El remiendo que me hicieron en junio del año pasado fue bien. Lástima que me pasé todo el tiempo que duró arreglándome los pies. En junio de este año comenzaron de nuevo los dolores de espalda. Me armé de paciencia y decidí aguantar hasta septiembre, que es cuando tenía la cita con el médico de la SS. Mi marido se pidió permiso en el trabajo para acompañarme y todo.
Se me quedó cara gilipollas cuando me apersono en el HUA y me dicen que no tengo cita, que fue cancelada el mismo día que me la dieron. Usted disculpe. Y se quedan tan anchos. Después de la reclamación que puse, me dicen que me dan otra para finales de noviembre y que si pueden darme una antes ya me llamarán. Hasta la fecha.
Todavía no termino de decidir si el saber que hay mucha más gente como yo, atorada en cama a lo pendejo por estar a la espera de que la atiendan es indignante o un consuelo. O ambos. Sólo de pensar en el tema me hierve la sangre y me encabrono de nuevo. Porque ya ni siquiera es cuestión de que investiguen o busquen. La solución está ahí y sólo hay que ejecutarla. Pero ni siquiera me ha visto el médico. A saber lo que tardarán luego en hacerme el segundo remiendo.
Mientras yo aquí, fumando marihuana de nuevo y con el ánimo en los calcetines cada vez más tiempo, mientras hacia el mundo finjo que todo va bien. Me aíslo de quienes me quieren porque no me gusta fingir con ellos, pero tampoco que vean mi verdadero yo hecho una mierda.
Sigo esforzándome por hacer cosas que me gustan, por miedo a que llegue de nuevo el día en que no pueda salir más de la cama. Voy a pilates 2 veces por semana y una a aquagym y, de momento, parece que eso me mantiene más o menos funcional, si es que a mi estado se le puede llamar así.
Pero mi filosofía quizá se ha vuelto demasiado práctica. Por ejemplo, el otro día para elegir una sacarina quité de en medio la fórmula de "se dice que uno de estos productos puede producir cáncer" y me limité a elegir la más barata, pues lo del cáncer sería una solución a todos mis problemas, así que no es un motivo de preocupación para mí.
Luego leo por ahí el reporte de los hábitos de vida de una modelo "senior" que no ha pasado por quirófano ni se tiñe el pelo. La verdad es que la mujer es muy guapa, incluso con esa larga melena blanca. Y se decanta por productos ecológicos, comprar a productores locales directamente, vivir en un lugar desde donde pueda ver el agua, etc. No le quito mérito, por supuesto. Su trabajo le habrá costado permitirse esos lujos. Pero sí opino que "bendita la vida de quienes viven sin dolor". Hace muchos años que no sé lo que es eso. Haciendo recuento, quizá se me acabó esa etapa cuando tenía 13 años y empecé con los dolores menstruales. Después de ese recuento es cuando opino: "todos esos que dicen que qué maravilla ser mujer, que traes vidas al mundo y tal, BULLSHIT!!! Y más para todos esos que alegan que Dios existe y que el cuerpo humano es una máquina perfecta y tal. Que sea una máquina compleja y con muchos sistemas grandilocuentes no la hace perfecta. Para mí es una mierda, sobre todo cuando veo la cantidad de gente enferma que hay por el mundo. Y que no me vengan con que es culpa de cómo llevan su vida y tal, porque a ver como defienden eso ante una esclerósis múltiple, por ejemplo."
No es que esté yo renegando de la vida, ni mucho menos. Por supuesto que no todo es negro. Pero es justamente eso lo que más me cabrea: tengo un montón de cosas buenas para disfrutar que no consigo apreciar porque tengo dolor TODO EL TIEMPO. Durante un tiempo conseguí hacerme pendeja a base de drogas y alcohol, pero llega un momento en el que el cuerpo "reniega" del maltrato y que mi ánimo me dice: Oye, que me gusta mucho la cerveza y el vino, pero no los puedo disfrutar si me los metes a saco como si fueran menjurjes que curan".
Mi técnica de hoy, ante una pequeña prueba que hice ayer, es meterme 3 Zaldiares juntos en la mañana, esperando que pueda pasar el resto del día con ellos, contraindicando las instrucciones de mi médico del límite de 2 juntos. Pero es que 2 ya no me quitan el dolor y eso me genera frustración. De momento, parece que funciona mejor. Y eso me lleva a pensar menos en el futuro, ese momento en el que podría verme en problemas porque los analgésicos no me hagan efecto, ante la resistencia creada por todo lo que me estoy metiendo ahora. También, irónicamente, me lleva a emprender acciones que me hagan disfrutar más el presente, como deshacerme de toda la ropa que no me hace sentir bien. Da igual la elegancia o la estética. Si voy cómoda y me gusta como me veo, se queda. Si no voy cómoda, pero sirve para una ocasión en la que hay que ir presentable, y me gusta como se ve, se queda también. Si me pongo algo y no me gusta, da igual por qué, va pa' fuera.
También me abrazo a mi vicio por las cremas y el maquillaje. Eso me mantiene más o menos buena cara y verse bien en el espejo ayuda bastante. Así que sigo disfrutando de mis unguentos, quitándome esclavitud de ellos y tomando "atajos" cuando no estoy con ánimos de hacer todo el ritual. He descubierto que los labiales visten mucho y requieren poco esfuerzo. Si tienes la cara limpia de marcas y manchas, un poco de rímel y un bonito color de labios hacen maravillas. Y toman menos de 5 minutos. Así que me ido haciendo con una bonita colección de labiales de los que me gustan, de Clinique y de Clarins, que son mis marcas favoritas, porque tienen el valor de que me hacen sentir muy bien cuando me los pongo.
Y son todas esas pequeñas cosas las que más o menos me mantienen a flote. Intento disfrutar de las pequeñas cosas de cada momento, como ponerme cosas que me gustan mucho en lugar de guardarlas "para una buena ocasión", porque las buenas ocasiones son escasas y tontas. La mejor ocasión es el "ahorita". Porque ya sé cómo es estar en cama, llena de drogas y dolor,
con un solo pensamiento en tu mente: "Que se acabe ya!".
