jueves, 20 de marzo de 2014

Sólo puedo estar colocada

Llevo muchos días resistiéndome a escribir, intentando evadirme, intentando negar la realidad. Hoy es mi segundo día colocada. No me gusta estar así, pero el dolor se ha vuelto constante e insoportable. Hoy tuve que sacar fuerzas de donde ya no las hay para poder vestir a Ale, darle de desayunar y llevarlo a colegio. En coche. Una de mis cosas favoritas en el mundo es manejar. El dolor no me deja ninguna alternativa que no sea desplazarme en coche, en una ciudad altamente rediseñada para favorecer la vida peatonal. Y eso que tanto me gusta y que me veo obligada a hacer todos los días no puedo disfrutarlo, porque también lo hago con dolor. Me duele la espalda mientras estoy sentada tras el volante, y me duele el pie derecho al pisar el acelerador y, sobre todo, el freno. Me veo obligada a abusar del freno de mano automático del coche y lo uso siempre que me toca el alto, con tal de poder descansar de empujar con el pie, en trayectos que normalmente no duran ni diez minutos.
Hoy es mi segundo día instalada por completo en el sofá, porque está la tele delante. Me llegó a MI CASA un sérum de Clarins, el más caro de los que uso, sin haberlo pedido, GRATIS. Supongo que será algún error y ya llamé a mi tocaya del Corte Inglés, por si se le han descuadrado las cuentas. Me imagino que, aunque sea un error, me dirán que me lo quede, pero aun así no puedo disfrutarlo, porque eso me lleva a acordarme de que hoy no me he maquillado, cosa que también disfruto mucho, porque soy como una chica Avón, pero con Clarins. Si Clarins abriera una faceta de mujeres que van por ahí con el muestrario, yo podría ponerme a trabajar inmediatamente, porque tengo casi todo el catálogo. Pero hoy no me he maquillado porque tendría que bañarme. Y no me he bañado porque estoy cansada y me he rendido y es demasiado el esfuerzo de bañarme y ponerme mis cremas, uno de los pocos placeres que me quedaban.
Y en la tele veo un montón de gilipollas sanos que lo único que hacen es intentar partirse la crisma una y otra vez, preocupando a la gente que los quiere y demostrando que la ley de Darwin es una gran mentira. Porque, bajo esa misma ley, yo ya tendría que estar muerta. Ya no soy útil para nada. Y aquí sigo, quizá en parte por mi renuencia a tomar antiinflamatorios, pero es que me niego rotundamente a agonizar durante muchos años haciéndome diálisis. Prefiero entregar el equipo con algo más amable, como el colesterol.
Mientras estoy colocada ("high", para los del otro lado del charco) con mariguana, mi cuerpo se contrae de la cintura, el abdomen y muchas de mis partes en reposo, como si tuviera conectado alguno de esos aparatos que anuncian para sacar músculos y perder grasa a base de contracciones eléctricas. Tengo como 3 teorías sobre el origen de dichas contracciones:
1. Mi cerebro está confundido y manda señales constantes de movimientos "involuntarios", como los que sufren quienes padecen Parkinson, para demostrarle a sí mismo que todavía tiene el control, en medio de toda esa confusión mariguana. 
2. La mariguana, de hecho, produce Parkinson, o mini-epilepsia, o algo parecido. Sin embargo, los síntomas desaparecen con la actividad, lujo que no me puedo permitir, porque el colocón me deja cómoda en reposo, pero con la actividad sigo percibiendo los dolores, tanto en los pies como en la espalda.

3. Estoy perdiendo neuronas bien cabrón.
Me disculpo con la gente que me quiere y se preocupa por mí por escribir todas estas cosas y preocuparlos todavía más, pero este blog es principalmente para desahogarme y eso necesito hacer. En mi defensa, ya no lo anuncio en Facebook.
Esta semana estuve con el médico de cabecera. Me revisó los pies y me confesó, de manera amable y cálida (cosa rara en un médico) que es probable que el problema con mis pies no tenga solución, que es un asunto muy complicado. Pero creo que mi mayor problema es la falta de empatía de los médicos que me han visto y que,  en general, sólo soy un expediente más que ni siquiera estudian con atención.
Creo que tengo hambre. No desayuné. Aparte del montón de pastillas con las que empiezo el día, sólo me he metido un Actimel y un café para compensar un poco el colocón. Al menos me ha mantenido despierta y me ha dado la fuerza necesaria para ponerme a escribir, aunque sea en el tablet.
Ya instalé la aplicación en mi celular también, por si necesito escribir fuera de casa (si es que vuelvo a salir algún día).
Es increíble el gran tesoro que puede llegar a ser el tonto hecho de caminar y estar sentado sin dolor. Yo ya no tengo ese privilegio. Y tampoco el de la cordura. Siempre estoy atontada por el dolor o por las drogas. Espero que lo siguiente no sea estar atontada por ambas cosas.

lunes, 3 de marzo de 2014

Y mis fotos felices?

En la mesita del pasillo de mi casa hay un marco dijital que tiene fotos más bien de mis primeros tiempos en Vitoria y de Ale. Muchas de ellas son de cuando Juanjo y yo éramos "sólo una pareja" y son todas fotos felices de viajes y paseos que hicimos juntos. Y me entra la morriña de aquellos tiempos, no sólo por los lugares que hemos visitado, sino por el placer mismo de planear viajes y hacerlos. En mis circunstancias actuales no puedo hacer ningún tipo de planes, porque nunca sé cómo voy a estar y, aunque suene pesimista, casi siempre estoy mal.
Por lo menos, desde la semana pasada ya casi no salgo de la cama. Ayer estuve casi todo el día con dolor menstrual y la regla sigue brillando por su ausencia. La sangre es lo de menos! Lo que quiero es no tener los putos síntomas, joder!!!
Pero bueno. Ya tengo los resultados de todas las resonancias y radiografías que me han hecho. Y acabamos de hacer la cita con el médico para el día 12. Curiosamente, un mes exacto después de la primera cita. Y eso por lo privado, desembolsando una cantidad obcena de euros, sobre todo por las pruebas.
Hoy tuve que salir a llevar a Ale no al cole, pero sí a "colonias", que es como le llaman aquí a las guaderías provisionales que organizan en colegios y algunos clubes deportivos para cuando no hay clases y son días laborales. A cuenta de los carnavales, no hay clase ni hoy ni mañana, así que lo apuntamos. Parece que se lo pasó muy bien. No había muchos niños y sí muchas actividades. Lo tenían bien organizado. Para cuando llegamos a las 9 el castillo hinchable ya estaba montado y todo.
Al salir de dejar a Ale me fui a tomar un café con una de las madres del cole con la que me llevo muy bien. Luego, en casa, fui al súper con mucho esfuerzo a comprar paté para hacerle sándwiches a Ale. Luego al pan y a la farmacia, a resurtirme de porquerías. En casa desayuné y me fui a recoger los resultados de las resonancias, ya con la muleta. El pie derecho me duele mucho y me ayuda bastante tener un apoyo para descargar un poco ese pie. Al rato tengo cita con el médico de cabecera para que me revise la muñeca derecha. Se supone que ya puede ver en su computadora las radiografías que me hicieron el viernes.
En fin. No es nada entusiasmante que la agenda sólo esté llena de citas médicas y que todos mis esfuerzos se dediquen a llevar a Ale al colegio y a desplazarme hacia donde me revisan para seguir en la misma inopia. =/

sábado, 1 de marzo de 2014

Recaída, SPM o empeoramiento?

Ayer celebraron el Carnaval en el cole de Ale. Tuvo que ir disfrazado de payaso, cosa que no quería. Le puse la camisa que le hice a la fuerza y me quedé con el cargo de conciencia de hacerle pasar un mal rato por una tontería como esa. Al fin y al cabo yo tampoco querría ir disfrazada de payaso. =S

Pero soy madre primeriza. En la mañana y con prisas no soy capaz de elegir la opción más "lógica". Es decir, usando el sentido común creo que no tiene ninguna trascendencia que vaya disfrazado o no. No ir disfrazado tiene la posible consecuencia de desentonar con el resto de la clase. Pero quizá Ale hubiera preferido eso a ir disfrazado. Me parece una lástima que los niños pasen un mal rato simplemente porque no tienen las herramientas suficientes para comunicarse, que creo que es este caso. Porque podría haberle preguntado lo que prefería según las consecuencias, pero no creo que sea capaz de entender del todo el alcance de las mismas.

Por otra parte, imperó mi obsesiva necesidad de seguir las reglas y el colegio dictaba que había que ir disfrazado de payaso. =/

Total, que como en la mañana me sentí razonablemente bien, decidí animarme a ir a ver la actuación de mi niño vestido de payaso. Cuando volví de dejarlo no había lugar y, como Juanjo iba a ir a recogerlo, me di cuenta de que no iba a necesitar más el coche, así que lo guardé en el garaje. Y me fui al colegio caminando. Es un paseo de poco más de kilómetro y medio, ida y vuelta. Llovía y hacía viento. Cuando llegué, había apiñados junto a la reja de entrada del colegio un cúmulo de paraguas, abrigos con capucha y cabezas medio mojadas. Los niños salieron, por fin abrieron la reja y entramos todos apiñados, cual ovejas entrando al redil. Los niños cantaron un par de canciones en euskera. Yo intenté acomodarme en todos los rincones disponibles, pero no conseguí ver nada. Al menos no a mi niño. Al final, algunos padres cruzaron la barrera que habían dispuesto en la escuela y accedieron a que los demás hiciéramos lo mismo. Conseguí encontrar a Ale y le propuse que se pusiera la peluca que le había comprado. Puso cara de resignación y accedió. Lo habían maquillado en el cole. Le saqué unas 5 fotos, a cual más de inservibles, ya que Ale estaba formado en la fila y lo hacían avanzar hacia su salón, mientras yo disparaba con mi celular al tun-tun, porque no me quedó de otra. Era eso o nada.

Cuando entró, paseé la mirada por las instalaciones y no había ninguna de las madres con las que suelo estar, que estaban varias cuando llegué. Así que volví sola a casa. A medio camino empecé a desacelerar el paso. A los pocos metros empecé a arrastrar los pies. Decidí hacer un pequeño desvío hacia un estanco para comprar encendedores y gasolina para mi Zippo, que entre velas y mariguana ya no me quedaban más que cerillos de madera que, aunque me gusta usarlos, son colección de todos mis andares por Europa y me gusta guardarlos. Llegué al estanco a paso de viejito y volví a casa a paso de maratonista principiante que lucha patéticamente por llegar a la meta.

Cuando conseguí entrar por la puerta ya me escurrían las lágrimas. Me dolía la espalda, la cadera, las piernas, las rodillas y, sobre todo, los pies. De cadera hacia abajo me dolía prácticamente todo. Mucho. Me quité los zapatos y los pantalones, que estaban húmedos, agarré mi "stash" y di un par de caladitas. No se me quitó del todo el dolor, pero se me calmó bastante. No quise fumar más por temor a agarrarme otro colocón de esos que no me gustan, porque todavía tenía que ir al centro a que me hicieran una radiografía de la muñeca derecha, que no termina de arreglarse, después de la última lesión que me hice. En octubre. =S

Pensé en llamar a un taxi, pero al final me hice la valiente y me fui en tranvía. Contando las calles que hay que cruzar, pongamos que son un par de cuadras desde la entrada a mi casa hasta la parada del tranvía. Y otras 3 de la parada en el centro hasta el ambulatorio. La espera ahí, que fue poca, fue una tortura. No soportaba estar sentada ni de pie. Al salir, tuve que caminar unos 20 metros hasta el primer taxi en la parada. Otro derroche de heroísmo y fortaleza desapercibidos. Sentía todos los baches y bordecitos por los que pasaba el taxi.

Llegué a casa derrotada y con mis fuerzas totalmente extintas. Ya no quería saber nada de luchar, de tomar más mierdas, de estar drogada todo el tiempo y con dolor por todos lados todo el tiempo. Tampoco quería saber nada de ser una carga a la que hay que cuidar, atender y dar de comer, porque ahora sí estoy confinada a la cama. Y me entra el pánico de que esta situación sea ya permanente. Queda la esperanza de que todo esto sea provocado por la menstruación, que se supone está por caer. O de que se trate de una recaída de las que mencionó el quiropráctico. Pero la verdad es que NUNCA había estado tan mal por un paseíto estúpido de nada. Hoy estoy un poco mejor. Pero me desperté a las 6 y ya no me pude dormir porque los pies me dolían mucho. Como si hubiera subido el Gorbea. No voy al monte desde que conseguí que Juanjo se concientizara de que mi dolor de pies era real y no quejumbres por cansancio. La última vez que fui recuerdo que bajé mentando madres por el dolor, intentando poner cara de "no pasa nada", porque parecía que me inventaba el dolor, o que todos lo tenían y lo llevaban bien. Y eso fue en 2003 ó 2004, no lo sé. Hace ya tanto tiempo...

Una de las cosas que me atrajo de este lugar fue, precisamente, la posibilidad de visitar bosques de cuentos de hadas, paisajes de montañas de ensueño que no existen en México. Al final sólo me he quedado con el frío, el viento y la lluvia, que son casi permanentes en esta ciudad. Y el dolor.

Llevo tomando analgésicos desde que tenía 13 años y empiezo a ver que ya no me hacen efecto. Mientras, los médicos que consulto se quedan con cara de póker y salgo casi igual que como entré. Sin respuestas, sin esperanzas, sin soluciones. Me duele mucho pensar en que quizá no pueda volver a pisar suelo mexicano, que no me despedí de mis paisajes de nacimiento como es debido, que tengo muchos proyectos inacabados que no puedo terminar y que tengo un niño que crece y me lo pierdo a pesar de no salir a trabajar.

Lo siento, pero no puedo más. Estoy cansada. Porque ni siquiera sé en contra de qué estoy luchando. Si hay salida o si solamente es el túnel hacia el cual vamos todos en algún momento de la vida. Estoy harta de tener mi vida en "stand by", atorada en la nada, sin posibilidad de hacer planes o de tener sueños ni metas, aparte de quitarme de encima la mierda de dolor perpetuo.

Lo sé. Todo esto es un discurso derrotista. Me vale madres. Ya me cansé. No quiero más. El que quiera verme que venga a mi casa. Y el que no, que tenga bonita vida. Si tengo alguna noticia contundente, intentaré despedirme como es debido, dentro de mis posibilidades. Y si no, supongo que simplemente un día dejaré de escribir...

Y, si consigo salir de esta mierda, intentaré terminar mis proyectos y volver a mi tierra a despedirme como es debido. Y cada vez que vaya, despedirme como es debido, porque ahora sé que nunca se sabe si voy a poder volver.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Piropos que levantan el ánimo

Llevo varios días encadenados "malos". Desde el viernes pasado que me dio una contractura más o menos a la altura de la L1-L3 y tuvimos que llamar a urgencias porque no me podía mover. Me inyectaron Nolotil y, con todo el dolor de mi corazón, volví al Enantyum durante unos días. Porque justo estaba consiguiendo quitarme el dolor de una úlcera de duodeno, seguramente provocada por dicho antiinflamatorio. Total, que salí de la contractura, pero volvieron todos mis dolores habituales (pies y espalda) con mucha enjundia.

Me paso la mañana medio borracha por la Lyrica y con dolor de espalda. Ayer, de la desesperación, di cuatro caladitas a mi "hierbita". Como si me hubieran inyectado en vena, a los pocos segundos el dolor había desaparecido. Pero como a la media hora empezó un colocón muy desagradable. Empiezo a entender el porqué del uso recreativo. Es cierto que aprecias las cosas con mayor intensidad. Pero no puedes (al menos yo) meterte en cosas demasiado serias. Ayer me anclé al canal NatGeo Wild, que pone casi puros animalitos, y pasé un rato sorprendiéndome con lo que ahí mostraban. El HD+Colocón tiene su cosa. Pero es muy desagradable porque me da la sensación de que no soy capaz de controlar lo que vaya a hacer o decir y me da miedo hacer o decir algo que no deba y mostrarme como una desagradable drogadicta. =/

El caso es que hoy estuve despertando intermitentemente toda la madrugada y, cuando Juanjo se levantó a las 6, agarré mi celular y me puse a contestar chorradas en FB. Y, como mi madre estaba conectada, platiqué un ratito con ella por messenger. Así que ya no me dormí. Aproveché el tiempo extra para arreglarme un poquito y estar más presentable.

Cuando volví a casa, después de dejar a Ale en el colegio, fui al pan y luego a la farmacia. Y al pasar por delante del bar que está debajo de mi casa me encontré con un par de "borrachuzos" (no eran ni las 10 de la mañana y ya estaban con sendas copas coñaqueras de contenido sepia (desconozco lo que estaban tomando, pero tenía toda la pinta de "pelotazo matutino"). Los vi y seguí con mi camino cuando uno de ellos me suelta un descarado "Hooolaaaaaa!". Como buena señora casada y respetable hice caso omiso de su saludo, pero la verdad es que me levantó mucho el ánimo. Es sumamente raro y exótico que por estos lares los señores intenten ligar, así que el piropo tiene más valor que el que pueda tener cualquiera de Guadalajara. Esto quiere decir que, jodida, borracha y todo, todavía llamo la atención. Con mi corte de cabello "cómodo" porque no me da el cuerpo para peinarme como es debido y mi maquillaje rápido del diario, aunque un poco más elaborado de lo habitual, sí.

Mi madre me dio la buena noticia de que encontró los cassettes de la entrevista que le hice a mi Abuela acerca de nuestros antepasados, porque durante algunos años tuve el proyecto de hacer una novela con todas esas historias. El proyecto se quedó archivado debido a mi imposibilidad de ir a Ahualulco a investigar algunos datos históricos, como fechas de los Cristeros y la Revolución, cuando llegó la electricidad y el tren a esos lugares, cómo era la vida antes de la llegada de esa tecnología, etc. Cosas de ambientación ya que, aunque va con el fin de entretener, no deja de ser una novela histórica, aunque no hable de ningún personaje "célebre o conocido".

Pero bueno, si el cuerpo me da, con la tecnología que hay ahora igual puedo contactar con alguien que me facilite esos datos. Con hacer el intento sólo pierdo tiempo. Y básicamente es lo que hago últimamente. Perder el tiempo acostada, intentando estar entretenida para no pensar en lo que me pasa, que no salgo, que los meses pasan y yo sigo torturada por el dolor constante y por las medicinas que me recetan y me quitan lucidez.

Ahora tengo que hacer el esfuerzo de fingir que soy una persona sana y normal y terminar de configurarle a Ale su disfraz de payaso que pidieron para el Carnaval. En ese sentido, me entra un poco la culpa, porque mi señor padre puso el listón muy alto cuando yo era niña. Pero claro, él era un artista. Pintaba al óleo y todo. De hecho, el olor del aguarrás de los estudios de pintura me resulta agradable, porque me transporta al estudio de mi padre, que siempre estaba con algún proyecto. Viendo todo esto, cuesta creer que fuera una persona tan torturada por su pasado, su madre, su vida, su educación y su manera de pensar versus el encanto de mi madre. Y, aunque sólo fueron cinco años y en cierta forma su manera de ser conmigo me perjudicó, me siento afortunada de haberlo conocido y de haber podido disfrutar "su lado bueno". Tengo recuerdos de cómo me enseñó a iluminar: "no te salgas de la ralla", me decía. Y me entraba una culpa enorme cuando algún ralloncito se salía de la figura. De hecho, todavía me sigue incomodando. Y no alcanzo a distinguir si eso es por sus instrucciones precisas o por mis afanes perfeccionistas.

En fin. Gracias, señor borrachuzo, por hacerme el día. Y disculpe mi malas maneras por no haber correspondido a su cordial saludo, pero suelo huir de las situaciones que implican peligro varonil. No es nada personal. =P

sábado, 22 de febrero de 2014

Extras

"De normal" tengo: dolor de pies y dolor de espalda en la región lumbar. Pueden ser intermitentes o permanentes durante algún tiempo. Pero SIEMPRE está ahí alguno de los dos. Son como una madre coñazo, de esas que no te dejan ni a sol ni a sombra y tienen que saber hasta si lo que has dejado en el excusado era "normal" o aguado o te preparan algo para combatir el extreñimiento.

Y luego está lo que yo llamo "extras" que, en una persona "normal" podrían ser las cosas que se agarra cualquier ser humano con un sistema inmunitario normalito: catarros, gastroenteritis, lesiones tontas, etc. En mi caso, esos extras a veces representan la diferencia entre quedarme en cama permanentemente o alternar entre el sofá, la cama y alguna actividad sencillita, como llevar a Ale al colegio.

Y, de unos días a la fecha, hay que agregar la llegada de un nuevo elemento: la Lyrica. Me mejora un poco lo de los pies, o un mucho durante unas horas. Pero hay que sumarle una borrachera como si, con mi aguante alcoholero, que es mucho, me hubiera metido entre pecho y espalda unas 3 ó 4 copas de vino y alguna cervecita. Es, sobre todo, un leve mareo y algún apendejamiento extraño. Todo lo del alcohol, menos la euforia, la alegría y el cariño que surge con el aturdimiento. O sea, no voy por la calle queriendo a todo el mundo como si lo conociera de toda la vida.

Ayer en la mañana hice alguna cosa pendiente y urgente, pero nada extraordinario. Guardé el coche en el garaje y volví a casa con la intención de desayunar y terminar de arreglarme para irme al centro a buscar más adminículos para la preparación de mis infusiones medicinales. Era "Izaskun Day" (o sea, que la mujer que me hace la vida más fácil, agradable y relajada, viene a casa a arreglar todos mis destrozos y cochineros) y la heroína en cuestión me disuadió de mi paseo citadino porque ella misma me podía conseguir lo que yo estaba dispuesta a ir a buscar con un resultado incierto (que no sabía si iba a encontrar o no). Y, como veía que mis dolores iban en aumento, sumados a mi nueva amiga la borrachera Lyrica, acepté su ayuda y me apoltroné en mi sofá a ver la tele.

En la tarde empecé a estar mal, pero no atinaba a saber de dónde ni por qué. Cuando despertó Ale de su siesta fui a su cuarto y noté mucha dificultad para moverme, pero el dolor no estaba en el mismo lugar de siempre, sino un poco más arriba. Y, como buen dolor "nuevo", no le hice caso hasta que me tiré en la cama y ya no me pude mover y no me quedó más remedio que llorar al alcanzar mi umbral del dolor su nivel máximo de cordura. Tuve que llamarle a Juanjo al móvil porque no me oía cuando le hablaba y tampoco me quería soltar a gritos. Vino, me vio y llamó al número de urgencias del servicio médico.

Para esto, entre mis últimos "extras" está un dolor de úlcera con el que llevo casi toda la semana, motivo por el cual dejé todas mis drogas calmantes (tomo otras porquerías varias que son "de cajón" y que, supuestamente, no representan agresiones a mi sistema digestivo) y, quizá, razón por la que surgieron todo tipo de dolores, grandes, medianos y pequeños, por todo mi cuerpo. Creo que me duelen cosas que ni siquiera sabía que podían doler. A todo esto, hay dos sitios principales para tener una úlcera: "arriba", en la región que une el estómago con el esófago, que se conoce como "esofaguitis", y abajo, en la región que une el estómago con el intestino, que si no entiendo mal es el duodeno (Peter Griffin: Ay, qué dolor de duodeno!). Todas mis molestias digestivas anteriores habían sido "de arriba", cosa que tiene mejor solución, porque se calma el dolor con traguitos de leche, incluso desnatada. Pero mi última úlcera es "de abajo" y ahí sí que no hay mucho qué hacer: te duele casi todo el tiempo, en una especie de oleaje que va y viene, y te duele cuando comes o bebes algo. La leche ahí no tiene nada qué hacer. Lo único que queda es seguir tomando Omeprazol (que ya lo tomaba antes) y esperar a que la lesión se cure con el paso de los días y una dieta libre de irritantes. En el ínter, otro dolor agregado a la lista.

En la llamada a urgencias me conminaron a que me tomara un antiinflamatorio, principal causante de mis molestias digestivas (y, toco madera, toc, toc, que de momento la cosa no ha incluido a los riñones en el escenario). Así que, con todo el dolor de mi corazón, mi estómago y mi espalda, me tomé la susodicha pastilla. Luego vino un médico muy majo a verme el trasero y ya de paso inyectarme un Nolotil para el dolor que me torturaba. Después, para dormir, tuve que volver a mi viejo amigo el Válium, que es un relajante muscular y ayuda bastante en casos desesperados como el de anoche.

Hoy amanecí bastante mejor, aunque hago caso de las recomendaciones y me aboco a estar en la cama, con todos mis juguetes. Aprovecho y me pongo al día con algunas series que estoy siguiendo y de las que el aparato que tenemos en la sala ha fallado en grabar algunos capítulos de inicio de temporada.

También hice mi ceremonia de toma de porquerías un poco más a conciencia: primero mi cóctel de pastillas matutinas de cajón. 40 minutos después el Omeprazol y una hora después el desayuno, para rematarlo con un yogur y el temido Enantyum que me produce la úlcera, pero en teoría me va a sacar de mi nuevo agujero.

Tengo mi música, mis libros, posibilidad de ver series y películas en streaming en mi lap top, mi tablet para jugar, mi blog para desahogarme y detallar todas estas chorradas, y un niño simpático y lindo que no puedo disfrutar ni cuidar como se debe y un marido extraordinario que me cuida y que tampoco puedo disfrutar, porque vivo en la cama.

Me evado en mis juguetes e intento no pensar en todo lo que me estoy perdiendo de mis dos grandes tesoros, ni en si algún día la vida me dejará volver a disfrutarlos, o si aquí se acabó mi camino como persona y lo siguiente es una larga pendiente de achaques hasta que llegue mi final. Después de casi 5 meses en cama es difícil ver la luz al final del túnel, aunque mi Ipod agarre y me intente sacar de mi pesimismo a base de Fiebre de Sábado por la Noche y los Bee Gees con su Staying Alive...

lunes, 17 de febrero de 2014

El cuidador

La semana pasada estuvIMOS en el traumatólgo. Recalco el plural por varias razones. La primera, porque sigo sin estar acostumbrada a tener compañía en los momentos "difíciles" o "importantes" de la vida. Crecí con una madre viuda que, en general, sólo tenía tiempo para trabajar (no es que fuera "workaholic", es que era responsable y no quedaba de otra para sacar a su familia adelante) y, cuando no trabajaba, lo que quería era descansar (obvio). Así que crecí aprendiendo a ser "independiente y autosuficiente", cosa que agradezco. Pero el precio de eso fue que nunca hubo nadie conmigo en los "buenos y en los malos" momentos. Lloré y celebré yo sola. =P

Enigüey, Juanjo se tomó el día libre para acompañarme al traumatólogo, cosa que agradezco un montón. Estuvimos un buen rato en la sala de espera. Juanjo leyendo el periódico en su tablet y yo muerta de risa con California 83, de Pepe Colubi, en mi Kindle. La gente me volteaba a ver con mis carcajadas. Entré con el médico de lo más contenta. Poco me duraría ese estado de despreocupación. Estoy acostumbrada a que los médicos, en general, quieren que vayas al grano. Tienen poco tiempo y a duras penas te auscultan.

Así que cuando el médico me preguntó "¿Qué te pasa?" empecé por "tengo una hernia discal". Y él corrige: "No me has entendido. Qué te pasa a ti? Qué te duele? Cuales son tus síntomas?". Así que empecé a relatarle todos mis males. Después de unos cuantos, me empieza a corregir y me dice "Que te veo venir. Yo estoy en plan optimista y tú en plan pesimista. Quiero la versión optimista". No le dije nada, pero pensé: "Vamos a ver. Uno no va con el cura a decirle lo bien que se porta, lo buena persona que es y lo bien que le va en la vida. Yo vine aquí a decirte al dedillo TODO LO QUE ME DUELE".

El caso es que se me vino el mundo encima. El médico se puso en plan "Pero por qué razón llevas más de 10 años con estos dolores? Lo tuyo es un drama. Es un drama que, después de media hora de pie, tengas dolor en los pies el resto del día". Y se me vino el mundo encima. En algún momento pareciera que fuera mi culpa llevar tantos años con dolor.

Total, que éste sí me revisó a fondo. Me puso a caminar de putillas, de talones, normal... Me empezó a apretar la planta del pie para ver dónde me dolía. Cuando encontró el punto, lo siguió apretando durante los como 20 minutos que estuvimos hablando del tema.

Salí de ahí "culpable", con los pies hechos una mierda de tanta revisión y con unas cuentas por delante de la ostia. Me mandó hacer resonancias y radiografías y me recetó una porquería que cuesta casi €60 la caja.

Pero a los dos días de probar la medicina, por primera vez en más de DIEZ AÑOS pude volver a caminar sin dolor. Me duró menos de un día, pero fue como ir a Disneylandia. Alguna vez comenté con mi madre que me gustaría tener "patas de elefante". En los documentales que he visto de National Geographic me parece que tienen unas patas muy cómodas, como muy acolchonaditas. Y justamente así me sentí ese día. Durante unas horas pude tener mis añoradas patas de elefante. Y entonces entendí de dónde viene mi depresión. Y entendí que aguanté mucho antes de que ésta llegara. No es que sea infeliz con mi vida, o que no me sienta realizada, porque no es así. De verdad me gusta mucho cocinar y, aunque sea algo efímero, eso me hace sentir realizada. Me hace sentir realizada colgar en Facebook una foto de lo que cociné y que mi familia le eche piropos al plato desde el otro lado del charco. No necesito salir en los periódicos. Con el reconocimiento de la gente que me conoce y me quiere es suficiente para mí. Y, el mejor de los piropos, por supuesto, son los platos limpios.

Desafortunadamente, hace muchos años que eso que tanto me gusta hacer, cocinar, lo hago en medio de un mundo de dolor en los pies y la espalda. Y, desde el año pasado, también en la muñeca y mano derechas.

El sábado fue cumpleaños de Juanjo y, como veía que resistía, fueron a llamar a otro elefante...

No, como vi que estaba un poco mejor y como no sabía qué regalarle, le ofrecí prepararle su comida favorita. No es nada complicada: ensalada de salmón ahumado y solomillo con foie. Cierto que tuve que ir al Corte Inglés a buscar el foie y, al volver, ponerme a hacer la comida. Pero no es eso lo que hace una persona normal que se dedica a su casa todos los días? Eso y muchas cosas más?

Pues sólo con eso, en la noche tenía un gran dolor en la muñeca derecha y me volvió el de los pies y la espalda. Sé que lo mío no se quita de un día para otro, que no hay ninguna medicina milagrosa y que la mejor medicina es la actitud. Pero me di cuenta de que vivo como cancerosa. En cuanto sale un poco el sol yo voy y lo tomo. No me quiero arriesgar a haber estado bien "por última vez" y no haberlo aprovechado. Cuando vives envuelta en el dolor te vuelves adicta a los pequeños momentos sin él.

Sigo tomando mi "té nocturno", pero de momento va ganando la medicina nueva. Lyrica, se llama. Ahora me cuesta trabajo levantarme. Y empiezo a notar el hambre que dicen que puede generar como efecto secundario. Y algo de mareo. Pero si me quita el dolor estoy dispuesta a intentar vivir a dieta.

El otro día haciendo zapping me topé con un reality en el que hablaba una mujer que había superado un cáncer. Poco después de eso, su marido se enfermó y fue ella la que lo tuvo que cuidar a él. Y dijo que es mucho más fácil ser el enfermo que el cuidador. Yo no me había puesto a pensar en eso, aunque he notado el estrés que ha supuesto para Juanjo todo esto. Intento evitar en todo lo que puedo darle más trabajo, pero eso no quita que su situación es la que es en esta pesadilla.

Así que, desde aquí, va mi más grande dedicatoria y reconocimiento a ese hombre que tiene el buen tino de pedirse el día para acompañarme a una cita médica que pudo y resultó ser dura. Que NUNCA se ha quejado por nada de lo que nos ha pasado. Que se sigue levantando todas las madrugadas para desayunar en casa e ir a trabajar. Que ha sacrificado los últimos dos meses sus sábados de bici para llevar a Ale a nadar, porque yo ya no puedo llevarlo y porque no consigo que lo cambien a los viernes en la tarde. Que pone mi salud por encima del presupuesto familiar al decidir que me hagan los estudios por lo privado en lugar de esperar algunos años a conseguir que me los hagan por lo público y que, a pesar de todo, me sigue queriendo.

Desde aquí mi más grande gratitud por haber eliminado mi lado solo. Ya no estoy sola ni en las buenas ni en las malas. Ha estado ahí cuando he ganado premios y salido en el periódico, cuando me tuvieron 12 horas dilatando para que Ale terminara saliendo por cesárea, mientras él se dedicó en cuerpo y alma a mantenerme entretenida con lo que pudo, el periódico, sus chistes, etc., para que yo no pusiera tanta atención en las horribles contracciones que produce la oxitocina. Siempre está conmigo, siempre está de mi lado.

Simplemente por todo eso tengo que salir de esto. No sé cómo, pero tengo que hacerlo. Mi hombre necesita un break. Y yo un cuerpo nuevo. =/

viernes, 31 de enero de 2014

Todo estará bien al final

Y,  si no lo está, es que todavía no es el final...

Lo dicen en una película: El Exótico Hotel Marigold. La verdad es que no tenía pinta de estar entretenida, pero cuando no puedes hacer más que estar acostada, haces Zapping y te quedas en lo primero que está "sólo un poco empezado" y que "no has visto". La película va de un grupo de "personas mayores" (tienen arrugas, pero se mueven mejor que yo... ¬¬ -luego, en mi situación, cualquiera se mueve mejor que yo. Enigüey...) de origen inglés que se van a la India a un "hotel barato", la mayoría impulsados por una situación económica y de soledad que no les deja mucha alternativa. Y entonces me vi en una situación parecida.

¿En qué momento de la vida uno puede decir "ya estoy viejo. Deja me instalo en mis arrugas. Yo ya cumplí y ahora me voy a dedicar a otras cosas. Por ejemplo, a dejar de preocuparme por el futuro, por 'hacer algo de provecho', por 'ser una persona de bien', etc."? Y, curiosamente, siguen siendo personas de provecho. Al menos un par de ELLAS, que encuentran trabajo y lo hacen bien. Una de ellas incluso, convaleciente de una cirugía de cadera.

A veces, durante "mis viajes" con mi infusión nocturna, mi mente se acelera y empieza a disertar. Le tengo que pedir que se calle, para poder dormir. Pero recuerdo algo de su "espích" de anoche: "todo lo que me está pasando, de alguna manera tiene que ser para mejorar. Es decir, o era una persona horrible y, al quitarme de la cabeza casi absolutamente todo, he tenido que concentrarme en, al menos, ser mejor persona, mejor madre, mejor amiga, mejor esposa. O todo esto está evitando alguna catástrofe horrorosa de la que nunca me voy a enterar". Y cosas por el estilo. El ser humano casi siempre está buscando una explicación para todo lo que ocurre. Muchas veces no la hay y de ahí las religiones. Yo me reafirmo en mi ateísmo por muchas razones que no vienen a cuento, pero a la vez me gusta creer en un equilibrio de causa y efecto, en una armonía universal que rige ciertos eventos que, en principio, parecen azarosos y aleatorios.

No me gusta pensar en un "Dios" que "pone pruebas o te pone a prueba". De hecho, eso me encabrona. Para qué chingados nos está "probando" todo el tiempo? No tiene nada mejor qué hacer? Tele, libros, aprender a tocar el piano, yo qué sé? Pero sí me gusta pensar que todo tiene una explicación, aunque pocas veces la encontremos. Eso me tranquiliza, me relaja y me da esperanza. Esperanza en que, de alguna manera, también tengo el poder de mejorar mi vida, aunque sea a través del pensamiento. Quizá no tenga el poder de cambiar todo lo que le está pasando a mi cuerpo, pero sí está en mi mano el llevarlo mejor o peor y esa es mi lucha diaria. Llevarlo mejor y ser una mejor persona para que, a pesar de ser un bulto, quienes viven conmigo tengan ganas de seguir estando conmigo y sigan pasando un rato agradable, aunque trabajen más y se esfuercen al máximo todo el tiempo, para hacer todo lo que me toca hacer a mí y no puedo.

En fin. Intento quitarme estrés de encima, porque dicen que eso me hará mejorar. Así que he intentado dejar de pensar en todas las cosas que me agobian y me preocupan, y centrarme más en el placer, ya que de todos modos he de estar acostada la mayor parte del tiempo, postura que, por otra parte, es casi "natural en mí". =P

Intentaré, en futuras ocasiones, dejar preparada mi herramienta para conservar mis disertaciones infusionezcas, a ver si sale algo interesante. No prometo publicarlas porque igual y son basura, pero quién sabe... =)

domingo, 26 de enero de 2014

Esto ya es de risa

Llevo desde el viernes sin tomar NINGUNA DROGA, a causa de un catarro (y de que he estado razonablemente bien, catarro aparte). Si puedo hacerlo, evito tomar cualquier tipo de droga durante los catarros, porque me duran menos, aunque sean peores de soportar. Cabe destacar que esta temporada en ese sentido me ha ido bastante bien, teniendo en cuenta lo largo y molesto que es el invierno aquí, que este año decidí no vacunarme contra la gripe y que, debido al esfuerzo requerido para sentarme, también estoy comiendo menos.

Ayer ya estaba bastante mejor del catarro. Parece que fue uno leve. Y hoy, al despertar, antes siquiera de abrir los ojos, todo me empieza a dar vueltas. VÉRTIGO!!! Ach!!!

Me dio por primera vez cuando estaba embarazada de Ale y me acojoné. Me volvió a dar alguna vez después de que nació. Y hoy. Justo empiezo a estar medio bien de todo lo demás, me limpio de drogas un par de días y me aparece otra chorrada. De verdad...

Una chorrada que no va a ningún lado, que no me mata, pero que tampoco me deja hacer nada, porque la sensación de movimiento es constante y está yendo a peor. Todo da vueltas y tienes miedo de hacer el menor movimiento con la cabeza. Encima que yo soy de náusea fácil ante las vueltas (de niña me bajaban vomitando de la rueda de la fortuna) y siempre he evitado todas las atracciones que se limitan a dar vueltas.

En fin. Mi huesero tenía razón: el Válium me tenía hecha una piltrafilla emocional. Desde que lo dejé soy otra persona. Creo que me sigue doliendo lo mismo, pero lo llevo mejor. Aunque estos días sí que he tenido alguna mejoría. Pero también me lo tomo con calma. No me quiero venir abajo con la siguiente recaída. Prefiero estar preparada y tomármelo como algo "natural", parte del proceso, e intentar ser más paciente.

Llevaba toda la temporada navideña empeñada con un juego de buscar cosas y, cuando terminó "la carrera" la verdad lo agradecí. Ahora llevo desde el viernes con el empeño de terminar, por fin, de leer Apocalipsis, de Stephen King. Mi Kindle marcaba poco más de 30 horas de lectura. Hacía mucho que no leía un libro tan largo. Encima, parece que ésta es una versión en la que míster King se dio vuelo agregando todo lo que le dio la gana. Es decir, una versión posterior a la original publicada por su editorial y en la que le obligaron a recortar mucho "porque era demasiado largo". La verdad es que alguna cosilla yo sí le cortaba. Hubo alguna parte en la que me pasó un poco como aquel pasaje del Quijote en el que se avienta una disertación eterna sobre la espada y la palabra que, si bien puede ser valiosa culturalmente y como parte de la obra, no aporta nada a la historia y lo que deseas es que el señor termine de disertar de una puñetera vez.

Y esto me lleva a los libros que más tiempo me ha costado leer:
1. El Quijote: dos años. Leía un capítulo por noche, más o menos, combinándolo con alguna otra lectura ligera, para no hartarme. Y que no se malinterprete. Es una gran obra y me siento orgullosa y afortunada de haberla leído, pero es pesado.
2. Cien años de Soledad: algunos meses. Este libro es más llevadero, pero llega un momento en el que, literalmente, te da vértigo (=P) porque como son varias generaciones y todos los personajes se llaman igual ya no sabes quién es quién y sigues leyendo un poco por inercia...
3. Noticias del Imperio: algunos meses. Éste lo disfruté más, aunque también requiere uso fuerte de CPU pero, en mi opinión, es más disfrutable que los anteriores. Quizá también porque tengo más cosas en común con esta historia y porque, tras bambalinas, te ilustra uno de los más grandes personajes de la historia de México como un ente un poco genio y simpático a la vez, cosa que nunca verás en los libros de texto ni en ningún punto de tu educación acerca de Benito Juárez. Yo creo que es una obra muy útil si te quieres ver un poco más "la foto completa" de una parte concreta de la historia de México.

Y ahora que me he dado el lujo de desviarme un poco de todo mi historial médico chorra, me voy a vestir, que vamos al servicio médico, a ver si me recetan algo que me ayude a dejar de sentir movimiento involuntario. =P

viernes, 17 de enero de 2014

Experimento con plantitas: Día 1

Consultando con quien me trata de mis males, me preguntó lo que tomo y, como es de confianza, le incluí mi incursión en el uso de la María como analgésico. Y me dijo que mejor esta plantita que el Valium para dormir, porque a la larga el Valium puede causar depresión. Cuando le comenté que hace años que dejé de fumar y que, por lo tanto, el regusto que se me queda al fumar la susodicha planta me desagrada, me recomendó que la consuma en forma de infusión. Así que anoche calculé lo que aproximadamente se quemaría en un par de caladitas de pipa y agregué una ración normal de una mezcla de Valeriana y otras porquerías para inducir el sueño que compré en La Casa del Té (o sea, todo plantas inocuas y legales), más que nada para que tuviera algo de sabor normal. Me dijo que tardaría un poco más que fumada en hacerme efecto, y yo le dije que quizá igual que tomarse una pastilla.
Pues no. Aunque sea ingerido en infusión, a los pocos minutos de empezar a tomarme mi té me empecé a llenar de paz y se me empezaron a ir TODOS los dolores. Son pocos minutos los que me dura esta anestesia, pero suficientes para recordar lo que es la AUSENCIA TOTAL DE DOLOR y cargar un poco las pilas. Fue lo único que tomé para dormir. Tuve que recurrir también a mi Ipod, porque cenando vimos The Big Bang Theory y se me quedó pegada la cancioncita de la presentación y no me dejaba dormir. Pero después de escuchar 3 ó 4 canciones de las mías consideré que ya estaba suficientemente relajada, así que paré el Ipod y me quité los audífonos. Y me dormí. Increíble!!! Sin más trámite!!!
Tuve algunos cortes de sueño durante la madrugada, pero fueron breves. Soñé con mi abuela, como estaba en "sus buenos tiempos": rellenita, con su cabello teñido de negro y su habitual energía y sentido del humor. Había "llegado de visita", aunque yo "sabía" que la había mandado mi madre para que me ayudara con todo esto. Y dentro del sueño recordé "vagamente" que ya había muerto, pero como la estaba viendo ahí, me dije: "Ah, pos igual y me equivoqué, porque aquí está. Qué bien!".
La verdad es que, aunque sea en sueños, sienta bien estar un poco con la gente querida, especialmente con aquella que ya no está disponible. La noche anterior soñé con dos amigas con las que fui compañera en la primaria y con las cuales retomé contacto vía Facebook hace cosa de un año, y no nos hemos visto en persona desde que éramos niñas, pero hay muy buen rollo con ellas por escrito en los diversos medios que existen para comunicarse de esa manera. Y, aunque el sueño con ellas fue un poco extraño, también lo pasé bien. Para mí cuenta como "una salida". Y luego, al comentarlo con ambas, nos reímos un poco del asunto, así que algo más que buenas sensaciones me aportó el sueño.
Hoy amanecí hasta contenta. Me desperté media hora antes de que sonara mi despertador (cosa sumamente inusual en mí. Yo despierta y con ganas de levantarme a las 6:45 de la madrugada!!! Pero dónde se ha visto semejante despropósito!!!) y aproveché para bañarme y arreglarme un poquito. Ale también se levantó temprano, así que pude sumar a mi buen estado de ánimo mi "terapia musical".
Esta terapia la descubrí de una manera un tanto inusual: el miércoles Ale se levantó roñoso, MUY roñoso, y se pasó llorando casi todo el tiempo que pasó entre que lo vestí y nos fuimos al cole. Y como yo no tengo energías para soportar tanta roñitud, ni ánimo para escuchar tanto llanto, agarré mi Ipod y me puse a escuchar buena música mientras mi niño daba su concierto. Lo siento por los vecinos, pero no me iba a poner a discutir con él, porque en mi experiencia no sirve de nada. Así que le preparé el desayuno toda contenta y hasta bailando mientras él berreaba tirado en el suelo del pasillo.
Cuando terminó de desayunar y que ya se había calmado, porque me senté con él y le puse lo que yo estaba oyendo en una bocinita que tenemos, le di las gracias por el descubrimiento que me acababa de regalar: LA MÚSICA.
Y desde entonces me abrazo a ella como a un clavo ardiendo. Hoy que fui al súper, aprovechando que a mi teléfono nuevo le aguanta muy bien la batería y además tengo una de repuesto, me pasé toda la compra oyendo música. Una maravilla, de verdad! Me dolían los pies, un poco la espalda y llevaba una taza de esas térmicas llena de leche, porque también empecé hace un par de días con dolor de úlcera o esofaguitis (o lo que seą) y como la leche lo aplaca, pues voy dando traguitos. Así que, con los mismos dolores, pero con mejor ánimo gracias a la música y a haber descansado en condiciones, el trabajo fue menos duro.
Una aclaración: que quede constancia que aquí no se critica a nadie que consuma drogas, pero tampoco estoy alentando al uso de las mismas, legales o ilegales. Sigo convencida de que lo mejor es meterle las menos porquerías posibles al cuerpo y, si yo he empezado a tratarme con plantas alternativas, ha sido por desesperación y porque poco tengo ya qué perder. Que nadie me culpe de que yo he recomendado nada, porque no es así. Al menos no es esa mi intención. Sólo estoy comentando mi experiencia. Pero tal como están las cosas últimamente, hay que poner instrucciones para todo y, como dice mi marido:"no introducir por vía rectal". =P
Estoy llevando el día con la misma cantidad de analgésicos, pero he eliminado del tratamiento los antiinflamatorios, sobre todo por el dolor de estómago. Y estoy llevando el día con mucha mejor cara y ánimo que ayer. Un día a la vez y el de hoy ha sido mucho mejor. Mañana ya veremos. Disfruto el ahora, que suele durar poco. =)

jueves, 16 de enero de 2014

Welcome to the pain



El nombre de este blog está basado en la "filosofía de los que acuden a AA" (aclaremos que yo no he estado en ninguna reunión de esas. Lo sé por las películas. Y no, no soy alcohólica, aunque la mayoría de los alcohólicos lo nieguen, como los masones... Tampoco soy masona ¬¬ -Tengo entendido que los masones no aceptan ateos, cosa que sí soy-). Y está en inglés porque en español como que no me termina de cuadrar. O, al menos no me parece una frase de uso común en nuestro idioma: "Un día a la vez".

En principio, la función de este blog es terapéutica (para mí). O sea, que si te aburre, te parece absurdo o cualquier otro defecto que le encuentres, muy bien. Pero limítate a no aparecer más por aquí. No voy en busca de miles de visitas, ni en convertirme en "viral", ni en aportar nada nuevo al mundo del dolor, la recuperación y la superación de las enfermedades. Voy en busca de salir del agujero en el que me ha metido mi cuerpo. Y es por eso que he puesto claramente al principio que no admito críticas. Porque, aunque vengan de desconocidos, las críticas me suelen afectar. Por eso mismo, he dejado la publicación de comentarios bajo moderación. Serán bienvenidos todos aquellos que carezcan de mala leche y críticas, aunque contengan opiniones contrarias a las mías. No tenemos que estar todos de acuerdo. Con apoyarnos unos a otros ya es suficiente.

Y ahora, para el que siga interesado en este relato, paso a describir mi historia con el dolor. Desde el principio.

La menstruación me vino a los 12 años. Y a los 13, un año después, empecé con dismenorrea (cólicos o dolores menstruales). Esos los he tenido casi todos los meses desde entonces, excepto en un par de temporadas: 6 meses que estuve en tratamiento y casi 4 años (todo mi embarazo + 3 años posteriores). Cabe decir que tengo 40 años, con lo que mi historia con este dolor en particular es bastante larga. Posteriormente empecé con un dolor de espalda que conseguí hacer desaparecer con las recomendaciones del médico de evitar actividades de alto impacto para la columna vertebral: correr, tirarme a las piscinas, saltar, montar a caballo, etc. Tampoco es que fuera un gran sacrificio, ya que más bien soy alérgica al deporte y al reloj, como Joaquín Sabina.

En el año 2003, empecé con dolor de pies, concretamente de talones. En 2004 me operaron de fascitis plantar, porque ya no podía ni caminar del sofá al baño o a la cama. Me costó 6 meses recuperarme y, aunque hubo cierta mejoría, nunca volví a estar bien del todo. Más de hora y media caminando o de pie y lo pago caro, con dolor constante y fuerte en los pies el resto del día y todo el día siguiente.

Después empezó lo de la espalda, me parece que en 2006. Me tuvieron un año a inyecciones de vitamina B12 antes de que un médico suplente me mandara con un traumatólogo que me diagnosticó una hernia discal L5-S1. Escuela de espalda, un poco de terapia, una faja, antiinflamatorios, analgésicos y pa' casa. Funcionó durante un tiempo, con un promedio de 3 ó 4 crisis por año que me dejaban completamente paralizada durante 2 ó 3 días y con mucho dolor. Así me sobreviví hasta septiembre pasado, que me dio la última crisis de la que ya no he salido.

El posible origen de todo esto es una característica genética que tengo, conocida como "hiperlaxitud", que consiste en tener las articulaciones más blandas y débiles de lo habitual, con lo que se producen lesiones constantes por movimientos tontos, aunque es raro que lleguen a fracturas. Por ejemplo, me he torcido los tobillos MILES (no estoy exagerando. Empecé a torcérmelos de niña y todavía me pasa de vez en cuando) de veces, simplemente por pisar un desnivel tonto, o una piedra o un palito. Y la mayoría de las veces termino en el suelo. El efecto es como si al dar un paso, de pronto te desaparece una pierna. Te vas...

También me he lastimado un hombro, los pulgares al bajar los asientos del cine o del teatro, la muñeca derecha con varias tendinitis que finalmente me la han dejado "delicada" y hasta la quijada. Y, de vez en cuando, tengo algún dolor tonto en la rodilla, la cadera, el fémur, el codo, etc.

Con todo eso aprendí a vivir. Con lo que ya no estoy pudiendo es con el empeoramiento junto de la espalda y los pies. Los pies, aunque no los use, me duelen TODO EL TIEMPO, al grado de que me impiden dormir. Y la espalda también, aunque de esa descanso un poco acostada sobre un cojín eléctrico-caliente.

Llevo desde noviembre yendo con un quiropráctico. Al principio tuve una mejoría impresionante, pero de hace dos semanas para acá he empeorado mucho. Me duele también la cadera, tirón en una pierna o en la otra, dolor ininterrumpido en los pies.

No soy ninguna heroína. No estoy metida en una batalla campal contra el cáncer. No me estoy muriendo. Simplemente soy una mujer de 40 años, con ganas de hacer muchas cosas, encerrada en un cuerpo tortuoso y torturado. Y es aquí en donde entra "la parte mental del asunto". Tengo muchas cosas de las cuáles disfrutar: un marido estupendo, un niño de 3 años y medio que es de lo más simpático, una situación económica decente (sobre todo teniendo en cuenta la crisis económica actual), muchos juguetes a mi alcance (Lap top, tablet, smartphone, Wii, PSP, Kindle, Nintendo DS, TV de pago) y sólo puedo disfrutar de algunos de mis juguetes. La vida de mi familia se va pasando conmigo metida en la cama o en el sofá, intentando alejar mi mente del dolor perpetuo. 

Vivo atiborrada de drogas, analgésicos, antiinflamatorios, protectores gástricos, etc., y, por lo tanto, medio atontada muchas veces. Salir se ha convertido en un lujo para el que tengo que prepararme como si fuera a correr un maratón. Lo único que hago, porque nadie más puede hacerlo, es llevar y recoger a mi niño del cole. Antes cocinaba muy bien y ahora el simple hecho de sentarme a comer ya implica un gran esfuerzo, con lo que me he visto obligada a dejar al niño en el comedor del colegio (afortunada que soy de que ofrezcan ese servicio).

Mi desesperación ha llegado al extremo de probar incluso con cierta hierba prohibida en la mayoría de los países y resulta que, sorprendentemente, me quita todos los dolores. La pega es que no me gusta consumirla durante el día, porque me lo paso dormida. Y también, que conseguirla entraña ciertas dificultades, sobre todo cuando todo tu círculo social está basado en gente "sana" que no consume ninguna de esas cosas y ya ni tabaco.

El aseo se ha convertido también en un lujo. Me cuesta mucho esfuerzo, así que también está racionado. He dejado de maquillarme y hasta decidí dejar de teñirme el cabello. Pero esto último lo consulté con mi marido y él se ofreció a aprender a teñírmelo (lo de ir a la peluquería a soplar más de 40 euros cada 3 semanas no me hace feliz).

Esta semana hablé con mi "huesero" (o sea, el quiropráctico) y me informó que las recaídas son normales, que de una situación como la mía se tarda en salir -yo tampoco esperaba resultados sorprendentes e inmediatos, sobre todo teniendo en cuenta que llevo muchos años con este tema y llegué desesperada- y que afectan mucho o "entorpecen" la recuperación el estrés, la mala alimentación, etc.

No voy a estar estresada de cojones cuando yo no hago nada más que levantar al niño y hacerle de chófer para que vaya al colegio, mientras mi marido va a trabajar, al súper, pone lavadoras, se encarga de la comida, recoge la cocina, baña y acuesta al niño, etc. Me alimento de puta madre, sobre todo desde que dejé de cocinar a finales de septiembre, cuando me declaré en huelga y dije que no podía más, que no me movía más, y "que Dios le jale y nos vamos todos de una vez" (frase de la película "Sólo con tu pareja").

Pero bueno, dado que no me voy a morir y que, en teoría, me queda la mitad de mi vida por delante, algo he de hacer para salir de esta mierda de agujero en el que he caído. En general, me distraigo los días con un juego del tablet que me pone retos, e intento pensar en una posible recuperación y todo lo que me gustaría hacer cuando ésta llegue. También intento evitar pensar en mi futuro a corto plazo, porque eso me estresa más. Estoy, otra vez, en lo que yo llamo un "periodo de stand by", en el que no puedes hacer nada, no puedes hacer planes y tampoco te puedes hacer a la idea de nada porque "tu situación es temporal". Y, cómo chingados se adapta uno a algo así?

Es por eso que, como los alcohólicos, One Day at a Time.