitar bosques de cuentos de hadas, paisajes de montañas de ensueño que no existen en México. Al final sólo me he quedado con el frío, el viento y la lluvia, que son casi permanentes en esta ciudad. Y el dolor.

Llevo tomando analgésicos desde que tenía 13 años y empiezo a ver que ya no me hacen efecto. Mientras, los médicos que consulto se quedan con cara de póker y salgo casi igual que como entré. Sin respuestas, sin esperanzas, sin soluciones. Me duele mucho pensar en que quizá no pueda volver a pisar suelo mexicano, que no me despedí de mis paisajes de nacimiento como es debido, que tengo muchos proyectos inacabados que no puedo terminar y que tengo un niño que crece y me lo pierdo a pesar de no salir a trabajar.

Lo siento, pero no puedo más. Estoy cansada. Porque ni siquiera sé en contra de qué estoy luchando. Si hay salida o si solamente es el túnel hacia el cual vamos todos en algún momento de la vida. Estoy harta de tener mi vida en "stand by", atorada en la nada, sin posibilidad de hacer planes o de tener sueños ni metas, aparte de quitarme de encima la mierda de dolor perpetuo.

Lo sé. Todo esto es un discurso derrotista. Me vale madres. Ya me cansé. No quiero más. El que quiera verme que venga a mi casa. Y el que no, que tenga bonita vida. Si tengo alguna noticia contundente, intentaré despedirme como es debido, dentro de mis posibilidades. Y si no, supongo que simplemente un día dejaré de escribir...

Y, si consigo salir de esta mierda, intentaré terminar mis proyectos y volver a mi tierra a despedirme como es debido. Y cada vez que vaya, despedirme como es debido, porque ahora sé que nunca se sabe si voy a poder volver.