miércoles, 26 de febrero de 2014

Piropos que levantan el ánimo

Llevo varios días encadenados "malos". Desde el viernes pasado que me dio una contractura más o menos a la altura de la L1-L3 y tuvimos que llamar a urgencias porque no me podía mover. Me inyectaron Nolotil y, con todo el dolor de mi corazón, volví al Enantyum durante unos días. Porque justo estaba consiguiendo quitarme el dolor de una úlcera de duodeno, seguramente provocada por dicho antiinflamatorio. Total, que salí de la contractura, pero volvieron todos mis dolores habituales (pies y espalda) con mucha enjundia.

Me paso la mañana medio borracha por la Lyrica y con dolor de espalda. Ayer, de la desesperación, di cuatro caladitas a mi "hierbita". Como si me hubieran inyectado en vena, a los pocos segundos el dolor había desaparecido. Pero como a la media hora empezó un colocón muy desagradable. Empiezo a entender el porqué del uso recreativo. Es cierto que aprecias las cosas con mayor intensidad. Pero no puedes (al menos yo) meterte en cosas demasiado serias. Ayer me anclé al canal NatGeo Wild, que pone casi puros animalitos, y pasé un rato sorprendiéndome con lo que ahí mostraban. El HD+Colocón tiene su cosa. Pero es muy desagradable porque me da la sensación de que no soy capaz de controlar lo que vaya a hacer o decir y me da miedo hacer o decir algo que no deba y mostrarme como una desagradable drogadicta. =/

El caso es que hoy estuve despertando intermitentemente toda la madrugada y, cuando Juanjo se levantó a las 6, agarré mi celular y me puse a contestar chorradas en FB. Y, como mi madre estaba conectada, platiqué un ratito con ella por messenger. Así que ya no me dormí. Aproveché el tiempo extra para arreglarme un poquito y estar más presentable.

Cuando volví a casa, después de dejar a Ale en el colegio, fui al pan y luego a la farmacia. Y al pasar por delante del bar que está debajo de mi casa me encontré con un par de "borrachuzos" (no eran ni las 10 de la mañana y ya estaban con sendas copas coñaqueras de contenido sepia (desconozco lo que estaban tomando, pero tenía toda la pinta de "pelotazo matutino"). Los vi y seguí con mi camino cuando uno de ellos me suelta un descarado "Hooolaaaaaa!". Como buena señora casada y respetable hice caso omiso de su saludo, pero la verdad es que me levantó mucho el ánimo. Es sumamente raro y exótico que por estos lares los señores intenten ligar, así que el piropo tiene más valor que el que pueda tener cualquiera de Guadalajara. Esto quiere decir que, jodida, borracha y todo, todavía llamo la atención. Con mi corte de cabello "cómodo" porque no me da el cuerpo para peinarme como es debido y mi maquillaje rápido del diario, aunque un poco más elaborado de lo habitual, sí.

Mi madre me dio la buena noticia de que encontró los cassettes de la entrevista que le hice a mi Abuela acerca de nuestros antepasados, porque durante algunos años tuve el proyecto de hacer una novela con todas esas historias. El proyecto se quedó archivado debido a mi imposibilidad de ir a Ahualulco a investigar algunos datos históricos, como fechas de los Cristeros y la Revolución, cuando llegó la electricidad y el tren a esos lugares, cómo era la vida antes de la llegada de esa tecnología, etc. Cosas de ambientación ya que, aunque va con el fin de entretener, no deja de ser una novela histórica, aunque no hable de ningún personaje "célebre o conocido".

Pero bueno, si el cuerpo me da, con la tecnología que hay ahora igual puedo contactar con alguien que me facilite esos datos. Con hacer el intento sólo pierdo tiempo. Y básicamente es lo que hago últimamente. Perder el tiempo acostada, intentando estar entretenida para no pensar en lo que me pasa, que no salgo, que los meses pasan y yo sigo torturada por el dolor constante y por las medicinas que me recetan y me quitan lucidez.

Ahora tengo que hacer el esfuerzo de fingir que soy una persona sana y normal y terminar de configurarle a Ale su disfraz de payaso que pidieron para el Carnaval. En ese sentido, me entra un poco la culpa, porque mi señor padre puso el listón muy alto cuando yo era niña. Pero claro, él era un artista. Pintaba al óleo y todo. De hecho, el olor del aguarrás de los estudios de pintura me resulta agradable, porque me transporta al estudio de mi padre, que siempre estaba con algún proyecto. Viendo todo esto, cuesta creer que fuera una persona tan torturada por su pasado, su madre, su vida, su educación y su manera de pensar versus el encanto de mi madre. Y, aunque sólo fueron cinco años y en cierta forma su manera de ser conmigo me perjudicó, me siento afortunada de haberlo conocido y de haber podido disfrutar "su lado bueno". Tengo recuerdos de cómo me enseñó a iluminar: "no te salgas de la ralla", me decía. Y me entraba una culpa enorme cuando algún ralloncito se salía de la figura. De hecho, todavía me sigue incomodando. Y no alcanzo a distinguir si eso es por sus instrucciones precisas o por mis afanes perfeccionistas.

En fin. Gracias, señor borrachuzo, por hacerme el día. Y disculpe mi malas maneras por no haber correspondido a su cordial saludo, pero suelo huir de las situaciones que implican peligro varonil. No es nada personal. =P

sábado, 22 de febrero de 2014

Extras

"De normal" tengo: dolor de pies y dolor de espalda en la región lumbar. Pueden ser intermitentes o permanentes durante algún tiempo. Pero SIEMPRE está ahí alguno de los dos. Son como una madre coñazo, de esas que no te dejan ni a sol ni a sombra y tienen que saber hasta si lo que has dejado en el excusado era "normal" o aguado o te preparan algo para combatir el extreñimiento.

Y luego está lo que yo llamo "extras" que, en una persona "normal" podrían ser las cosas que se agarra cualquier ser humano con un sistema inmunitario normalito: catarros, gastroenteritis, lesiones tontas, etc. En mi caso, esos extras a veces representan la diferencia entre quedarme en cama permanentemente o alternar entre el sofá, la cama y alguna actividad sencillita, como llevar a Ale al colegio.

Y, de unos días a la fecha, hay que agregar la llegada de un nuevo elemento: la Lyrica. Me mejora un poco lo de los pies, o un mucho durante unas horas. Pero hay que sumarle una borrachera como si, con mi aguante alcoholero, que es mucho, me hubiera metido entre pecho y espalda unas 3 ó 4 copas de vino y alguna cervecita. Es, sobre todo, un leve mareo y algún apendejamiento extraño. Todo lo del alcohol, menos la euforia, la alegría y el cariño que surge con el aturdimiento. O sea, no voy por la calle queriendo a todo el mundo como si lo conociera de toda la vida.

Ayer en la mañana hice alguna cosa pendiente y urgente, pero nada extraordinario. Guardé el coche en el garaje y volví a casa con la intención de desayunar y terminar de arreglarme para irme al centro a buscar más adminículos para la preparación de mis infusiones medicinales. Era "Izaskun Day" (o sea, que la mujer que me hace la vida más fácil, agradable y relajada, viene a casa a arreglar todos mis destrozos y cochineros) y la heroína en cuestión me disuadió de mi paseo citadino porque ella misma me podía conseguir lo que yo estaba dispuesta a ir a buscar con un resultado incierto (que no sabía si iba a encontrar o no). Y, como veía que mis dolores iban en aumento, sumados a mi nueva amiga la borrachera Lyrica, acepté su ayuda y me apoltroné en mi sofá a ver la tele.

En la tarde empecé a estar mal, pero no atinaba a saber de dónde ni por qué. Cuando despertó Ale de su siesta fui a su cuarto y noté mucha dificultad para moverme, pero el dolor no estaba en el mismo lugar de siempre, sino un poco más arriba. Y, como buen dolor "nuevo", no le hice caso hasta que me tiré en la cama y ya no me pude mover y no me quedó más remedio que llorar al alcanzar mi umbral del dolor su nivel máximo de cordura. Tuve que llamarle a Juanjo al móvil porque no me oía cuando le hablaba y tampoco me quería soltar a gritos. Vino, me vio y llamó al número de urgencias del servicio médico.

Para esto, entre mis últimos "extras" está un dolor de úlcera con el que llevo casi toda la semana, motivo por el cual dejé todas mis drogas calmantes (tomo otras porquerías varias que son "de cajón" y que, supuestamente, no representan agresiones a mi sistema digestivo) y, quizá, razón por la que surgieron todo tipo de dolores, grandes, medianos y pequeños, por todo mi cuerpo. Creo que me duelen cosas que ni siquiera sabía que podían doler. A todo esto, hay dos sitios principales para tener una úlcera: "arriba", en la región que une el estómago con el esófago, que se conoce como "esofaguitis", y abajo, en la región que une el estómago con el intestino, que si no entiendo mal es el duodeno (Peter Griffin: Ay, qué dolor de duodeno!). Todas mis molestias digestivas anteriores habían sido "de arriba", cosa que tiene mejor solución, porque se calma el dolor con traguitos de leche, incluso desnatada. Pero mi última úlcera es "de abajo" y ahí sí que no hay mucho qué hacer: te duele casi todo el tiempo, en una especie de oleaje que va y viene, y te duele cuando comes o bebes algo. La leche ahí no tiene nada qué hacer. Lo único que queda es seguir tomando Omeprazol (que ya lo tomaba antes) y esperar a que la lesión se cure con el paso de los días y una dieta libre de irritantes. En el ínter, otro dolor agregado a la lista.

En la llamada a urgencias me conminaron a que me tomara un antiinflamatorio, principal causante de mis molestias digestivas (y, toco madera, toc, toc, que de momento la cosa no ha incluido a los riñones en el escenario). Así que, con todo el dolor de mi corazón, mi estómago y mi espalda, me tomé la susodicha pastilla. Luego vino un médico muy majo a verme el trasero y ya de paso inyectarme un Nolotil para el dolor que me torturaba. Después, para dormir, tuve que volver a mi viejo amigo el Válium, que es un relajante muscular y ayuda bastante en casos desesperados como el de anoche.

Hoy amanecí bastante mejor, aunque hago caso de las recomendaciones y me aboco a estar en la cama, con todos mis juguetes. Aprovecho y me pongo al día con algunas series que estoy siguiendo y de las que el aparato que tenemos en la sala ha fallado en grabar algunos capítulos de inicio de temporada.

También hice mi ceremonia de toma de porquerías un poco más a conciencia: primero mi cóctel de pastillas matutinas de cajón. 40 minutos después el Omeprazol y una hora después el desayuno, para rematarlo con un yogur y el temido Enantyum que me produce la úlcera, pero en teoría me va a sacar de mi nuevo agujero.

Tengo mi música, mis libros, posibilidad de ver series y películas en streaming en mi lap top, mi tablet para jugar, mi blog para desahogarme y detallar todas estas chorradas, y un niño simpático y lindo que no puedo disfrutar ni cuidar como se debe y un marido extraordinario que me cuida y que tampoco puedo disfrutar, porque vivo en la cama.

Me evado en mis juguetes e intento no pensar en todo lo que me estoy perdiendo de mis dos grandes tesoros, ni en si algún día la vida me dejará volver a disfrutarlos, o si aquí se acabó mi camino como persona y lo siguiente es una larga pendiente de achaques hasta que llegue mi final. Después de casi 5 meses en cama es difícil ver la luz al final del túnel, aunque mi Ipod agarre y me intente sacar de mi pesimismo a base de Fiebre de Sábado por la Noche y los Bee Gees con su Staying Alive...

lunes, 17 de febrero de 2014

El cuidador

La semana pasada estuvIMOS en el traumatólgo. Recalco el plural por varias razones. La primera, porque sigo sin estar acostumbrada a tener compañía en los momentos "difíciles" o "importantes" de la vida. Crecí con una madre viuda que, en general, sólo tenía tiempo para trabajar (no es que fuera "workaholic", es que era responsable y no quedaba de otra para sacar a su familia adelante) y, cuando no trabajaba, lo que quería era descansar (obvio). Así que crecí aprendiendo a ser "independiente y autosuficiente", cosa que agradezco. Pero el precio de eso fue que nunca hubo nadie conmigo en los "buenos y en los malos" momentos. Lloré y celebré yo sola. =P

Enigüey, Juanjo se tomó el día libre para acompañarme al traumatólogo, cosa que agradezco un montón. Estuvimos un buen rato en la sala de espera. Juanjo leyendo el periódico en su tablet y yo muerta de risa con California 83, de Pepe Colubi, en mi Kindle. La gente me volteaba a ver con mis carcajadas. Entré con el médico de lo más contenta. Poco me duraría ese estado de despreocupación. Estoy acostumbrada a que los médicos, en general, quieren que vayas al grano. Tienen poco tiempo y a duras penas te auscultan.

Así que cuando el médico me preguntó "¿Qué te pasa?" empecé por "tengo una hernia discal". Y él corrige: "No me has entendido. Qué te pasa a ti? Qué te duele? Cuales son tus síntomas?". Así que empecé a relatarle todos mis males. Después de unos cuantos, me empieza a corregir y me dice "Que te veo venir. Yo estoy en plan optimista y tú en plan pesimista. Quiero la versión optimista". No le dije nada, pero pensé: "Vamos a ver. Uno no va con el cura a decirle lo bien que se porta, lo buena persona que es y lo bien que le va en la vida. Yo vine aquí a decirte al dedillo TODO LO QUE ME DUELE".

El caso es que se me vino el mundo encima. El médico se puso en plan "Pero por qué razón llevas más de 10 años con estos dolores? Lo tuyo es un drama. Es un drama que, después de media hora de pie, tengas dolor en los pies el resto del día". Y se me vino el mundo encima. En algún momento pareciera que fuera mi culpa llevar tantos años con dolor.

Total, que éste sí me revisó a fondo. Me puso a caminar de putillas, de talones, normal... Me empezó a apretar la planta del pie para ver dónde me dolía. Cuando encontró el punto, lo siguió apretando durante los como 20 minutos que estuvimos hablando del tema.

Salí de ahí "culpable", con los pies hechos una mierda de tanta revisión y con unas cuentas por delante de la ostia. Me mandó hacer resonancias y radiografías y me recetó una porquería que cuesta casi €60 la caja.

Pero a los dos días de probar la medicina, por primera vez en más de DIEZ AÑOS pude volver a caminar sin dolor. Me duró menos de un día, pero fue como ir a Disneylandia. Alguna vez comenté con mi madre que me gustaría tener "patas de elefante". En los documentales que he visto de National Geographic me parece que tienen unas patas muy cómodas, como muy acolchonaditas. Y justamente así me sentí ese día. Durante unas horas pude tener mis añoradas patas de elefante. Y entonces entendí de dónde viene mi depresión. Y entendí que aguanté mucho antes de que ésta llegara. No es que sea infeliz con mi vida, o que no me sienta realizada, porque no es así. De verdad me gusta mucho cocinar y, aunque sea algo efímero, eso me hace sentir realizada. Me hace sentir realizada colgar en Facebook una foto de lo que cociné y que mi familia le eche piropos al plato desde el otro lado del charco. No necesito salir en los periódicos. Con el reconocimiento de la gente que me conoce y me quiere es suficiente para mí. Y, el mejor de los piropos, por supuesto, son los platos limpios.

Desafortunadamente, hace muchos años que eso que tanto me gusta hacer, cocinar, lo hago en medio de un mundo de dolor en los pies y la espalda. Y, desde el año pasado, también en la muñeca y mano derechas.

El sábado fue cumpleaños de Juanjo y, como veía que resistía, fueron a llamar a otro elefante...

No, como vi que estaba un poco mejor y como no sabía qué regalarle, le ofrecí prepararle su comida favorita. No es nada complicada: ensalada de salmón ahumado y solomillo con foie. Cierto que tuve que ir al Corte Inglés a buscar el foie y, al volver, ponerme a hacer la comida. Pero no es eso lo que hace una persona normal que se dedica a su casa todos los días? Eso y muchas cosas más?

Pues sólo con eso, en la noche tenía un gran dolor en la muñeca derecha y me volvió el de los pies y la espalda. Sé que lo mío no se quita de un día para otro, que no hay ninguna medicina milagrosa y que la mejor medicina es la actitud. Pero me di cuenta de que vivo como cancerosa. En cuanto sale un poco el sol yo voy y lo tomo. No me quiero arriesgar a haber estado bien "por última vez" y no haberlo aprovechado. Cuando vives envuelta en el dolor te vuelves adicta a los pequeños momentos sin él.

Sigo tomando mi "té nocturno", pero de momento va ganando la medicina nueva. Lyrica, se llama. Ahora me cuesta trabajo levantarme. Y empiezo a notar el hambre que dicen que puede generar como efecto secundario. Y algo de mareo. Pero si me quita el dolor estoy dispuesta a intentar vivir a dieta.

El otro día haciendo zapping me topé con un reality en el que hablaba una mujer que había superado un cáncer. Poco después de eso, su marido se enfermó y fue ella la que lo tuvo que cuidar a él. Y dijo que es mucho más fácil ser el enfermo que el cuidador. Yo no me había puesto a pensar en eso, aunque he notado el estrés que ha supuesto para Juanjo todo esto. Intento evitar en todo lo que puedo darle más trabajo, pero eso no quita que su situación es la que es en esta pesadilla.

Así que, desde aquí, va mi más grande dedicatoria y reconocimiento a ese hombre que tiene el buen tino de pedirse el día para acompañarme a una cita médica que pudo y resultó ser dura. Que NUNCA se ha quejado por nada de lo que nos ha pasado. Que se sigue levantando todas las madrugadas para desayunar en casa e ir a trabajar. Que ha sacrificado los últimos dos meses sus sábados de bici para llevar a Ale a nadar, porque yo ya no puedo llevarlo y porque no consigo que lo cambien a los viernes en la tarde. Que pone mi salud por encima del presupuesto familiar al decidir que me hagan los estudios por lo privado en lugar de esperar algunos años a conseguir que me los hagan por lo público y que, a pesar de todo, me sigue queriendo.

Desde aquí mi más grande gratitud por haber eliminado mi lado solo. Ya no estoy sola ni en las buenas ni en las malas. Ha estado ahí cuando he ganado premios y salido en el periódico, cuando me tuvieron 12 horas dilatando para que Ale terminara saliendo por cesárea, mientras él se dedicó en cuerpo y alma a mantenerme entretenida con lo que pudo, el periódico, sus chistes, etc., para que yo no pusiera tanta atención en las horribles contracciones que produce la oxitocina. Siempre está conmigo, siempre está de mi lado.

Simplemente por todo eso tengo que salir de esto. No sé cómo, pero tengo que hacerlo. Mi hombre necesita un break. Y yo un cuerpo nuevo. =/